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El Comité Federal del PSOE se reunió con la sombra de varios casos de corrupción. Sánchez reconoció el «enfado» interno pero reclamó resistencia. García-Page fue la única voz discordante en un órgano que cerró filas en torno al secretario general.
El PSOE celebró su Comité Federal con la corrupción como telón de fondo y con dos posiciones muy definidas dentro del partido: la mayoría, dispuesta a aguantar, y una minoría crítica que ya no se conforma con esperar.

El secretario general defendió que no hay financiación ilegal en el PSOE y salió en defensa de su mujer y su hermano, ambos imputados, acusando a sus detractores de difundir «bulos, manipulaciones y fango».
También reivindicó el legado del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, cuya situación judicial incluye una citación a declarar por blanqueo, tráfico de influencias, organización criminal y falsedad documental en relación al caso Plus Ultra.
Sánchez admitió que su lucha contra la corrupción no ha logrado erradicarla del todo. Lo dejó claro poniendo nombre propios: Santos Cerdán, el ex número tres del PSOE, fue encarcelado en prisión provisional sin fianza por el juez Leopoldo Puente por pertenencia a organización criminal, cohecho y tráfico de influencias en el marco de la trama Koldo.

Y el exministro José Luis Ábalos, que también fue secretario de Organización, fue condenado a 24 años de prisión en el caso de las mascarillas. En ambos casos, insistió, el partido actuó con «contundencia». «Esto no es el y tú más», dijo en alusión al PP, partido al que acusó de «connivencia con la corrupción».
Su frase más directa: «Hoy, España entera se pregunta solamente cuándo«. Su única concesión fue decir que espera que las acusaciones contra Zapatero resulten falsas, porque supondría «un socavón inmenso» en la autoestima del partido.
