César G. Fernández Rojas, educador jubilado.
«Somos lo que los demás nos han ayudado a ser». Lev S. Vygotsky.
En el Preámbulo de La Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948 se destaca entre los propósitos:
Considerando que la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana;
Considerando que los pueblos de las Naciones Unidas han reafirmado en la Carta su fe en los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad y el valor de la persona humana y en la igualdad de derechos de hombres y mujeres, y se han declarado resueltos a promover el progreso social y a elevar el nivel de vida dentro de un concepto más amplio de la libertad;
Considerando que los Estados Miembros se han comprometido a asegurar, en cooperación con la Organización de las Naciones Unidas, el respeto universal y efectivo a los derechos y libertades fundamentales del hombre, y
Considerando que una concepción común de estos derechos y libertades es de la mayor importancia para el pleno cumplimiento de dicho compromiso;
Ahora, por tanto, la Asamblea General proclama la presente Declaración Universal de los Derechos Humanos como ideal común por el que todos los pueblos y naciones deben esforzarse, a fin de que tanto los individuos como las instituciones, inspirándose constantemente en ella, promuevan, mediante la enseñanza y la educación, el respeto a estos derechos y libertades, y aseguren, por medidas progresivas de carácter nacional e internacional, su reconocimiento y aplicación universales y efectivos, tanto entre los pueblos de los Estados Miembros como entre los de los territorios colocados bajo su jurisdicción.

Artículo 1
Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.
En la interioridad del ser humanotoda materia orgánica es energía de baja frecuencia. Todo objeto material está formado por átomos. Nos dicen Manuel Sans Segarra y Juan Carlos Cebrián Barrientos: “Si imaginamos un átomo de nuestro cuerpo cuyo núcleo tuviera el tamaño de una pelota de golf y lo situáramos en el centro de un campo de fútbol, los electrones estarían girando en la última fila de la grada y aún más lejos. Existen enormes espacios entre partículas subatómicas que permiten, con toda facilidad, el paso de ondas electromagnéticas sutiles entre ellas. Esto se llama efecto túnel”.(Cfr. Manuel Sans Segarra y Juan Carlos Cebrián Barrientos. La su praconciencia existe. Vida después de la vida. Planeta. México. 2024).
Estos autores consideran que la mente se encuentra en todos los actos anímicos. Dicen que hay justificación cuántica evidente en las emociones, sentimientos, pensamientos, recuerdos, memoria y conciencia, en tanto, son energía de alta frecuencia electromagnética.

La conciencia es fundamental. No podemos alejarnos de ella. Todo lo que hablamos, todo lo que consideramos como existente postula la conciencia. Max Planck.
En la interioridad de la conciencia.“El filósofo australiano David J. Chalmers (1966) diferencia entre los problemas fáciles (considerar la conciencia como una capacidad mental más, que incluye la focalización de la atención, la integración de nueva información, etc.) y el problema difícil (cómo la conexión física entre neuronas mediante impulsos eléctricos puede producir la experiencia subjetiva que llamamos conciencia).
Pero básicamente la conciencia se podría explicar cómo el entendimiento o conocimiento que un ser vivo tiene de sí mismo (de su propia existencia) y de su capacidad para actuar sobre su entorno. Es lo que sentimos al tener contacto con nuestra realidad, y está nutrida por nuestro sistema de creencias adquirido en la cultura que nos ha tocado vivir.
La conciencia es un estado mental sólo accesible por el propio sujeto, que le permite analizar cómo se percibe a sí mismo como ser autónomo, interactuando con los estímulos externos que le rodean a través de sus sentidos, para después poder reflexionar e interpretar esos estímulos relacionándolos con su memoria y construir su realidad.

El continuo de la conciencia. La conciencia anida dentro de un continuum entre inconsciencia y diversos niveles de conciencia, dependiendo del grado de inactividad o actividad neuronal del cerebro (el coma constituye el nivel mínimo, la pérdida total de conciencia). El estado de vigilia equivale a la conciencia misma (la autoconciencia), en contraposición al estado fisiológico del sueño.
La conciencia garantiza un proceso continuo deinformación y adaptación entre nuestro yo subjetivo, nuestro sistema nervioso y nuestro entorno perceptivo.
Además, suele diferenciarse entre conciencia sensorial o primaria (seguramente habitual en el mundo animal) y conciencia de nivel superior o meta cognición (ser conscientes de nuestra conciencia), que se cree única en la raza humana. Es necesario un cierto nivel de conciencia para poder experimentar sentimientos.
[…] Desarrollo de la conciencia.
La conciencia podría iniciarse cuando abrimos los ojos por primera vez y nos encontramos frente a nuestro entorno, a nuestro mundo, y experimentamos lo personal (nuestro yo) y lo exterior (el ambiente) como dos naturalezas distintas que se afectan mutuamente.
Después, poco a poco, iríamos penetrando en nuestra propia experiencia cuando alcanzamos a diferenciar lo imaginario de lo real en nuestra representación mental.

