«El socialismo es la filosofía del fracaso, el credo a la ignorancia y la prédica a la envidia; su virtud inherente es la distribución igualitaria de la miseria»
(Winston Churchill)
Adriana Núñez, periodista Visión CR
Las recientes declaraciones de Jan Rovny, profesor asociado del Centro de Estudios Europeos y Política comparativa de la Universidad Sciences Po, al prestigioso diario francés Le Monde Diplomatique, resuenan como una sentencia firme ante la debacle que algunos de los partidos políticos y grupos que la representan, están sufriendo en Europa:
«La izquierda tal como la conocemos y como se desarrolló a fines del siglo XIX, fue la izquierda que vino a representar y a apoyar a la clase obrera industrial. Esa clase ya no existe».

A juzgar por los resultados electorales en algunas naciones del Viejo Continente y por las protestas multitudinarias contra políticas implementadas por los pocos gobiernos “zurdos” que aún se aferran al poder, el escenario europeo ha dado un giro significativo; por una parte, a raíz del resquebrajamiento de los partidos de izquierda tradicionales y por otra, como consecuencia del auge de nuevas fuerzas conservadoras y de derecha.
Según analistas y expertos en el tema, múltiples aspectos, tanto económicos como culturales y de identidad, han contribuido con ese significativo cambio.
Entre ellos, como bien lo señaló Rovny, sobresale la evidente pérdida de conexión con la clase trabajadora en general, hacia la cual solo llegan palabras, ofertas…pero pocas acciones concretas que le permitan mejorar sus condiciones de vida.
Además de los fracasos que durante sus administraciones han protagonizado en distintos países del mundo, desde hace muchos años, los discursos de la izquierda se han ido concentrando en temas de supervivencia, dejando de lado las continuas y crecientes preocupaciones de los pueblos como son la precariedad laboral, la inseguridad económica y el alto costo de vida.
Yerros y falencias
Otros errores que les han salido caros, han sido los que han cometido en áreas tan sensibles como son la inmigración y la seguridad ciudadana, dos temas que sí han contado con la atención y gestión efectiva de gobiernos y partidos de derecha.

Varios analistas políticos también agregan que en el caso europeo, “la globalización y la integración, han limitado la capacidad que antes tenían los distintos estados nacionales de actuar” y que por ello, algunas políticas intervencionistas de la izquierda, de las que se valían en casos extremos, han topado con dificultades para su implementación y en consecuencia, han generado una especie de desconsuelo entre muchos de sus electores.

El caso es que en poco más de dos décadas, los partidos de izquierda europeos, que gobernaban en la mayoría de los países a finales de los años 90, ya en 2021 pasaron a ser una minoría y consecuentemente, a estas alturas, han perdido su relevancia en el mapa político del continente. Este frágil panorama ha dado pie a que en muchas de las agrupaciones sobrevivientes, existan fuertes divisiones internas que no les permite recuperar la cohesión que les caracterizó durante el siglo XIX y gran parte del XX.
Otro factor importante -que es preciso destacar- es el de la participación de partidos de izquierda radical, algunos de los cuales, tras alcanzar el poder, lograron institucionalizarse durante largos períodos, impactando negativamente al electorado no sólo por su poca capacidad de apertura y transformación sino también por su mala gestión administrativa y económica.
Tal es el caso, citado ampliamente por medios de comunicación europeos, de grupos de izquierda radical como “Podemos” en España o “Syriza” en Grecia.
No saben leer la realidad
De acuerdo con analistas de la BBC de Londres y de VisualPolitik -un canal de YouTube centrado en política internacional y economía- la situación de debilidad se ha evidenciado en distintos países, entre los cuales destacan Alemania y Francia.

Precisamente, en un artículo publicado cuatro años atrás, la Fundación Disenso, que se presenta a sí misma como “un laboratorio de ideas orientado a la defensa de valores como la libertad, la soberanía nacional, etc.” resumió con una franqueza “punzocortante” para algunos, lo que -según sus expertos- ha sido la situación de los partidos y grupos de izquierda en esas y otras naciones europeas, desde hace ya varias décadas:
“Las verdaderas preocupaciones y necesidades de la gente poco importan a las élites izquierdistas. Esas personas trabajadoras y sencillas que luchan a diario para vivir de forma honrada y razonable ya no están representadas por la izquierda. Más bien se transforman en sus contrarios.
Sus políticas han hecho de Europa un conjunto de países con dependencia energética extranjera, por su continua alianza medioambiental con “los verdes” y el ecologismo ideológico. Han abandonado la lucha social para perseguir las burbujas de neo utopías ajenas a la realidad de los ciudadanos.
Sus ideólogos sostienen una lucha en favor de la inmigración ilegal; permiten la ocupación de las viviendas; favorecen la inseguridad ciudadana; deterioran las políticas de protección de la vida humana, la familia y la natalidad y financian, hasta el derroche, la ideología de género y los movimientos LGTB, agitando conflictos inexistentes y exacerbados.”
Los resultados de todo ello, están a la orden del día.