Por Mario Arguedas Ramírez, profesor de Matemáticas jubilado.

Existe una expresión que yo he convertido en pensamiento de vida, la cual tomé de un sabio y querido personaje “barveño”*, quien tiene por estrategia contar historias cortas y jocosas que provocan risas, disponiendo el ambiente para recibir a cambio (aunque no lo pide) unas monedas de agradecimiento que le permitan enfrentar su vivir sencillo.

Recibidas las sonrisas y las monedas, él replica, con un dejo de malicia y destacando nuestro nombre o apellido, en mi caso llamándome “argueditas” (refiriéndose de forma peyorativa a mi primer apellido)…
Soy loco, pero no tonto”
Entre la locura y la estupidez existe enorme distancia, sobre todo cuando la locura proviene de un sabio, persona que mira el mundo desde una óptica muy diferente a la tradicional y con enormes ojos nuevos. El estúpido es un fanático irracional que no ofrece aporte alguno que no sea su torpeza (la cual dicho sea de paso desconoce).
Los locos a los que refiero son esos prójimos que, con sus ideas o formas de vida, transforman el entorno enriqueciéndolo, no sin antes ser incomprendidos, señalados, rechazados y hasta perseguidos.
Cuando esa locura se brinda en espacios artísticos o científicos, al paso del tiempo tiende a decirse de quienes la padecen que son genios.

Si bien es cierto que el conocimiento matemático tiene grandes implicaciones en la resolución de situaciones de vida, en muchos casos dicho saber solo se muestra como puerta a la distensión, entretenimiento o ejercicio mental. Hacen acto de presencia con el afán de provocar ¡ASOMBRO!
Dado su poco compromiso utilitario, estos saberes en lo personal los denomino los “alocados de la familia” y por ello lastimosamente tienden a ser desmerecidos y apartados de los currículos escolares (cual sabio indigente en del mundo matemático).

Una construcción así promueve la observación, abre paso a la creación de nuevas filas (¿puede usted escribir la siguiente fila?), sirve para ejercitarse en la resolución de cálculos aritméticos; está presente con el afán de ejercitarnos, entretenernos, asombrarnos.
Ahora disfruten de otra superficie triangular formada por cantidad de números, pero de dos familias numéricas ya estudiadas: primos y capicúas (también denominados palíndromos).

Así es que en dicha pirámide numérica cada número se puede leer indistintamente de izquierda a derecha, o de derecha a izquierda, pero además, se supone que cada uno tiene solamente dos divisores (lo cual pareciera no es del todo cierto). ¿Puede usted escribir la fila siguiente? No es fácil.
Mientras lo intenta, hago un par de observaciones:
- La pirámide inicia con el 2,único primo par, así que fue acertado iniciar con él.
- Al aceptar el 2 como capicúa se establece que todos los dígitos son considerados de la familia capicúa.

El término “capicúa” viene del catalán “capi cua”, que significan “cabeza y cola”. Se emplea el término “palíndromo” como sinónimo sin embargo ese nombre tiende a usarse para palabras o textos con ese comportamiento, como es el caso de OIR A MARIO.
En un ámbito de 1 a 100, estos son los capicúas primos:
De acuerdo con lo observado, en el bloque de cien, los capicúas primos se presentan espaciosamente, resultando pocos por bloque. En el bloque de 100 a 200la lista de capicúas primos también es de cinco:

Pueda que estés pensando que en cada bloque de cien números hay cinco que son primos y capicúas, por ello el siguiente reto:

- “barveños” son los nativos de la ciudad de Barva, Heredia, Costa Rica.