Chavistas, con estudios y sin estudios, con títulos y sin títulos: el Tribunal Supremo de Elecciones está en lo justo y correcto.
Se les hace ver el grave error en que están y no quieren entender. La paz y la libertad que gozamos es un privilegio y no por obra de la casualidad. Si no piensan en ustedes, pienses en sus nietos, bisnietos y tataranietos.

Ellos también merecen disfrutar lo que ustedes han tenido hasta el hartazgo. Algunos energúmenos no se limitan a defender a su «mesías», sino que amenazan con volverse revoltosos y hablan de hacer y deshacer. Hagan un alto, mediten por un momento. Ustedes se empeñan en convertir en realidad aquella definición de un mal negocio por nuestros viejos: «cambiar la mamá por una chancha».
Aquí no sabemos desde hace muchas décadas de sufrimientos colectivos causados por hermanos compatriotas violentos. Dejen de echar leña al fuego. Aquí impera la ley. Hay mucho por corregir, pero no será con matonadas que lo logremos.

¿Por qué no exigimos juntos mejor educación, por ejemplo? Eso sí sería causa justa. ¿Por qué no exigimos juntos mejor atención en salud? Creo que muchos han perdido el norte y se contagiaron de patanería. Preguntémonos por lo que realmente vale la pena. Dios quiera que piensen y dejen de expresarse como irracionales. Muchos no saben siquiera lo que es pasar una mala noche en el monte.
Dejen de decir tonterías y compórtense como ciudadanos responsables. Bastantes pueblos del mundo desean tener el sistema político que construyeron generaciones y generaciones de costarricenses. Dejemos que los procedimientos establecidos en la ley delimiten nuestros actos. Entendamos, por favor, que la paz, nuestra paz nacional, es un inmenso tesoro.

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