Impacto ambiental del Mundial

Impacto ambiental del Mundial

Federico Paredes, analista agroambiental.

 

No cabe duda de que el campeonato mundial de futbol captura la atención de una gran parte de la población mundial.

Es un encuentro deportivo de grueso calibre, que no deja de llamar la atención de jóvenes y viejos, de pobres y ricos, de profesionales y de iletrados, de hombres y de mujeres.

Si bien es cierto que lo que cuenta en estas justas, son los goles, igualmente se analiza el desempeño de los jugadores: delanteros, defensas, directores técnicos, jueces, porteros, laterales y zagueros. Será un deporte, pero hay mucho que estudiar en este tipo de encuentros mundiales.

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Pocas personas se detienen a pensar en cuánto será el impacto ambiental que genera esta actividad, cuál su huella de carbono, cuánta la cantidad de residuos sólidos dentro y fuera de los estadios… y un largo etcétera.

Hinchas de la tierra del Sol Naciente nos han dado, sin proponérselo, una tremenda lección de urbanidad, de decencia y de conciencia ambiental, desde hace unos cuantos mundiales de futbol, ingresando a esos templos del deporte, con bolsas plásticas azules para recoger la infinita cantidad de desechos dejados debajo o al lado de los asientos, luego del respectivo encuentro.

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Acostumbrados a ser ciudadanos de uno de los países más limpio del mundo, los japoneses se han constituido en una especie de paradigma de lo que debe ser la conducta de aficionados o espectadores de estas actividades futbolísticas.

Latas de refrescos o de cerveza, envases de tetrabrik, bolsas de polietileno, restos de comidas y, nombre usted otras más, forman parte de ese panorama de contaminación sólida a la que se enfrentan los nipones que, sin protestar, ayudan de forma ostensible a dejar esos recintos en mejor forma de como lo encontraron.

¿Cultura? ¿Educación? ¿Amor por la belleza? Diríamos más bien que de conciencia o de sensibilidad, ya que esa misma actitud la reproducen en un parque urbano, en un área protegida, en una carretera o en un parque de diversiones.

Puede ser una imagen de fútbol y texto

Es decir, no importa el entorno, lo que importa es no dejar la huella negativa de la suciedad y el desorden en los lugares en que estemos.

Poco nos ponemos a pensar en nuestra conducta dentro de nuestras casas. ¿Cómo somos en el hogar? ¿Botamos la basura en cualquier cuarto o corredor?Es muy seguro que no.

O planteémoslo de otra forma; apliquemos la conducta que tenemos en nuestras casas, cuando estamos fuera de éstas.

El hecho de que en las ciudades japonesas no existan basureros en las calles, hace que los habitantes mismos se hayan acostumbrado a llevar los desechos a sus casas. El gran problema se presenta cuando la persona ha comido -digamos- un helado que se va derritiendo y le ensucia sus manos o tiene que disponer del envoltorio de ese helado, lleno de caldo azucarado o dela misma paleta que sostiene ese “gelato”.

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Algo similar ocurre cuando se está consumiendo alguna fruta que destila su jugo: sandía, melón o algún cítrico. ¿Y qué hacemos con las cáscaras?

Existe la sana costumbre de muchos dueños de autos que colocan convenientemente una bolsa para poner residuos, cuando se está viajando en el carro; algo similar se podría incorporar cuando se camina consumiendo algo que luego requerirá de algún recipiente para disponer de los eventuales desechos, esto es, contar con una bolsita plástica para ese fin.

En resumen, los japoneses nos han dado una tremenda lección (a toda la humanidad), recolectando residuos que aficionados irresponsables han dejado al finalizar el partido que fueron a presenciar.

Pero no solo ahí ocurre este despropósito, lo vemos en las mismas salas de cine, donde el Homo contaminantis deja tras de sí, toda una estela de vasos de cartón, canastas de palomitas de maíz, sujetadores de vasos o de servilletas usadas. Todo un cuadro de desidia, falta de conciencia y amor por la suciedad.

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Pero podemos cambiar de forma individual y colectiva…el entorno, la vida silvestre y la belleza nos lo agradecerán. ¡Sí se puede!

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