Cuando el miedo y la ignorancia se disfrazan de odio 

Cuando el miedo y la ignorancia se disfrazan de odio 

Jacques Sagot, pianista y escritor.

El miedo, la desconfianza, el prejuicio, el malaise con que Occidente mira al Islam tiene muy poco que ver con las masacres del 11 de setiembre de 2001, Charlie Hebdo, o Bataclan.  Ya lo veíamos con resquemor y aversión siglos antes de estas catástrofes.  Con respecto a la observancia de su religión, los musulmanes se encuentran aún en el estadio en que la cristiandad estuvo durante los tenebrosos siglos del Sagrado Oficio de la Santa Inquisición.  El Islam padece de rezagamiento histórico, eso es claro.

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Pero las cosas no son tan simples.  La verdad es que el Islam, con toda su radicalidad y fundamentalismo, se ha convertido en el Pepito Grillo de Occidente.  La voz de la mala conciencia, de la culpa, del remordimiento.  Porque del Islam podrá decirse lo que se quiera, salvo que no cultive la continuidad y la coherencia entre religión y vida.  Es una cultura congruente en los planos ideológico y existencial, y ya solo eso es digno de admiración.  Hablo del Islam ilustrado, no del Islam furibundo, petardero e intolerante.

En Occidente, tan orgulloso de su laicidad y de haber relegado al olvido las teocracias medievales, seguimos siendo mayoritariamente cristianos, pero lo somos de manera puramente nominal.  Es lo que dice un acta bautismal que hemos extraviado y que nunca nos importó un periquete.  Tenemos nuestra podrida cultura de la pornografía, la pedofilia, la prostitución, la explotación sexual de los menores de edad, la esclavitud sexual de las mujeres, los clubes de intercambio de parejas, los salones “de masajes”, los partouzes (el sexo grupal), el sadomasoquismo, el alcohol, las drogas, el trasiego de órganos, la promiscuidad, la trata de blancas, la megacorrupción política, el hedonismo desenfrenado, la obsesión por la gratificación carnal inmediata, el culto supersticioso del dios Deseo, la vulgaridad de la sociedad de consumo, la idolatría de la tecnología, la cosificación y el desmembramiento de la mujer, su reducción a ciertas partes “fetiches”, la luz verde para todas las prácticas sexuales que puedan ocurrírsenos, desde la zoofilia hasta la copulación con refrigeradoras u hornos de microondas, y una colección de parafilias cuya taxonomía alcanza ya 549 tipos bien determinados.  ¡Es simplemente atroz, lo que hemos hecho con nuestras mujeres, y con las nociones de sexualidad y erotismo!

El Islámismo será la mayor religión a fin de siglo, según estudio - .::Agencia IP::.

El ascetismo, el rigorismo, el fundamentalismo islámico es un recordatorio doloroso para Occidente.  El recordatorio de una sociedad que alguna vez vivió la religión, no solo disertó, predicó o jugueteó con ella.  El Islam es la religión vivida, la religión indisociable de la vida, la religión estructurante de la vida, la religión concebida como los filósofos de la Grecia clásica conceptualizaban la filosofía, o como il poverello Francisco de Asís experimentó el Evangelio: algo que se vive, que se practica, que se ensaya todos los días de la existencia, no mera letra muerta.

Pierre Hadot ha escrito un bellísimo libro (La filosofía como forma de vida), en el cual demuestra a qué punto la filosofía para los griegos de la era clásica era un modo de vida, un método de vida, un algoritmo de vida, una praxis vital, no una inmensa catedral hecha de complejísimos e interrelacionados conceptos.  La filosofía se vivía, era la sabiduría de la vida, por la vida y para la vida.  Más, mucho más que el mero conocimiento, la instrucción, la educación o la erudición.

Música y pensamiento - No te olvides de vivir, de Pierre Hadot - RTVE.es
Pierre Hadot.

Creo que, con respecto al Islam, Occidente vive acomplejado, secretamente sonrojado y envidioso de esa unidad entre fe y conducta que él ha perdido.  Esto se traduce en un odio profundo, una aversión a esa cultura que nos restriega en la cara nuestros dobles discursos, nuestra tartufesca gazmoñería, nuestra falsa fe, nuestra hipocresía, nuestra incoherencia ideológica-existencial (en la medida en que la religión es, también, una ideología).  Sí: el síndrome de Pepito Grillo.  Eso es lo que Occidente, el disoluto, el salaz, el permisivo, el autocomplaciente, el carnal, el concupiscente, el parafílico, el sadomasoquista, experimenta con respecto al Islam.  Lo vemos con una mezcla de terror, nostalgia, y admiración que jamás seríamos capaces de confesarnos a nosotros mismos.

