Cuando el poder confunde la crítica con el ataque

Cuando el poder confunde la crítica con el ataque

Álvaro Apéstegui Gurdián, creador digital.

Durante los últimos días, los costarricenses hemos sido testigos de un espectáculo que duele: un presidente enfrentado abiertamente con el Tribunal Supremo de Elecciones, una institución que —con errores o aciertos— ha sido garante de nuestra democracia por más de siete décadas.

Las palabras del mandatario de esta tarde no fueron una defensa institucional ni un gesto de serenidad política. Fueron un ataque personal, cargado de resentimiento y desprecio, hacia quienes ejercen un contrapeso legítimo en una república.

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No es la primera vez que el presidente Chaves utiliza el tono del agravio como instrumento político, pero sí es quizá la más preocupante. En su discurso no hubo argumentos, hubo descalificaciones; no hubo autocrítica, hubo soberbia; no hubo visión de país, hubo una obsesión con señalar enemigos.

Lo advertimos el viernes anterior, y hoy se confirma con dolorosa claridad: Rodrigo Chaves ha pasado del respeto al desencanto, y del desencanto al agravio.

Lo que antes fue una esperanza de cambio se ha convertido en un espectáculo de confrontación constante. Un presidente que pudo haber modernizado el Estado con firmeza técnica y altura moral, ha optado por dinamitar los puentes del diálogo.

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Su discurso de esta tarde no refleja fortaleza, sino inseguridad. No muestra liderazgo, sino el impulso de quien necesita reafirmarse atacando a los demás.

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