Óscar Álvarez, politólogo y analista internacional.

El gobierno del presidente Trump conversa permanentemente con los mandatarios de Israel, Turquía, Egipto, Pakistán, Catar y Arabia Saudita, entre otros, para encontrar una salida negociada y pacífica al conflicto con un buen acuerdo sobre los temas nucleares.
Incluso durante su reciente visita a Nueva Delhi y al Taj Majal en la India, el Secretario de Estado Marco Rubio se ocupa de las negociaciones con el gobierno de Teherán, mientras el presidente Trump se reúne con su gabinete de seguridad en la Casa Blanca.

Las conversaciones se concentran sobre todo en dos puntos: la apertura y la libre navegación en el Estrecho de Ormuz y el acuerdo sobre el enriquecimiento de uranio y los temas nucleares.
Los estados nucleares en el mundo actualmente son 9: Estados Unidos, Rusia, China, Reino Unido, Francia, India, Pakistán y Corea del Norte. Israel es el noveno, aunque no declarado oficialmente.
La Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA), desde las Naciones Unidas mantiene un estricto seguimiento sobre las actividades nucleares de Irán, actor geopolítico que se podría convertir en el décimo estado nuclear del planeta.

Aunque el gobierno de Teherán y sus aliados y amigos de los BRICS insisten en que jamás les ha pasado por la mente en Irán convertirse en una potencia nuclear. A quién le creemos? A Trump, a la OIEA o al gobierno de los ayatolas en Irán?
El punto más crítico para la economía global sigue siendo el Estrecho de Ormuz, controlado por el gobierno de Irán, que se ha convertido en un punto de estrangulamiento del comercio internacional y la economía mundial.
Por dicho Estrecho pasa cerca del 20% del petróleo mundial, principalmente hacia destinos de Asia y de Europa.
El impacto es diferente según el país es exportador o importador de petróleo y gas natural.
Entre las secuelas económicas de la guerra en Medio Oriente se pueden señalar las alzas en los precios del petróleo, del gas natural, de los fertilizantes y de algunos alimentos. Y las expectativas de inflación y la volatilidad en las bolsas de valores también hacia el alza.
El encarecimiento de la energía ha obligado a organismos como el Fondo Monetario Internacional (FMI) a ajustar alza las proyecciones de inflación global (estaría en torno al 4,4% para este año) y recortar las expectativas de crecimiento económico mundial al 3,1%. Es decir que los fríos pronósticos son de más inflación y menos crecimiento para el año 2026.

Como es habitual en tiempos de alta incertidumbre geopolítica los mercados financieros globales han reaccionado durante los últimos meses con una mayor volatilidad.
Por el momento no hay guerra pero tampoco paz en el Medio Oriente y la incertidumbre continúa.