Ufrán García, periodista.
Lo impensable sucedió en una tribuna allá por San Carlos: el presidente de la República, sí, así como lo leen, gritó a todo galillo que en Costa rige «una dictadura».

A partir de esa tajante afirmación que dejó perplejo al mundo, Rodrigo Chaves retorció y rebuscó palabras y verdades históricas, para finalmente culpar en primer lugar a veteranos jeracas del Partido Liberación Nacional (PLN), y concretamente a los hermanos Óscar y Rodrigo Arias Sánchez, de ejercer ese régimen absolutista durante décadas.
Lo más intrigante de aquel temerario juicio para nuestra República es que lo emitió quien fue elegido presidente mediante el voto popular en las elecciones del 2022 en que venció precisamente al candidato del PLN, José María Figueres. ¿Acaso aquella fue una simple torpeza o ligereza de lengua del mandatario? Nada de eso. Chaves tiene todo estrictamente planeado y pone en práctica tácticas populistas harto conocidas para engatusar al electorado costarricense.
Él y su lugarteniente Pilar Cisneros recurren regularmente incluso a burdos conceptos hitlerianos en su propósito de envenenar el alma de los ticos contra su democracia. Fue Joseph Goebbels, ministro de propaganda nazi, quien dijo: «Una mentira repetida adecuadamente mil veces se convierte en verdad». Con la infame afirmación de que aquí impera una «dictadura» desde hace décadas, Chaves simplemente buscó y logró ponerla en boca de sus troles y fanáticos seguidores, para que la repitan una y otra vez.

Con eso también se aseguró que sus incondicionales seguidores esgriman tan insensato argumento cada vez que a él se le acuse de querer adueñarse del poder absoluto en Costa Rica por la misma vía que lo hizo su asesor Bukele en El Salvador.
Y uno esperaría que se traguen tan infame afirmación únicanente personas de bajo nivel educativo y la repitan también serviles por conveniencia, pero qué triste y decepcionante es comprobar que la adoptaron y defienden profesionales que peinan canas, quienes nacieron, crecieron, se educaron y forjaron una vida en el marco de paz y libertad que depara la democracia.

Es gente preparada que ni siquiera se preocupa por entender que el populista se aprovecha de debilidades de la democracia nunca para subsanarlas, sino para autoproclamarse inmaculado representante del pueblo y «enemigo de las élites contrarias a los intereses nacionales». Es, sencillamente, un embustero.
El apoyo irreflexivo a semejantes ejemplares lo que refleja es una profunda crisis educativa y, en ese contexto, un lamentable abandono de la educación cívica y el cultivo de valores.

Confío en que Costa Rica saldrá bien librada de esta terrible amenaza en los comicios del 1⁰ de febrero del 2026 y los ciudadanos aprenderemos la lección que nos dejó muy clara el maestro Joaquín García Monge desde 1921: «La libertad hay que conquistarla y reconquistarla, porque solo son esclavos los pueblos que se cansan de ser libres».
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