Luis Ramírez, exdiputado de la República.

El manejo del actual gobierno, hay que decirlo, es risible y falto de ética. Se ha prendido de las malas prácticas populistas y se dedica a decir falsedades, o a decir medias verdades, y a engañar a los ciudadanos costarricenses.
Nótese que no estamos hablando de gustos. La señora Presidente puede querer mostrar su liderazgo como si estuviera en Barrio Quinto, o como ella lo quiera ejercer. Eso solo muestra su estilo y su nivel. Pero ya esos shows mediáticos han perdido interés por cuanto ya se conocen.
En su lugar, el gobierno debería tener buenos asesores que le elaboren a la presidente, buenos guiones y que elaboren sobre todo buenos conceptos. Pero ni lo uno ni lo otro.

Destaca, sobre todo, la muestra por excelencia de la aplicación de un libreto donde esas fanfarrias y falacias sustituyen el contenido, sustituyen el estudio, sustituyen la falta de propuestas profundas que muestren el camino del desarrollo de nuestro país.
¿Será un remedo de Nerón y el incendio de Roma?¿Será el episodio de la afrenta contra Hermes en la Grecia antigua que se hizo deliberadamente para culpar a Alcibíades?
Simple de ver: Espectáculos que recordamos todos; lo del micrófono en la oficina dela entonces candidata. Era evidente que era falso. Recuerden ustedes, lo de la visita a la iglesia de la Virgen de Los Ángeles y la aparente misa privada. ¿Qué es privado en público? Ella realizó la más vil afrenta a la ética, la moral y la verdad.
Recuerden que el tercer mandamiento de los cristianos es “no jurar en el nombre de Dios en vano”(No mentir, menos con las cosas sagradas). Pero hoy, la mentira es el pan de cada día. Recuerden ustedes como la presidente lloró por el fallecimiento del guardia civil en Limón. Claro que lo lamentamos, y nuestro respeto y consideración a la familia, pero el show sobre pasó todo límite permisible.

Recuerden ustedes cómo en conferencia de prensa, invitados los miembros del Poder Judicial, Doña Laura en evidente falta de respeto le preguntó, ante los periodistas, a Don Orlando Aguire que ¿cuántos años tenía de ser magistrado?, como queriendo exponerlo. Ahí la presidente mostró más bien su grandísima falta de conocimiento sobre las condiciones que revisten a los miembros de los supremos poderes.
Porque en todos los países del mundo, para las magistraturas y los senadores donde los hay, lo que prima es la experiencia y no los demás elementos que se les quiera colgar. Fue penoso observarla en esa situación.
Y para ponerle la cereza al pastel, el show de la visita a Crucitas, fue la crónica más anunciada esperable, demasiado visible de antemano. Fue risible ver que hasta todos los funcionarios públicos y los periodistas se sumaran al show y tomaron parte en su actuación. Señora presidente: si así está usted dando el ejemplo, no espere nada bueno de nadie.

Les enseña a engañar. Ni con polígrafos ni sin polígrafos actuarán correctamente, por cuanto el ejemplo lo da usted personalmente.
Ahora, en relación con los polígrafos, insiste en despachar de sus puestos a directores por que no pasaron la prueba.
Si los polígrafos fueran pruebas irrefutables, en todo el mundo estarían en operación en toda instancia. No se ocuparía de juicios ni reclamos de los derechos de defensa. El mecanismo sería sencillo, pasando a los acusados o aquellos a quienes se les desconfía, por la prueba del polígrafo y así queda terminado el proceso.
Y hasta le agregarían “que la misma máquina dicte la sentencia”, dirían. ¡Qué clase de ignorancia! En ningún país del mundo se utiliza esa herramienta para temas serios como despedir a personas de sus puestos o conocer la verdad.
Y para colmo de males, la presidente y sus diputados en la Asamblea Legislativa buscan echar culpas a los magistrados de la Corte Suprema de Justicia por cuanto no les cambian la lista de candidatos a magistrados suplentes. No señora, esto no tiene sentido. Los magistrados actúan apegados a la ley. Lo digo con pleno conocimiento. Ya, es hora de ponerse a trabajar. Haga equipo, pero no para hacer shows políticos, sino para trabajar por el país, que empieza ya a dar señales de resquebrajamiento como lo muestran los informes del FMI. Pero muy por encima de todo, no es amenazando, no es insultando, como se buscan consensos. Esa actitud de trabajar con todas las partes, no la tiene este gobierno.

Costa Rica necesita desde hace rato un liderazgo con conocimiento, que nos de confianza, en lo moral y en la integridad de los gobernantes, para luchar contra la corrupción; pero sobre todo con ética, con respeto a los costarricenses, sin engañar a nadie.
Ya sabe el pueblo que todo este show tiene por objeto mantener al pueblo engañado y embelesado en los escenarios políticos, por los períodos en que dure la cobertura de la inmunidad.
Mucha parte del pueblo aplaude el show, aunque no lo entienda. Y algunos que lo entienden, lo reciben como si fuese lo correcto, como para no dar el brazo a torcer o mejor aún para buscar espacios para intereses propios, como el caso del exdiputado, que con actitud anormal y sin más formación que la de una licencia, en estos días se ofreció a ir en helicóptero a pelear en Crucitas, contra los fantasmas de los triquitraques, y contra no sabemos quiénes.
Claro busca campito pagado en una Junta directiva de espacios aéreos. Bueno, “Aviados Estamos” como se dice popularmente. Sabemos que siempre habrá aquellos que gozan de estupideces o las ven bien si creen que les benefician. No importa si ese es su estilo. Pero no se debe engañar al pueblo en su propia cara. Costa Rica tendrá que ponerse en pie, firmemente y exigir la dirección correcta de nuestro país.