¡Feliz Día de San Valentín!

¡Feliz Día de San Valentín!

“Ven a dormir conmigo: no haremos el amor, él nos lo hará”

(Julio Cortázar, escritor)

“Ámame sin preguntas, que yo te amaré sin respuestas”

(Autor desconocido)

Adriana Núñez, periodista Visión CR

El Día de San Valentín -como se denominaba hace varios lustros la festividad anual para celebrar al amor de pareja y a los enamorados- nació en la Roma del siglo III, en honor de un sacerdote que desafió al emperador Claudio II, al casar a los jóvenes en secreto, ya que el regente de la época prohibía esos matrimonios, con la finalidad de contar con soldados “sin lazos familiares”. Consideraba que así sentían menos temor o nostalgia por los que quedaban atrás y que por ello, actuaban de forma más aguerrida. Por realizar esas uniones, Valentín fue ejecutado el 14 de febrero del año 270.

En la actualidad, la conmemoración -que como muchas otras, por desgracia se estimula principalmente por fines meramente comerciales- se ha ampliado a otros tipos de amor, como el que se profesa a los amigos, amigas, familiares, etc. transformándose en consecuencia, en el “Día del amor y la amistad” que hoy, precisamente, muchos festejan a través de cenas, fiestas, actividades laborales e incluso mediante el intercambio de mensajes y regalos.

Pero lo cierto es que el origen del singular evento, nació del amor romántico entre un hombre y una mujer, intercambio que se oficializaba mediante una unión sagrada. Hoy, vamos a ahondar en el impacto que conlleva experimentar ese tipo de sentimientos.

No somos la mitad de nadie

De acuerdo con la especialista Ana Fernández, Licenciada en Psicología por la Universidad Autónoma de Barcelona, Psicoterapeuta integrativa especializada en trauma, apego y terapia sexual y de pareja, existen algunas creencias en cuanto a lo que las relaciones sentimentales implican, que se han ido desmitificando a través del tiempo.

Entre ellas, “la creencia de que somos seres incompletos que vamos por la vida buscando a nuestra otra mitad para que nos complete. Que solo hallaremos la felicidad y la plenitud en el amor, cuando encontremos a esa persona que tenemos predestinada, que encaja con nosotros a la perfección y que es la única elección posible”.

“Y yo me pregunto -señala Fernández- ¿es posible ser la mitad de uno mismo?” Obviamente que no.

Amarse y amar a los demás tal y como son

Lo cierto es que para muchas personas, el miedo a no ser aceptados y amados tal y como son, se diluye un poco “ante la esperanza o la certeza de que hay alguien por ahí que ha sido especialmente hecho para cada quien”.

Por ello es importante -especialmente cuando los adolescentes y jóvenes inician esas etapas en las que comienzan a experimentar el enamoramiento de manera más profunda, brindarles con claridad, algunas explicaciones para que no caigan en el error de sacrificar sus propias personalidades o disimular sus verdaderos sentimientos, gustos y espacios, en aras de conseguir esa ansiada relación “perfecta”.

“Si nos engañamos pensando que el objeto de nuestro amor, es nuestra media naranja, y que por ello debemos formar una única unidad, esta concepción nos puede llevar a una tolerancia excesiva y a amoldarnos en exceso con tal de coincidir en valores, deseos, pensamientos, etc. Incluso en algunos casos, las personas parecen esperar una conexión tan profunda, que más bien sus relaciones bordean la lectura mental y emocional, con la consecuente falta de comunicación que esto implica.”

Los valores y metas en común contribuyen a fortalecer los nexos entre dos personas que se aman

Por otro lado, a pesar de lo anterior, no se trata de evitar o desechar el valor de la atracción instantánea o de la poderosa afinidad que pueda existir entre dos personas desde el momento en que se conocen -lo que muchos llaman “el flechazo”- pues esa química inicial “facilita el comienzo de una relación” aunque no es la única forma de establecer nexos satisfactorios.

“No siempre se necesita de una coincidencia apasionada o de un enamoramiento fortuito y podríamos perdernos relaciones fructíferas si caemos bajo el influjo de esa superstición” señala la psicoterapeuta, quien es enfática al subrayar que “tampoco debemos creer que no tenemos ningún poder sobre este proceso o sobre nuestros sentimientos amorosos, porque todo está escrito y en manos del destino.”

Al contrario, si dejamos de lado la independencia emocional el riesgo de dejarse llevar por “historias que no hacen ningún bien a quien las vive” puede traer consecuencias nefastas.

En realidad, como lo han expuesto innumerables estudios y sondeos de pareja, más allá de los citados “flechazos”, existen pilares importantes para lograr relaciones duraderas, entre los que se citan: comunicación abierta, confianza, respeto mutuo, compromiso compartido, intimidad emocional y física; aspectos que requieren de trabajo diario, empatía y la capacidad de adaptarse en el tiempo a los cambios individuales para mantener una conexión sana y sólida.

Finalmente, con las mejores intenciones, en este Día del Amor y la Amistad, compartimos algunos elementos puntuales que -en la mayoría de los casos exitosos de uniones fuertes y duraderas- juegan un papel fundamental. Entre ellos:

La afinidad, que implica compartir valores y proyectos de vida similares.

Admiración mutua, que es la capacidad de reconocer y valorar las cualidades de la pareja.

Adicionalmente, resulta fundamental gestionar los conflictos de manera constructiva. Es decir, enfrentar los desacuerdos buscando soluciones conjuntas, en lugar de ganar en las discusiones.

Cultivar estos aspectos con dedicación es muy importante para construir vínculos duraderos. Recordemos que el amor descansa sobre tres pilares esenciales: la pasión, la intimidad y el compromiso. En cada uno de ellos hay que invertir, como cuando se pule y se cuida un tesoro.

¡Feliz Día de San Valentín!

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