Mario Rodríguez, abogado y comunicador.
Se ha preguntado el amigo lector ¿qué pasaría si usted desapareciera voluntariamente un tiempo? Quizás, esperaría ser buscado, ser extrañado, ya sea por sus amigos o sus familiares, y ello, probablemente, le haría sentirse bien, como parte del ego que todos tenemos.

En Japón hay un fenómeno muy normal, y que lleva a las personas a desaparecer de forma voluntaria (https://www.abc.es/xlsemanal/a-fondo/johatsu-desaparecidos-japon-evaporados.html), el cual es conocido como Johatsu(evaporarse), en donde estudios han evidenciado que 100 mil ciudadanos desaparecen cada año, por muchas razones, ya que, la sociedad nipona es muy exigente, por ende, situaciones como deudas, problemas legales, depresiones, perder el trabajo o fracasos matrimoniales los llevan literalmente a desaparecer -sin previo aviso-.
Todo ello, deja una estela de dolor, angustia y sufrimiento en las familias, quienes desesperados llegan hasta a contratar detectives que les ayuden en la búsqueda.

Los evaporados, en su afán de lograr su objetivo, cambian de nombre, dejan atrás el uso de tarjetas, y así eliminar cualquier rastro para ser localizados, eliminando también toda comunicación con sus seres queridos. Sin duda, se convierte en una crueldad para la familia, la cual ante la incertidumbre se imagina los peores escenarios.
Claramente, estamos en presencia de personas de todas las edades, pero, ante una sociedad con estándares tan exigentes de vida, en donde ingresar a la mejor universidad, obtener un trabajo con salarios altos, así como conseguir una pareja, lleva principalmente a los jóvenes a decidir esfumarse de su entorno.
Además, el Johatsu no viene solo, sino de la mano de otra tragedia, cual es el aumento de suicidios, en donde Japón ocupa el quinto lugar a nivel mundial, con una tasa de 15, 4 por cada cien mil habitantes (2024).

Es más, año tras año, decenas de personas se quitaron la vida en el bosque Aokigahara, en la base noroccidental del emblemático Monte Fuji, lo cual, incluso, ha llevado a crear películas que narran lo sucedido en dicho emblemático y terrorífico lugar.
Finalmente, el desaparecer voluntariamente, en búsqueda de lograr un nuevo inicio, también implica riesgos, pues, estas personas son tratadas como parias, y, se les considera inútiles y fracasados, justamente por no haber sido capaces de enfrentar sus problemas, aunado a que, se pueden ver involucrados en actividades ilícitas, al ser reclutados por la mafia japonesa, conocida como los Yakuza, quien ven en ellos, el caldo de cultivo ideal para reclutar miembros a los cuales se les pagará en efectivo.
En el mismo orden de ideas, pero cambiando de país, la semana pasada la sociedad española se vio conmocionada por un tétrico descubrimiento, pues, los vecinos del barrio de la Fuensanta, en Valencia se enteraron de la muerte de Antonio, un adulto mayor de 86 años, el cual tenían 15 años sin ver, sí, así como lo lee… De hecho, fue la noticia del día en España, cubriendo los titulares, y sobresaliendo en las diversas ediciones de Radio Televisión Española (https://elpais.com/espana/comunidad-valenciana/2025-10-13/la-vida-secreta-de-antonio-el-jubilado-que-permanecio-15-anos-muerto-en-casa.html).

Este suceso, puede bien ser catalogado como la cara más cruel de la soledad, y deja al descubierto lo que millones de adultos mayores viven en cada rincón del orbe. Lo más inverosímil, fue la forma como los vecinos se enteraron del deceso de Antonio, y que, fue una fuga de agua la que expuso el cuerpo, generando un olor que llamó la atención de los residentes del edificio, quienes de inmediato llamaron a las autoridades, descubriendo el macabro hallazgo.
Una serie de situaciones, conjugadas con la indiferencia de sus vecinos, provocaron que su muerte pasara desapercibida por 15 años, por ejemplo, seguía llegando el dinero de la pensión, y el cobro automático de la luz y el agua, no generó sospechas, aunado al hecho de que nadie lo echó de menos, demostrando la indiferencia que en no pocos casos como sociedad mostramos ante los adultos mayores.
Para finalizar, algunos de sus vecinos recuerdan que hacía 30 años había dejado a su esposa y dos hijos, por ende, había perdido todo contacto con estos. Esta noticia generó un importante debate, y sin duda debe ser así, debiendo generar una profunda reflexión en torno a lo que estamos dejando de hacer con los adultos mayores, y lo que, nos espera a los que vamos hacia allá. ¿Acaso el mismo trato que recibió Antonio? Quizás no.

Ahora bien, la otra cara de la moneda es el Hospicio Appleby Blue (https://www.bbc.com/mundo/articles/cx204x81gqpo), en Inglaterra, el cual ofrece a precios “módicos” para adultos mayores la oportunidad de vivir en un complejo que cuenta con 59 habitaciones, el cual incluye jardín, un patio y una cocina comunitaria, permitiendo la tan importante interacción entre los residentes, constituyéndose en un patrón ambicioso de vivienda social para personas mayores, y con la finalidad de combatir la soledad.
Este proyecto obtuvo el premio anual Stirling, otorgado por el Real Instituto de Arquitectos Británicos, y si bien, es propio de países con un alto grado de desarrollo humano, no deja de ser un excelente concepto, el cual es merecedor de ser replicado, al dejar de lado la idea de los tradicionales hogares de ancianos.