Erwin Wino Knohr*, Revista Visión CR.

Ser aficionado al futbol es como ser un fumador que, durante muchos años, se aferró a los cigarrillos sabiendo que son un veneno.
Un fumador cuando deja el tabaco, se convierte en un exfumador el resto de su vida, y puede, si se descuida, un día sin darse cuenta ponerse un cigarrillo en los labios y sufrir una recaída.
Así pasa con el futbol cuando se pierde el interés en este deporte. Pueden pasar meses y hasta años sin olvidar ese vicio por las emociones y sentimientos que produce.
Pero un día, un amigo le habla de futbol y siente otra vez la necesidad de leer los periódicos, las redes sociales y mirar por TV los partidos.
El futbol es un vicio difícil de erradicar, y por eso el masoquismo es seguir deleitándose con la decadencia en que cayó nuestro futbol.
Ver los pleitos por televisión entre jugadores recordando rencillas añejas. Presenciar las bravuras de los entrenadores quebrando puertas de vidrio en un vestuario. Culpar los errores del VAR, que por cierto aciertan en pocas jugadas, y hasta escuchar en las conferencias de prensa, después de un partido, a un director técnico hablando sobre las frecuencias de radio, de los buenos y los malos, son solo algunas historias mágicas fuera de lo que sucede en la cancha.

Cualquier día a los entrenadores le preguntarán sobre cómo se confeccionan los tamales navideños, o cuál es la mejor forma de colocarse un preservativo, y ellos, contestarán como expertos dominantes del tema.
El vicio del futbol es como jurar dejar de fumar, pero guardando una cajetilla en la gaveta de la cómoda del dormitorio.
Este vicio regresó en la afición después de los tres días de escándalo por la eliminación de la Selección, y los bochinches volvieron al campeonato nacional. El tema del momento, aparte de lo que lo hace folclórico, es sobre cuál equipo, a falta de dos jornadas, clasificará a las semifinales.
Herediano, que se agarra como un mono en los ventoleros de diciembre, no ganó un punto cuando enfrentó a Saprissa, a pesar de las manos de mantequilla de Esteban Alvarado, sino que perdió dos en su pelea por meterse entre los cuatro mejores.

Este equipo de Santa Bárbara es el más presionado. Debe ganar sus dos últimos partidos frente a San Carlos, uno de los cuatro clubs piñata de este campeonato (Guadalupe, San Carlos, Sporting y Puntarenas, que luchan por ser el menos malo) y ganarle a PZ. Además esperar que Liberia se dispare en el pie cuando necesita un punto más para asegurarse llegar a las semifinales.
Por otro lado, Alajuelense está muy cómodo en la punta con cuatro puntos sobre Saprissa, pero tiene un calendario distorsionado con la final frente al Xelajú de Guatemala. Además la lesión de su portero Washington Ortega tiene a este equipo en vilo.
Sin embargo, la presión es su principal rival a vencer. Durante las series finales del campeonato nacional, el fantasma de la incredulidad, la duda y el miedo lo acecha cada vez que llega a estas instancias.

El arroz casi está cocinado con un desenlace inesperado para Herediano, que por sus desaciertos en este torneo, se le puede quemar en la olla este cereal.
De clasificar Liberia, y menos posibilidades PZ, los liberianos serían la gran sorpresa y Cartaginés por muchos años, al fin, no cometió ninguna cartagada y se clasificó sin mayor congoja.
* El autor tiene una Maestría en Comunicación. Licenciatura en Periodismo y Educación Física. Además es entrenador de Futbol y Baloncesto.
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