«Todo lo que soy, y espero ser, se lo debo a mi madre»
(Abraham Lincoln, décimo sexto presidente de Estados Unidos)
“Las madres son como pegamento. Incluso cuando no las ves, siguen sosteniendo a la familia”
(Susan Gale, escritora y maestra canadiense)
Adriana Núñez, periodista Visión CR
En este mes en que se celebra con gran entusiasmo el Día de las Madres, de manera totalmente fortuita encontré varios textos que durante algunos meses estuvieron en el cajón donde guardo “las cosas por leer”.

Posiblemente al igual que yo, muchos lectores han aprendido a asociar hechos, escritos, gentes y cosas con temas que tienen que ver con la estabilidad emocional, el saludable aprovechamiento de las experiencias de vida y la forma en que el aprendizaje individual puede convertirse en una herramienta eficaz a la hora de analizar la realidad circundante y buscar alternativas para solucionar aquello que nos esté perturbando.
Uno de los documentos que rescaté, elaborado por la Escuela Hellinger para explicar diversos roles relativos a las constelaciones familiares, se centra en la figura de la madre que en mi humilde opinión, abarca no sólo a la mujer que nos procreó sino también la tierra donde vivimos y de la cual obtenemos el sustento diario.
Y en estos momentos inseguros, turbios e ilógicos por los que atraviesa la sociedad costarricense -que para decirlo de la manera más transparente posible, padece de malnutrición física, mental y emocional, no cuenta con una orientación gubernamental adecuada y se siente aterrorizada ante el avance de la delincuencia organizada y del narcotráfico- pensar en la madre patria y en la madre biológica o de crianza, se vuelve indispensable, no sólo porque de ellas provienen los insumos que nos permiten subsistir sino porque ellas mismas han sido la piedra angular sobre la cual descansan nuestros principios y valores.
Según estudiosos de la personalidad, la figura materna es tan importante, que en períodos de incertidumbre -como ha sido desde el momento en que nacemos- nos sentimos impelidos a “tomarla como la fuente de nuestra vida con todo lo que fluye de ella hacia nosotros”
A partir de ese primer contacto, para los sicólogos y especialistas está claro que más adelante, aquellos que de esa manera logran asimilar completamente todo lo que ofrece su madre se vuelven exitosos y felices.

“Porque, así como alguien apoya a su madre, también apoya su vida y su profesión. En la medida en que rechaza a su madre, rechaza la vida, su trabajo y profesión” explica la escuela Hellinger, cuya tarea principal es la de brindar una capacitación integral y bien fundada, para llegar a ser un facilitador de Constelaciones Familiares.
“Los que tienen reservas sobre su madre también las tienen en contra de la vida y la felicidad. Así como la madre se retira del hijo como resultado de sus reservas y rechazo, así la vida se aleja de él y de su éxito.”
Madre y patria
Pero vayamos al grano: ¿Qué papel están jugando las madres en estos días aciagos de sicariato, vulnerabilidad económica, violencia y desánimo? Días que nos enturbian el ánimo y nos desarraigan…
Golpeadas por innumerables pérdidas, arrinconadas por gobiernos machistas aún en pleno siglo XXI, con raras excepciones alcanzan espacios que les permitan externar sus inquietudes y plantarse frente a la realidad circundante que a muchas, les está arrebatando a los hijos.
Mientras las ministras de gobierno se mantienen en la penumbra o vergonzosamente solo atienden las instrucciones del “amo”, al menos desde sus curules, unas pocas diputadas alzan la voz con preocupación. Pero sus esfuerzos aún no logran concatenarse sólidamente como un frente unido que clame por posicionar con valentía los grandes temas que la administración Chaves Robles está dejando de lado: mayores recursos para la educación, planes de estudio serios y congruentes con los valores costarricenses; inversión en nuevos y mejores servicios de salud y por supuesto, en los cuerpos de seguridad costarricenses.

La vocación de madre -independientemente de si se es trabajadora, ama de casa, soltera, casada o en unión de hecho- contiene en sí misma características comunes dignas de rescatar: valentía, entusiasmo, liderazgo, creatividad, altruismo, sentido de oportunidad, sentido de protección, defensa de sus seres queridos y sobre todo, fe y esperanza.
Es con esas aptitudes innatas con las que miles de madres han actuado y continúan acometiendo la formación de sus vástagos y al mismo tiempo, contribuyendo a fortalecer el tejido social de la nación. No obstante, entre ellas también existen aquellas en las que otras relaciones, planes y deseos prevalecen sobre sus responsabilidades maternas.
No obstante, al pensar en las primeras, nos preguntamos: ¿Por qué están ahora tan silenciosas, aún sabiendo que su rugido es mucho más fuerte que el de un jaguar? ¿Qué les impide manifestarse en defensa de sus hijos y de la nación que llamamos hogar?
Los movimientos de madres en el mundo han sido siempre pacíficos pero arrolladores. Han logrado transformaciones importantes incluso frente a las más sangrientas dictaduras. Vestidas de blanco, pero con fiereza en su mirada y convicción en sus reclamos, las madres a nada temen, excepto, en el mejor sentido de la palabra, a Dios.

¿Qué situaciones las impulsan a dejar sus labores para marchar o reunirse en vigilias profundamente poderosas? La defensa de la vida, de la cual son muestras fehacientes sus propios hijos…
Cuando las lágrimas, las súplicas y el clamor por justicia no son suficientes, deben ser las madres, las que trascendiendo el dolor, como lo han hecho en el parto, se eleven por encima del sufrimiento y se conviertan en piedra angular de la sociedad y en aguerridas defensoras de la gran madre patria, que nos cobija a todos.
Cuando sus voces se eleven, veremos renacer la Costa Rica de justicia y paz que todos ansiamos, donde la confianza, la seguridad y la prosperidad, se transformen de nuevo en realidades cotidianas.