Johann Fernández Jiménez, cirujano oftalmólogo y corredor.
Hace un rato salí a correr.
Quienes entrenamos para un evento conocemos bien esa ilusión de prepararnos, superar nuestros propios límites y demostrarle cada día a la persona del espejo que todavía puede avanzar un poco más.
Todo parece marchar a lo más y mejor hasta que, de repente, ¡zas!, aparece una lesión.
Ese fue mi caso.
Después de varios días de dolor, analgésicos e inyecciones, he tenido que aceptar que probablemente no podré correr la distancia ni afrontar el evento como había soñado.
Sin embargo, quienes estamos metidos en este
mundo siempre guardamos la pequeña esperanza de un
milagro, de un alineamiento planetario o algún efluvio de
lo alto que nos redima y nos conceda, incluso sin
merecerlas, las condiciones necesarias para intentarlo una vez más.
Y hoy recibí un pequeño regalo.
Salí con cautela. Primero caminé y después comencé a correr. Me sentía bien. No sabía cuánto duraría, pero en
ese momento era suficiente, estaba otra vez haciendo algo que amo. En el camino pasé cerca de un muchacho y lo escuché decirme: —¡Corra papá , va ganando!
Al principio me decepcioné un poco. Pensé que me quizás me veía cansado, lento o derrotado. Pero unos segundos después comprendí que aquel muchacho tenía razón, sí, voy ganando.
Voy ganando porque no estoy sentado en un sillón lamentándome. Voy ganando porque no consumo drogas ni abuso del licor. Porque procuro cuidarme y he elegido disfrutar la vida de esta manera. No porque mi forma de hacerlo sea mejor que la de los demás, sino porque esta es la mía.

A mí me gusta hacer ejercicio y durante varios días no pude hacerlo. Así como duele no poder disfrutar aquello
que nos gusta, a mí me dolía no poder correr.
Por eso, lo de hoy no fue simplemente un entrenamiento. Fue un destello de vida, un pequeño regalo, la oportunidad de volver a sentir, aunque fuera por unos minutos, que mi cuerpo todavía podía llevarme hacia adelante.
Quizás no gané una carrera. Quizás ni siquiera podré completar la distancia que había imaginado. Pero hoy
entendí que no todas las victorias esperan al otro lado de una meta. Algunas ocurren cuando volvemos a
levantarnos, cuando damos un paso después de haber creído que no podríamos hacerlo.
Por eso quiero repetir aquella frase: Corra papá . Corra mamá. Corra abuelo, abuela, tío, tía, esposo, esposa, novio, novia. Corra quien sea, conocido o desconocido.

Y si lo suyo no es correr, camine, pedalee, nade, baile o muévase de la manera que le haga feliz.
Mientras esté haciendo algo que ama, cuidándose, levantándose y eligiendo la vida, siga adelante.
Aunque no lo parezca, va ganando!
La vida es una carrera, que muchas veces se corta por tropiezos, para medir nuestro deseo real de alcanzar el objetivo. .. . Aquel que se queda sentado, el otro que apenas camina, son seres que se levantan cansados por la falta de interés para lograr el éxito. TAF
La vida es una carrera, que muchas veces se corta por tropiezos, para medir nuestro deseo real de alcanzar el objetivo. .. . Aquel que se queda sentado, el otro que apenas camina, son seres que se levantan cansados por la falta de interés para lograr el éxito. TAF