Pedro Alberto Soto, jubilado.

Me da pena lo que hace un sector de la iglesia evangélica costarricense, socio incondicional del grupo que hoy nos gobierna.
Chaves, la principal cara visible de ese grupo, representa valores muy diferentes a los principios y valores cristianos.
Tiene varias familias, hijos fuera de su relación oficial. Es un tipo que se cree superior y desprecia a los demás, promueve el odio y la confrontación, insulta y se burla de sus adversarios. Es vulgar.

Ha sido señalado por acosar e intentar mantener relaciones impropias con compañeras de trabajo en el Banco Mundial. Su opción preferencial no son las personas y grupos vulnerables. Por el contrario, los manipula y utiliza con poses y juegos de palabras.
Este sector de la iglesia es políticamente de derecha. Decidió traficar votos a cambio de puestos, nombramientos y respaldo para su agenda conservadora. Sus líderes son Mercaderes de la fe.
El fenómeno no es exclusivamente local. Se presenta en muchas naciones. Respaldan el terrorismo y el genocidio israelí, están contra la ampliación de derechos para mujeres, migrantes, gente LGTB+, movimientos sociales e identitarios, simpatizan con los movimientos de supremacía étnica. Son fanáticos de la prosperidad.
A ellos les recuerdo: “¿No es más bien el ayuno que yo escogí, desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, y dejar ir libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo? ¿No es que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres errantes albergues en casa; que cuando veas al desnudo, lo cubras, y no te escondas de tu hermano?” (Isaías 58, fragmento).
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