Federico Paredes, analista agroambiental.

La investigación realizada por los científicos de China aporta información valiosa para futuros desarrollos de la ingeniería genética especializada en la acción enzimática, un campo que busca mejorar y acelerar los procesos biológicos de degradación de estos residuos.
La adecuada gestión de residuos plásticos agrícolas representa un problema creciente en numerosos países. España, por ejemplo, utiliza grandes superficies de cobertura plástica en cultivos hortícolas y bajo invernadero.
Aunque existen varios programas de recolección y reciclaje, en el país ibérico, un porcentaje de estos materiales acaba deteriorándose y degradándose en el entorno.

Por lo tanto, cualquier avance que permita complementar las estrategias actuales de degradación del polietileno, resulta especialmente relevante. No tenemos que cantar victoria; los expertos nos advierten que todavía no existe una solución inmediata.
La bacteria descubierta (Bacillus PE4) no puede eliminar completamente los residuos plásticos ni está preparada para su aplicación masiva en todas las explotaciones agrícolas.
No obstante, proporciona una base científica sólida para desarrollar futuras tecnologías de biorremediación, capaces de disminuir la acumulación de plásticos persistentes en los suelos y en los sistemas de tratamiento de residuos.
En esta línea de pensamiento, durante los últimos años han aparecido investigaciones sobre hongos, bacterias, algas marinas e incluso insectos que son capaces de degradar determinados tipos de plástico.
Algunos grupos de científicos trabajan con ingeniería genética en la modificación de microorganismos para aumentar su eficiencia. Otros grupos investigan asociaciones microbianas, donde varias especies colaboran para descomponer materiales complejos de manera más rápida.

El descubrimiento de la cepa Bacillus PE4 aporta una ventaja interesante: procede de un entorno agrícola real, donde ya ha convivido durante años con los residuos que se pretende eliminar. ¿Adaptación? ¿Evolución?
Esto podría facilitar futuras aplicaciones en condiciones similares a las que existen fuera del laboratorio.
La acumulación de plásticos en los suelos agrícolas afecta a la estructura del terreno, altera la retención de agua y puede modificar la actividad de comunidades microbianas esenciales para la fertilidad.
La aparición de herramientas biológicas capaces de degradar parte de estos materiales podría ayudar, entre otras posibilidades, alas siguientes situaciones:
- Reducir la acumulación progresiva de microplásticos agrícolas.
- Mejorar el entorno ecológico de los suelos cultivados (microbiología del suelo).
- Reducir la necesidad de tratamientos físicos o químicos intensivos.
- Complementar adecuadamente, los sistemas de reciclaje convencionales.
- Reducir los riesgos de dispersión de partículas plásticas hacia ríos y acuíferos.
Aunque todavía queda mucho trabajo por delante, cada avance en este campo ciertamente representa un paso hacia modelos agrícolas más compatibles con los límites ecológicos del planeta. Hacia eso debemos de dirigirnos año con año.

El plástico en sí ha sido un gran aliado de la humanidad, pero debemos de tener cuidado con su disposición final. El reciclaje técnico, bien hecho asoma como la mejor forma de darle a éste, un final feliz.
Todos estamos involucrados en esta tarea y lo mejor es que ya tenemos buenos ejemplos de cómo aprovechar o reusar los plásticos de diferente naturaleza, unos para hacer obras de arte, otros para derivar material base para asfaltar carreteras, otros para aprovechar su reacción calórica y producir energía.
Lo que hagamos en esta dirección, nunca será suficiente, pero no debemos desmayar.