José Luis Valverde, periodista.

No han pasado ni los primeros cien días del gobierno supuestamente de Laura Virginia Fernández Delgado, para darnos cuenta son otros quienes gobiernan, mueven los hilos de un rostro bonito, sin sustancia, la figura decorativa de un ajedrez donde los verdaderos jugadores desplazan fichas.
SIN OLFATO
Ni Pilar Cisneros, quien siempre presumió agudo olfato periodístico lo vio venir, en determinado momento dijo sería ella vocera única -omnipotente- quien daría a conocer el gallo tapado de la candidatura del Partido Pueblo Soberano (PPSO) hacía poco desconocido como estructura de la maquinaria hacia el gobierno, para no darse color, debió tragarse la soberbia.

“Esperamos más nombres” dijo con el candor de quien cayó en la política sin conocer los entresijos del poder, la ira de las diosas se desató, José Miguel Villalobos Umaña, amigo de Rodrigo Chaves Robles desde décadas atrás, abogado personal, confidente, quien sabe cuales otros nexos, afirmó con total certeza era Laura Virginia la elegida.
EL PAPEL EN LA OBRA
Desde entonces la ungida asumió el rol de rostro visible, los hilos adivinados permanecen en la penumbra, le impusieron la nómina de imputados (diputados) las facturas de los favores recibidos las cancelan otros, sólo así se entiende la designación del venezolano Boris Marchegiani con negocios endeudados en la banca nacional, embajador nada más, nada menos en las Naciones Unidas, devaluado foro mundial, pero siempre importante en los designios globales.

Laura Virginia cumple su rol en los asuntos sin importancia, presume el detector de mentiras, revela el color de la indumentaria de los reos, asiente ante nombres impuestos, avala la desmedida protección a uno de los ministros, gesticula, mueve las manos en señal de la autoridad lejana a su cargo decorativo, concedido graciosamente por machos alfa dominantes.
OTRA LAURA
En el horizonte de la historia cercana por primera vez una Laura llegó a la presidencia de la república, es innegable Oscar Arias Sánchez, dos veces mandatario, premio Nobel de la Paz, jugó papel determinante en su vida política, en el paso hacia el Poder Ejecutivo, pero Laura Chinchilla Miranda, no duró mucho, como se dice en el pueblo, en tirar los aparejos, tenía formación, estaba preparada, era consciente de su rol indelegable, por muchos afectos, gratitud en el camino.

Laura Virginia sonríe, a veces simula enojo, suelta frases construidas como trajes a la medida, cosidos por su asesora de imagen, quien ya había dicho le cuesta explicar hasta lo mas sencillo, hace ostentación en conciertos, se siente gratificada ciudadana distinguida de Esparza, el pequeño pueblo garrobero donde nació.
Laura Virginia está ahí, embelesada con el glamour del cargo aún no sabe para qué.
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