«La violencia crea más problemas sociales que los que resuelve» (Martin Luther King)
«La violencia es el último recurso del incompetente» (Isaac Asimov)
Adriana Núñez, periodista Visión CR
Mientras la Compañía Nacional de Fuerza y Luz (CNFL) -anticipando las celebraciones de independencia que se efectuarán en septiembre- desde esta semana comenzó a colocar rótulos luminosos con la forma del territorio nacional y el lema “paz”, nuestro país está sufriendo un estado de violencia y caos tan profundo, que no nos queda otro camino que seguir insistiendo en los factores que mas han incidido en la grave situación.
El panorama es realmente desalentador, dramático, y resulta abominable, que las autoridades y ciertos grupos de adeptos al gobierno, pretendan continuar desmintiendo la evidente realidad y saturando paredes y sitios de internet con su chocante propaganda. ¡Aterricen señores, que el problema se escapó de las manos!

Por ello, hoy vamos a citar nuevamente, las causas que consideramos más han repercutido en el giro que Costa Rica ha dado en los últimos 3 años y medio, pasando de un clima de relativa tranquilidad-a pesar de las investigaciones y críticas contundentes contra actos de corrupción y negligencia- a uno de total inoperancia, agresividad y muerte. Todos los elementos -como en un círculo inacabable- están concatenados.
Un pésimo gobierno
Entre esos factores, encabezando la lista, se encuentra la mala gestión de la administración Chaves Robles, que -pese al esfuerzo de los cuerpos policiales- no solo ha permitido el tremendo avance del narcotráfico, la inmigración ilegal y el abuso institucional, sino que también ha catapultado la violencia verbal, física y psicológica a extremos impensables. El mismo presidente, a través de sus enervantes alocuciones y posturas, en las que ha llegado incluso a arengar a las masas a sublevarse contra el Estado de Derecho, se ha constituido en el ejemplo más palpable de irrespeto, bastedad y belicosidad.
Poca vigilancia
En segundo lugar, como consecuencia de la ausencia de políticas claras y urgentes que permitan el fortalecimiento y ampliación de personal e insumos en materia de seguridad, en las calles y vías principales del país, raramente circulan radiopatrullas o motocicletas oficiales.

Y donde no hay vigilancia, los ladrones, agresores y sicarios, hacen fiesta. Paradójicamente, incluso donde la había -como sucedía en las costas- ahora la presencia policial se ha debilitado o enviado tierra adentro.
Mientras tanto, datos oficiales infieren que la nación podría enfrentar a fines de este año, una tasa de homicidios de alrededor de 900, lo cual convertiría al período 2025, en el más violento de la historia.
Por otra parte, de acuerdo con el Ministerio de Seguridad Pública, el país cuenta con apenas 15.600 policías activos.
Débil educación formal y moral
No menos importante, en tercer lugar, tenemos el desplome de la educación en general y particularmente en materia de ética y moral. Por ello cada vez son más las niñas, adolescentes y adultas jóvenes, que se venden al mejor postor, muchas veces con el visto bueno de familiares cercanos, que ven en nacionales o extranjeros -algunos casi ancianos pero con dinero- una “gallinita ponedora de huevos de oro”.
En 2022, hubo 25 asesinatos de féminas, luego subió a 31 en el 2023, mientras que el año anterior la cifra se ubicó en 30. Según el Instituto Nacional de las Mujeres (INAMU) en lo que va del 2025, se registra un femicidio cada 7 días.
Las infelices victimas yacen bajo la tierra, molidas a golpes o masacradas por sus parejas -o por los enemigos de éstas- al estar involucradas en disputas de índole sentimental, trata de personas, drogas o lavado de dinero.
Y mientras las estadísticas crecen, nadie se atreve a poner el dedo en la llaga y a enumerar cuántos de los asesinos provienen de bandas y carteles de drogas o de grupos de indocumentados, cuyas culturas no han superado el machismo exacerbado y en las que secuestrar o machetear a niñas son prácticas legendarias.
En 2023 Costa Rica registró un alarmante aumento del 142% en la cantidad de adolescentes de entre 15 y 17 años fuera del sistema educativo. Una tendencia que obviamente ha ido creciendo, pero que no se puede visibilizar en cifras pues en los últimos dos años el MEP no ha suministrado datos oficiales precisos.
Sin insumos educativos, pasan de las aulas a la calle, donde la supervivencia y la obtención del vil metal -a costa de lo que sea- es la única carta de presentación que importa, aunque se conozcan las consecuencias… El promedio de vida de un joven en riesgo social, especialmente si consume drogas, se reduce tanto que muchos apenas alcanzan los 25 años de edad. Este es el cuarto y no menos importante aspecto que deseamos destacar, un panorama que dista mucho del que la Costa Rica educada de siglos anteriores tenía y del cual nos jactábamos a nivel Centroamericano.
Basura mediática corrompe y enferma
Como cuarto elemento, incluimos en este repaso la pésima influencia de algunos medios de comunicación -entre los que se cuentan negocios espurios- donde laboran personas que no han alcanzado siquiera un título de bachilleres.

