Óscar Álvarez, politólogo y analista internacional.

Sí. El mandatario Daniel Ortega, a sus 80 años de edad, anunció públicamente que en Nicaragua «no volverá a haber elecciones», en una de las declaraciones más trascendentales de su permanencia en el poder. Es decir que prohibió las elecciones y se proclamó dictador vitalicio.
El anuncio fue realizado el 19 de julio pasado durante el acto del 47.º aniversario de la Revolución Sandinista y representa una ruptura explícita con los principios de soberanía popular, el derecho humano a elegir y ser electo, las elecciones libres y la alternancia democrática.
Se dice que en política no hay sorpresas, solamente sorprendidos. Yo personalmente no me encuentro entre los sorprendidos con las declaraciones del copresidente Daniel Ortega. Aunque si he podido comprobar que para algunos políticos nacionales las declaraciones han constituido toda una sorpresa y rápidamente han salido a condenar la declaración y a dejar claro que no están de acuerdo ni con las palabras del gobernante de Nicaragua ni con su régimen.
Nosotros habíamos descubierto que en el vecino país del norte existía un régimen autoritario y no democrático hace muchos, pero muchos años. Incluso desde el mismo año de la llamada Revolución Sandinista en 1979 eran públicas y notorias las tendencias hacia el predominio y hegemonía de las fuerzas del llamado Frente Sandinista de Liberación Nacional, con clara orientación y rumbo autoritario.

Aunque también tomábamos nota de los esfuerzos nobles y bien intencionados que realizaban los sectores democráticos de la revolución para impedir y o rechazar el desenlace totalitario final.
Pero como ya ha sucedido muchas veces los totalitarios utilizan y se comen en el camino a los moderados. Los bolcheviques se comen a los mencheviques y luego los stalinistas devoran a todos sus adversarios.
Nunca olvidaré mi experiencia profesional en Nicaragua cuando el CAPEL del Instituto Interamericano de Derechos Humanos (IIDH) me envió como consultor a las elecciones de 1996 y de esa consultoría salió mi libro “Informe sobre la situación política de Nicaragua”, publicado en 1996, es decir hace 30 años.
Por supuesto allí se alertaba sobre el rumbo autoritario. Pero según las declaraciones del copresidente vitalicio Ortega, ya no habrá más elecciones y entonces tampoco será necesario enviar consultores internacionales para observar y analizar las elecciones en el hermano país del norte.

De manera que está reconociendo que de realizarse las elecciones en Nicaragua, por cierto programadas para el año 2027, el las perdería. Y eso que controla al Consejo Supremo Electoral y a todos los organismos que organizan los comicios. Es decir que ya ni siquiera confía en las posibilidades de victoria en unas elecciones amañadas como las que se han venido realizando en Venezuela.
Las principales implicaciones de este anuncio son:
- Constituye el reconocimiento explícito y público de la cancelación de todo tipo de elecciones en Nicaragua.
- Consolida el modelo de concentración de poder dinástico, militar y ahora vitalicio que Ortega y su esposa y copresidenta, Rosario Murillo, han venido fortaleciendo mediante reformas constitucionales y el control de todas las instituciones del Estado. Aclarando que ya los hijos vienen en la línea de sucesión.
- Avanza un paso más hacia la consolidación de un sistema de partido único, como el de Cuba, con el Frente Sandinista de Liberación Nacional monopolizando la vida política.

- Ha provocado una inmediata condena internacional. El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, advirtió que Washington no permanecerá «de brazos cruzados» frente a esta decisión y condenó la declaración, como era de esperar y anuncia más sanciones.
- La posición de Rubio es de condena y crítica dura a las dictaduras de Cuba y Nicaragua. Incluso ha insinuado que después de liberar Cuba continuarían con Nicaragua. Según el Secretario Rubio, “El pueblo de Nicaragua tiene derecho a elegir a sus propios líderes mediante elecciones democráticas”.
- Desde Costa Rica, la declaración ha logrado el consenso en contra y la condena de parte de todos los partidos políticos que integran la Asamblea Legislativa.
- Obviamente las declaraciones de Ortega, contradicen y violentan la cultura política predominante en Costa Rica a favor de la democracia liberal, las elecciones libres, justas, pluralistas y transparentes, el estado de derecho y el respeto a los derechos humanos y las libertades fundamentales.
- El gobierno de Panamá ha anunciado el retiro de su embajador de Nicaragua como respuesta a las declaraciones de Ortega.
Aunque desde las elecciones de 2021 numerosos gobiernos, organismos internacionales y organizaciones de derechos humanos sostenían que Nicaragua ya no celebraba comicios libres ni competitivos, el anuncio de Ortega supone un paso adicional: deja de mantener siquiera la apariencia de un sistema electoral pluralista y declara abiertamente que no habrá futuras elecciones para la alternancia en el poder.
Tanto los organismos internacionales como las Naciones Unidas y la OEA han certificado una y otra vez el sendero hacia el autoritarismo y la violación de los derechos humanos y las libertades fundamentales que ha caracterizado la historia de Nicaragua, incluyendo por supuesto la etapa somocista y la actual etapa que nació con la revolución de 1979. En ese contexto Costa Rica se ha mantenido, y debe mantenerse, en una línea de defensa y promoción de la democracia, los derechos humanos y las libertades fundamentales en la República de Nicaragua, con respeto a su soberanía nacional.
Aunque sí conviene recordar que Nicaragua es nuestro vecino limítrofe en el norte con el que debemos convivir con una larga frontera de por medio. La más elemental prudencia y realismo político nos obliga a manejar con objetividad, tacto y capacidad técnica nuestras relaciones internacionales fronterizas en asuntos de comercio, migración, seguridad nacional y lucha contra el crimen organizado. Así también, Nicaragua es uno de nuestros socios comerciales en el CAFTA que incluso nos permite el acceso comercial al resto de vecinos centroamericanos.