A pesar de su falta de experiencia, e incluso de zapatillas para correr, Ramabai Ranveer ganó su primera carrera en agosto, corriendo descalza hasta la meta.
La participación de esta madre viuda de 47 años en una carrera de 3 kilómetros en India estuvo motivada por los gastos de la educación superior de su hija.
Ella dijo estar «muy contenta» de poder destinar su premio de US$31 a la compra de libros y material escolar.

En India, los extraordinarios esfuerzos de Ramabai para conseguir una suma de dinero tan pequeña, en comparación con el costo de una carrera universitaria, causaron gran revuelo.
Las protestas en materia de educación han sacudido al país durante gran parte del año, mientras un movimiento juvenil satírico da rienda suelta a las frustraciones de una generación desilusionada.
Y con un 29,1%, la tasa de desempleo entre los graduados es nueve veces mayor que la de quienes nunca asistieron a la universidad.
Mientras la ira estudiantil se enmarca en una ola de reclamos económicos más amplios, la noticia de la hazaña de Ramabai cautiva a las redes sociales y a los principales diarios del país.

Para algunos, su logro personifica el sacrificio de una madre y hasta dónde están dispuestos a llegar los padres para sacar a sus hijos de la pobreza.
Para otros, resume la podredumbre que impregna el sistema educativo de la India y la inutilidad de creer que puede servir como un vehículo para la movilidad social.
«¿Es un momento de gloria o de vergüenza para nosotros como sociedad?», publicó la usuaria de redes sociales Shoma Sarkar debajo de un video de la carrera.
Premio en efectivo
Ramabai se enteró de la competición gracias a su hija mayor, Pooja, de 22 años.
«Mi hija vino a verme temprano por la mañana y me dijo: ‘Mamá, quiero participar en una carrera'», cuenta a la BBC desde su casa en Maharashtra.
«Le pregunté dónde era y me dijo que cerca. Me comentó que si ganaba el premio, le ayudaría con sus estudios»,
«Mi hija menor vive en otra ciudad. No podía darle dinero para comprar libros, y por eso no me habló por teléfono durante ocho días. Así que decidí que tenía que correr y ganar la carrera.»
«Mi único deseo era ganar este premio».

Ramabai estaba tan decidida que incluso cuando sus zapatillas empezaron a resbalarse durante la carrera, simplemente se las quitó, se acomodó el sari y siguió corriendo.
Sin ninguna limitación, logró aventajar al resto de las competidoras en su grupo de edad, de 30 a 60 años, arrebatándoles la victoria.
Su hija Pooja también se llevó a casa un premio de US$20 tras quedar segunda en su categoría de edad y describió a su madre como «valiente».
Ramabai se hizo cargo del hogar en 2012, tras la muerte de su esposo.
«Hice cualquier trabajo que pude encontrar», declaró a la BBC.
«Recogía soja y garbanzos en los campos de otras personas. También recolectaba cúrcuma, la cocinaba y la vendía.»
Y habiendo abandonado ella misma la escuela a los 13 años, Ramabai estaba decidida a que sus hijas llegaran más lejos.

«Creo que mientras esté viva, debo hacer todo lo posible para darles a mis hijas una buena educación.»
Tanto Pooja como su hermana, Arati, están intentando superar las pruebas de acceso a empleos en el Estado.
Pooja se está preparando para el reclutamiento policial en la academia donde su mamá trabaja como cocinera. Arati, estudiante de Informática en la Universidad, se está preparando para los prestigiosos exámenes de la función pública.