La cantidad de basura que difunden numerosos programas y publicaciones de dichos medios; los personajes ridículamente vulgares que en ellos participan; las chotas, incultura, groserías y conducta sexual que promueven; los detalles en los que ahondan, trascendiendo la línea de una comunicación asertiva y decente, no son más que dardos que envenenan el alma humana y que se cuelan con fuerza en la sociedad hasta posicionarse como “normales”.
Familias en crisis
Y finalmente, en quinto lugar, está la palpable desintegración familiar que aunque viene desde muy atrás, en años recientes ha alcanzado su máxima expresión, como consecuencia de distintos factores entre los que destaca la irresponsabilidad con la que algunos vadean su obligación parental. El número de hogares monoparentales ha aumentado notoriamente, con el consecuente estrés que ello implica para quien ostente la jefatura de la casa.

Los malos ejemplos generalmente comienzan desde el hogar, donde muchas veces, como resultado se denota la soledad y penurias en las que niños y niñas crecen, ayunos de alimento físico y espiritual, sin orientación ni guía. Porque hay numerosos progenitores que priorizan la satisfacción de sus necesidades sobre las de sus vástagos. La vida inconsciente, que promueve el egocentrismo, sin responsabilidades ni ataduras, está de moda.
A la fecha, las denuncias formales de maltrato o abandono de menores se acercan a la penosa cifra de 150.000 casos.
Las rutas principales están llenas de adultos -que acompañados por niños- venden porquerías plásticas o comidas de dudosa procedencia, exhiben sus problemas físicos y mentales o simplemente se abalanzan contra los vehículos para pedir dinero. Porque en la linda Costa Rica, cada quien hace lo que le viene en gana sin que nadie obligue al cumplimiento de las leyes que el país aprobó -concienzudamente- en procura de ambientes más pacíficos, sanos, limpios, respetuosos y ordenados.
Por todo lo anterior, urgen acciones contundentes que de inmediato deriven los recursos -humanos y materiales- hacia los aspectos más urgentes. Ya no hay tiempo para lamentaciones o excusas. Pero sabemos que el chavismo, en lo que le resta de gobierno, no hará nada al respecto.
Dudosas expectativas políticas
A este escenario nacional tan conflictivo, para colmo de males, podemos agregarle un capítulo aparte: flaco favor le ha hecho al país el desafortunado abanico político que se ha abierto en demasía y que incluye un gran número de partidos habilitados para contender en las elecciones nacionales que se verificarán el 1 de febrero de 2026.

Entre ellos, se inscribieron cinco agrupaciones de tendencia «chavista» o «rodriguista», es decir, afines al presidente Rodrigo Chaves, algo totalmente inusual en la política costarricense, donde normalmente no suele presentarse más de un partido por figura o tendencia política.
Si por la víspera se saca el día, podría seguir “lloviéndole tieso y parejo al país” si dichos grupos logran apropiarse de votos irreflexivos procedentes, entre otros, de personas recién naturalizadas o totalmente cegadas por las bravuconadas y falsedades esparcidas a lo largo de esta administración, por el mandatario, sus colaboradores y adeptos.
Por otra parte, lamentablemente, aunque han insistido en reformas y cambios, ni el Partido Liberación Nacional (PLN) ni el Partido Acción Ciudadana (PAC) o la Unidad Social Cristiana (PUSC) -que hasta el momento siguen siendo las agrupaciones que más votantes movilizan- han dado los giros de timón necesarios para limpiar sus filas de avariciosos, oportunistas o corruptos y más bien, especialmente el PLN y el PUSC, han debilitado parte de las premisas que les dieron brillo en el pasado, ante las presiones de grupúsculos totalmente ajenos a sus preceptos originales y en detrimento de sus grandes conquistas sociales.

Si antes de que termine el año, los candidatos principales no perfilan puntualmente los esquemas de gobernanza y distribución de recursos que Costa Rica necesita, ni se informa anticipadamente, la lista de nombres de funcionarios que desde distintas carteras y curules contribuirán con la eventual administración planteada por cada uno de ellos, las filas del abstencionismo serán enormes… Porque estamos en punto de quiebra y solo la información precisa y veraz, le permitirá al ciudadano definir su voto.
Con contadas excepciones, ante la carencia de liderazgo y de la adecuada formación ética y política, la oferta costarricense se ha vuelto un “barrial” aderezado con boñiga, en el que pululan incontables personajillos de mucha labia pero poca monta, cuyo único objetivo, desde sus improvisadas y endebles plataformas, es alcanzar el poder para beneficio propio y el de sus círculos inmediatos. Estamos ayunos de estadistas y visionarios.
Y pese a que unos pocos perfiles se han distanciado de la “correntada”, aún no escuchamos propuestas suficientemente coherentes que planteen -de forma clara y concisa- soluciones prácticas, viables e inmediatas a viejos y nuevos problemas que durante los últimos 3 años y medio, se han agravado a límites prácticamente inmanejables.
¡Esperemos en Dios que ocurra un milagro!