Federico Paredes, analista agroambiental.

Desde niños los volcanes han ejercido una gran fascinación sobre nuestras mentes, viendo a estos colosos como aquellos elementos, no solo por su enorme fuerza destructiva, sino por sus impresionantes columnas de humo, por sus derrames de lava y por sus fuertes retumbos, como ocurrió con el Volcán Irazú, en 1963.
De hecho, esa figura nos sirvió para realizar los proyectos de volcanes que humeaban, rodeados de bosquecitos y ríos serpenteantes, en la escuela primaria.
Con el pasar del tiempo, los geólogos y vulcanólogos se han encargado de realizar toda una clasificación de las estructuras volcánicas, siendo los cónicos, como el Arenal o el Fuji (en Japón), los que muestran perfiles muy bien definidos de conos invertidos.

Ahora entendemos que los volcanes no necesariamente son siempre de forma cónica y que, como el Barva, el Poás o el Rincón de la Vieja, se “acomodan” a la estructura de la montaña o cordillera donde se ubican. Más bien los volcanes han sido arquitectos de las cadenas montañosas, como de forma conspicua ha sucedido con esa cadena de volcanes del callejón interandino del Ecuador.
Los Pichinchas (resguardando Quito), el Cayambe (con impresionantes glaciares), el Cotopaxi (muy activo y de cono casi perfecto), el Carihuairazo (con sus tres cumbres), los gemelos Illinizas, el Chimborazo (el más alto con 6.263 m) el Sangay, el Cotacachi, el Altar, el Tungurahua, el Cayambe, el Antisana.

Por cierto, el 8 de marzo del año en curso, el volcán Reventador entró en una fuerte actividad, lanzando impresionantes columnas de humo con cenizas y material piroclástico, en esa vasta zona amazónica ecuatoriana.
Algunos volcanes en el mundo han hecho historia, como el Vesubio en Italia que arrasó con comunidades enteras y petrificó a muchos de sus pobladores en el año 79 DC; el Krakatoa en Hawái que en 1883 causó la muerte de unas 36.000 personas, el Pinatubo en Filipinas que en 1991desarrolló una de las erupciones más violentas del siglo XX, expulsando toneladas de dióxido de azufre a la estratosfera y modificando en aquel momento, el clima global del Planeta, con un descenso de 0.7 a 0.5 grados Celsius, entre 1991 y 1993.

Nuestra depresión tectónica central o Valle Central, ha sido beneficiado muchas veces con las erupciones del Poás, del Irazú y del mismo Turrialba, enriqueciendo los suelos para convertirlos en muy fértiles, favoreciendo así el cultivo del café, de hortalizas, de raíces, tubérculos y frutales, por su alto contenido de fósforo, hierro, material orgánico y alta retención de humedad, al tiempo que presentando una porosidad elevada.
Ahora bien, en este escenario, la sorpresa ha sido el volcán Hunga Tonga, en el territorio marítimo de la república de Tonga, en Oceanía, que ha contribuido con el enfriamiento de la estratosfera.

Los científicos que analizaron la actividad de este gigante señalan que uno de los puntos más fascinantes de esta investigación se centra en que la erupción submarina del Hunga Tonga en 2022, inyectó cantidades industriales de vapor de agua en las capas altas de la atmósfera. A diferencia de otros volcanes, este exceso de humedad provocó un enfriamiento récord en la estratosfera tropical.
Este hallazgo ha sido un hecho fundamental porque resuelve piezas del rompecabezas climático, que no encajaban con las ideas del calentamiento global tradicional. Al igual que en el caso del Pinatubo, podemos darnos cuenta de que estos colosos hacen una interesante contribución para minimizar o amortiguar el efecto del cambio climático del Planeta.

Así que, con la actividad de los volcanes no todo será destrucción y muerte; por un lado, las ricas cenizas que emiten en sus erupciones fertilizan definitivamente los suelos y al hacer erupciones de gran altitud y con su material piroclástico, sirven de reguladores globales de la temperatura del globo terráqueo.
La gran conclusión es que la Naturaleza tiene sus propios mecanismos complejos de respuesta térmica ante estas crisis, y en nuestros recuerdos de la infancia siempre estarán presentes nuestra admiración y respeto para estas impresionantes estructuras de la piel de la Tierra.