Hablo, amigos y amigas, del Islam de Al-Farabi, Avicena, Averroes, Khalil Gibran, Omar Kayyham, Assia Djebar, Tahar Ben Jelloun, Leila Slimani, Kateb Yacine, Ahmadou Kourouma y mil otras plumas y espíritus egregios.  Me reservo para otro artículo la enumeración de los aportes que el mundo musulmán ha dado a las matemáticas, la música, la arquitectura, la escritura, la poesía, la danza, la gastronomía, la filosofía, la jardinería, la agricultura, en fin, a todas las ramas del saber y del quehacer humano.  La cultura musulmana es uno de los pilares de la civilización planetaria: la historia sería inconcebible sin ella: es crucial entender esto, a fin de justipeciarla en todo su valor.

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Khalil Gibrán.

Añadiré a esta lista a una persona muy cercana a mi corazón: la tunecina Christine Faval, quien fue mi farmaceuta y enfermera durante los ásperos siete años que viví en París: ella alivió mis dolores, atenuó mi soledad, me brindó auxilio y asistencia médica en horas de postración extrema: no puedo, de ninguna forma, dejar de citarla.  En mi vida, ella es uno de los rostros de la generosidad y de la dación.  Tenía una linda familia que también me acogía con la más magnánima hospitalidad, aún durante los austeros días del Ramadán.  Así que no crean ustedes, amigos y amigas, que estoy aquí proponiendo una apología de los degolladores, los lapidadores de mujeres y los bombarderos kamikaze.  Toda cultura, toda civilización, toda sociedad engendra elementos enfermos, y en este punto Occidente no tiene ciertamente nada que envidiarles a las más feroces comunidades del planeta.  Nuestra lista de psicópatas, genocidas y torturadores encabezaría cualquier ranking mundial.  Piénsenlo nomás, y después hablamos.

Sinc

En París tuve la ocasión privilegiada de relacionarme e interactuar con personas de las más variadas etnias y culturas.  Invariablemente, los musulmanes fueron los más generosos, cálidos, serviciales y nobles seres humanos con los que me crucé.  Sería infame de mi parte colgarles el sambenito de terroristas o fanáticos.  Lo mismo experimenté en Phoenix, Houston o México, que son las ciudades en las que he dejado los más extensos jirones de mi vida.

Denuncio y condeno el procedimiento criminológico y policial del profiling, que estudia sus rasgos raciales, su atuendo y su lenguaje para satanizarlos y perseguirlos indiscriminadamente.  Otra lindura que le debemos a los estadounidenses, los bullies del mundo entero.  Imposible no mencionar al siniestro “padre” de la moderna criminología, Cesare Lombroso.

Cesare Lombroso: il Museo di antropologia criminale intitolato al famoso criminologo | Scienze | Rai Scuola
Cesare Lombroso.

El interfecto era un frenólogo determinista y psicorrígido que estudiaba las peculiaridades morfológicas de los cráneos humanos, a fin de confirmar su teoría del “criminal innato”, es decir, del asesino cuya sanguinaria proclividad estaba ya escrita en sus genes.  Esta nociva práctica fue acogida por el fascismo, por Mussolini, por todos los teomaníacos que en algún momento alimentaron la insensatez de crear una “raza” humana superior a las demás.

Mi testimonio es muy diferente, y me da un inmenso gozo poder consignarlo.  El estigma que Occidente ha hecho recaer sobre el Islam es una imbecilidad y una perversidad sobradamente merecedora de figurar en la antología de las peores injusticias perpetradas por la criatura humana desde que, hace 300 000 años, diera sus primeros, vagarosos pasos por los caminos de la Tierra.

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Un comentario en «Cuando el miedo y la ignorancia se disfrazan de odio »

  1. Interesante el enfoque humano de su experiencia y conocimiento del Islan , de los Musulmanes. En oriente y occidente si pusieran a cumplir las enseñanzas del Evangelio de Jesús con su enseñanza Amor a Dios, al prójimo y a si mismo. No tendríamos seres indeseables que hacen daño a los demás o que se destruyen.

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