El secreto podría estar en la música que se escucha mientras se entrena

El secreto podría estar en la música que se escucha mientras se entrena

Sarah Romero, National Geographic.

 

Escuchar música con el tempo adecuado no solo reduce la percepción del esfuerzo, sino que optimiza el consumo de oxígeno y mejora tu rendimiento físico.

Póngase en esta situación: usted lleva veinte minutos corriendo, sus pulmones exigen un respiro, sus piernas le pesan y su cerebro ha empezado a enviar una señal que te dice que pare; que ya es suficiente. Está a punto de rendirse, pero, de repente, el algoritmo de su aplicación de música obra su magia y empieza a sonar su canción favorita. Y, como si le acabaran de dar una bebida energética, su respiración se acompasa y sigue adelante. Es pura neurociencia.

Investigadores de todo el mundo llevan estudiando desde hace décadas cómo los estímulos auditivos alteran nuestra fisiología. Y han llegado a la conclusión de que correr al ritmo de la música representa una de las herramientas ergogénicas (es decir, que mejoran el rendimiento) más potentes y accesibles que tenemos a nuestra disposición.

 

correr1

El dopaje legal y sonoro

En uno de esos múltiples estudios respaldados por la Asociación Británica de Ciencias del Deporte y el Ejercicio (BASES), el investigador Costas Karageorghis de la Universidad de Brunel en Londres y su equipo dejaron claro que la música tiene efectos psicofísicos innegables.

No se trata solo de que la música nos ponga de buen humor; las investigaciones demuestran que escuchar melodías adecuadas durante el ejercicio reduce significativamente la Tasa de Esfuerzo Percibido (RPE, por sus siglas en inglés).

Neurociencia y deporte: cómo el cerebro maximiza el rendimiento

En otras palabras: tu cuerpo está trabajando al máximo, pero tu cerebro cree que estás dando un paseo por el parque. La música actúa como un «secuestrador» de la atención, ahogando las señales de fatiga que tus músculos envían a tu materia gris.

La magia neuroquímica de los 120 a 140 latidos por minuto

Pero no sirve cualquier tipo de música para este fin. Ponerte una balada melancólica o un solo de jazz o de blues relajante mientras intentas batir tu récord personal en la cinta de correr no te ayudará. Este tipo de música te hará un flaco favor porque el secreto reside en los beats per minute (BPM) o golpes por minuto.

 

Entrenar con tu música favorita puede elevar la resistencia

 

Tal y como señalan los expertos, el «punto dulce» para los corredores se sitúa en la franja de los 120 a 140 BPM. Cuando los corredores escuchan música en este tempo, ocurren tres fenómenos fisiológicos: primero, utilizan menos oxígeno para realizar el mismo esfuerzo; segundo, se sienten notablemente menos fatigados y, paradójicamente como tercero, se mueven más rápido que aquellos que corren en silencio.

Es eficiencia biomecánica pura. Las canciones estimulantes (aquellas que superan los 130 bpm) aumentan nuestra excitación psicológica, preparándonos para el esfuerzo físico intenso y mejorando nuestra fuerza de agarre y resistencia muscular.

Uno de los efectos más sorprendentes de la música en el ejercicio es lo que los científicos llaman «sincronización rítmica». Sin que tomes la decisión consciente de hacerlo, tu cerebro ajusta tu zancada al compás de la música. Tu cuerpo se «bloquea» en el ritmo. Este acoplamiento auditivo-motor no es algo baladí. Al sincronizar nuestros movimientos con un ritmo externo constante, nuestros músculos trabajan de manera más coordinada y fluida; se eliminan los microajustes torpes e ineficientes que solemos hacer cuando estamos cansados. De hecho, esta capacidad de la música para mejorar la coordinación motora es tan potente que se utiliza en terapias de rehabilitación para pacientes con accidentes cerebrovasculares o enfermedad de párkinson, ayudándoles a recuperar la simetría y la longitud de sus pasos.

El secuestro de la fatiga: engañando al cerebro

El mecanismo subyacente a todo esto es la disociación. Cuando el ejercicio es de intensidad baja o moderada, la música inunda nuestro canal auditivo y compite por la atención de nuestro cerebro.

 

correr2

 

Como el sistema nervioso tiene una capacidad limitada para procesar estímulos, la música literalmente «ahoga» la señal que dice «abandona». Sin embargo, este efecto pierde eficacia cuando llegamos a intensidades extremas (por encima del 80% de nuestra capacidad máxima). En ese punto, el dolor y la falta de oxígeno son tan agudos que ninguna canción puede ocultarlos. Aún así, incluso en esos momentos, la música sigue actuando como un exultante motivador emocional.

En síntesis: escuchar música preferida puede aumentar la velocidad y la distancia recorrida, y reducir la percepción del esfuerzo. Es decir, puede hacer que el entrenamiento se sienta más llevadero y motivador.

Pero, mucho ojo: Correr escuchando música presenta principalmente el peligro de aislarse del entorno,  lo que reduce la capacidad de reaccionar ante ruidos clave como vehículos, bicicletas o alertas en la calle.

Visitado 17 veces, 1 visita(s) hoy

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *