La dimensión correcta en la política exterior.

La dimensión correcta en la política exterior.

Carlos Manuel Echeverría Esquivel, exembajador en El Salvador, exviceministro de OFIPLAN.

Escribo este artículo porque como servidor público de larga data, con un importante sesgo internacional (viceministro de planificación, Universidad para la Paz, como asistente del presidente; Fedepricap como D.E.; en el Ministerio de Relaciones Exteriores como director de política exterior y de cooperación técnica, así como embajador; en OEA como asesor del secretario general adjunto y en la SG SICA como asesor del Secretario General), tengo mi propia visión.

Creo que si algo aprendí en ese recorrido es a ser pragmático sin quebrarse por supuesto y es lo que quiero transmitir aquí, en relación con la participación de Costa Rica en el llamado Escudo de las Américas.

Me ha parecido bien que mucho intelectual y personas de bien se hayan manifestado, algunos con gran propiedad, sobre la necesidad de prevenir cambios en nuestro país contrarios a nuestra idiosincrasia, los fundamentales reflejados en nuestra constitución.

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Hay buenas razones para manifestarse, por lo impredecible y controversial desde el punto de vista de los temas que nos preocupan, de quien lidera la iniciativa. Uno podría decir que hubiera sido mejor que Costa Rica no se metiera en este asunto. Sin embargo, debemos admitir que eso no era posible. No me cabe en la cabeza el que Costa Rica no sea parte de esa iniciativa, en la que participan los países de centro derecha y derecha del Hemisferio. Digamos que nosotros nos balanceamos entre el centro derecha y la derecha.

No es concebible que la más duradera y resiliente democracia de América Latina, fuera a rechazar la invitación y entrar en contradicción con el país con el que hemos fraguado nuestro modelo de desarrollo; guste o no, lo hemos fraguado y la estrategia viene desde hace años y gobiernos. O uno está o no está. Y en este caso, Costa Rica tiene que estar. Más cuando por una desavenencia de peso, le imponen al país aranceles quebradores.

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Imaginemos las consecuencias de ellos sobre el empleo en zonas francas y su efecto multiplicador, en la agricultura de exportación, el turismo, en el modelo de consumo…un desastre. No es posible separar, por lo menos en la coyuntura actual, una cosa de las otras. Realismo y estómago, más que otra cosa. Duele decirlo, pero así es.

Por otro lado, la idea de la “paz por la vía dela fuerza” hay que matizarla, como ya lo hemos hecho en otros foros. Tal es el caso de la comisión de seguridad en el marco del SICA, en la que ni Panamá ni Costa Rica tienen ejército y en el caso de Costa Rica hay otras razones que han bloqueado su adhesión total.  Se matizó cuando la invasión pacificadora en la República Dominicana, que salió muy bien por cierto, donde Costa Rica mandó efectivos civiles que cocinaron para los militares. Ya me imagino la ricura de casados y gallo pinto con huevo que “se jalaban”.

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Ciertamente, el objetivo central que se persigue, solo entiende por la fuerza y es vital extirparlo. Pero esa idea también se puede matizar y al hacerlo Costa Rica hasta le puede hacer un favor al grupo. Alcanzar lo que en irenología (el estudio de la paz, Irene = paz) se denomina paz negativa, el “extirpar el cáncer”, metafóricamente hablando, es insuficiente para lograr una paz duradera, que es lo que se anhela.

La paz no se impone, la paz se construye. De la paz negativa, creando posibilidades y oportunidades para el desarrollo, sostenible por definición, individuales y sociales, es que se avanza hacia la paz positiva. Costa Rica tiene suficientes atestados para influir en ese sentido, inclusive ante el liderazgo.

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En todo caso, partamos de la idea de que nuestros gobernantes están comprometidos con las bases de nuestro modelo de desarrollo y conscientes de las líneas rojas incluidas en nuestra Constitución no deben traspasarse. De allí tendrán que “agarrarse”, para no meter al país “en camisa de once varas”. Colaboremos, manteniéndonos “rezándole al santo, sin atenernos”, pero de buena fe y sin caer en politiquería, que por el momento no debería estar presente. El tema es delicado.

 

 

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