Juan Ramón Rojas, escritor y periodista.
La pugna abierta públicamente entre Laura Fernández y Pilar Cisneros, está girando a favor de la ahora precandidata del chavismo, quien se aligeró a formalizar su aspiración presidencial antes de que la vocera del oficialismo se le adelantara y nombrara, a dedo, al candidato de su preferencia.

Como gallo tapado, se hablaba de un médico ultraconservador e incluso del señor de las escobas. No pudo. Se le atravesó la ex ministra de la presidencia y la dejó muy debilitada en su poder de decisión todopoderosa, como lo venía haciendo desde que hace casi cuatro años.
Juan Diego Castro, desahuciado, terminó haciendo casa aparte. Se conformaría con llegar a Cuesta de Moras con sus escobas, con un partido desconocido, si es que los votos le alcanzan.
Cisneros, derrotada por Fernández, que no le perdona su pasado cercano a Óscar Arias y al PLN, ahora anuncia que se distancia de la campaña del Partido Pueblo Soberano: abandona el cargo de estratega política y encargada de comunicación de la campaña.
Es decir, nada menos, que iba estar al servicio de Fernández, la nueva estrella de la resquebrajada coalición, encabezada por la ex ministra. Se quedará con la diputación y vocera del original chavismo. Coincide con la renuncia de lo que quedaba del gabinete original Rodrigo Chaves.

Con las últimas dimisiones, prácticamente da por terminado su gobierno, casi nueve meses antes del 8 de mayo. Un gobierno muy pobre en realizaciones y abundante en propaganda y exabruptos.
Se limitó a terminar algunas obras que venían de anteriores administraciones: los hospitales de Turrialba y Puntarenas, la carretera de Circunvalación, la ampliación del ingreso a Cartago y la Ruta 32.
Paralizó obras fundamentales como la construcción de los hospitales de Cartago y Limón, la ampliación de la vía a San Ramón y el tramo entre Barranca y Limonal (Ruta 1), que estaban en marcha. A esto se suma la negociación para la ampliación urgente de la Ruta 27.
Pasará a la historia por sus berrinches, pero nada más.