Mediante nuestra vigilia, nuestro estado de alerta vigilante, vamos seleccionando diversos estímulos ambientales que, a través de la atención, serán almacenados en nuestra memoria. Así va desarrollándose nuestra conciencia: atesorando nuestro pasado, percibiendo nuestro presente asistido por nuestras emociones y, gradualmente, construyendo nuestra propia identidad.
La conciencia nos permite crear metáforas, concebir posibilidades, expandir nuestra existencia. Nuestra representación simbólica de la realidad nos habilita para extraer conclusiones y elaborar nuevos conocimientos a partir de los que ya tenemos.
La conciencia existe en nuestra voz interior que nos hace preguntarnos de dónde venimos, por qué estamos aquí y qué futuro podemos crear. Permite que demos un significado a nuestras emociones y nos anima a comprendernos para alcanzar la felicidad”.(Cfr. Conciencia: ¿Qué es? ¿Cómo se desarrolla? Psicoadapta. https://www.psicoadapta.es › blog › que-es-la-conciencia).
La meta cognición va desarrollando en el ser humano la conciencia: atesorando el pasado, percibiendo el presente, asistido por las emociones y, gradualmente, va construyendo la propia identidad, la intención y el juicio racional.
Roger Penrose y Stuart Hameroff han propuesto una teoría que vincula la conciencia con la física cuántica. Según su modelo las estructuras microtubulares (formadas por la proteína tubulina dentro de las células cerebrales) pueden soportar procesos cuánticos que contribuyen a la formación de la conciencia.(Cfr. Manuel Sans Segarra y Juan Carlos Cebrián Barrientos. La su praconciencia existe. Vida después de la vida. Planeta. México. 2024).

Desde una mirada neurocientífica, la conciencia requiere de estructuras como la corteza prefrontal, que no solo incentivan la atención, el estado de alerta, sino que la organizan y le dan sentido. Y desde las perspectivas filosóficas y espirituales, la conciencia puede verse como ese testigo interno que observa y transciende el flujo constante de pensamientos. Esa voz interna que da origen a la dignidad.
El diccionario Oxford Languages define la dignidad como la cualidad del que se hace valer como persona, se comporta con responsabilidad, seriedad y con respeto hacia sí mismo y hacia los demás y no deja que lo humillen ni degraden.
En filosofía, la dignidad se divide en tres tipos, siendo ellas:
Dignidad ontológica o dignidad humana: es la cualidad con la cual todos los humanos nacen.La dignidad humana es un valor y un derecho innato, inviolable e intangible de la persona, un derecho fundamental por ser racional, poseer libertad y tener la capacidad de ser creativo.
La afirmación de que todas las personas nacen con dignidad es un tipo de dignidad ontológica. Esto quiere decir que todos los seres humanos pueden modelar, cambiar y mejorar sus vidas ejerciendo su libertad y por medio de la toma de decisiones para vivir con dignidad.

La dignidad moral se relaciona con el honor de las personas y su comportamiento en sociedad.La dignidad moral se refiere a la cualidad de las personas como un hecho moral. Esto quiere decir, que es un valor propio del ser humano dentro de la sociedad para hacer lo correcto.La dignidad moral, por lo tanto, se refleja en las conductas y valores que la persona practica y que la sociedad acepta o rechaza.
En este sentido, la dignidad moral debe reflejarse en todos los ámbitos de la sociedad como un modelo de conducta, costumbre o tradición a seguir. De esta manera, la dignidad moral se transforma en dignidad social.
La dignidad real o personal se recibe por parte de los otros. La dignidad personal se basa en el respeto y la estima que una persona tiene de sí misma y que es merecedora de ese respeto por otros, porque todos merecemos respeto sin importar cómo somos.
La dignidad personal adquirida por el trato que se recibe de otras personas. Cuando reconocemos las diferencias de cada persona y toleramos esas diferencias, la persona puede sentirse digna, con honor, libre y orgullosa de ser como es.(Cfr. La dignidad humana. DELS. salud.gob.ar.https://salud.gob.ar › dels › entradas › la-dignidad-humana).
En el ser humano lo propio suyo es ser persona, valer por sí mismo; su destino es estrictamente individual no puede ser cumplido por otro, dada su dignidad ontológica y moral. La vida humana no es, por tanto, una entidad que cambia accidentalmente, sino, al revés, en ella la ´sustancia´es precisamente cambio.(Cfr. José Ortega y Gasset: La metafísica existencial de la vida. SciELO Colombia.http://www.scielo.org.co › scielo).

Sans Segarra y Cebrián Barrientos llaman supraconciencia a la conciencia no local o espíritu y destacan que la conciencia no es simplemente el resultado de la actividad neuronal en el cerebro, sino que reside en un nivel más profundo y fundamental de la realidad.
El ser humano por ser persona es un ser único,es existencia, vivencia, ser viviente y conviviente, es alma, conciencia, espíritu o supraconciencia, materia y energía, amor, fuerza, cerebro, mente, pensamientos, imágenes, sensaciones y emociones, posee inteligencias múltiples, intelecto eintelectualidad, es razón, investigación, es ordenado, busca la verdad, es análisis, facultad, capacidad, voluntad, reflexión, erudición, sabiduría e imaginación.
Evoca recuerdos y memorias, es abstracción, introspección, trascendencia, resiliencia, iluminación de su ser interior profundo.
Es identidad irrepetible, auténtico, ético, moral, es temperamento, carácter, responsable, dueño de sus actos, forjador de su propio destino.
Es dignidad, libertad y libre albedrío, posee derechos y deberes, es gratitud, urbanidad, buenos modales, amable, honorable, humilde, tolerante, sensible. Crisol de sentimientos, afectos y pasiones, es entusiasmo, alegría y pena, felicidad y tristeza, decepción y perdón, ama y cuida, llora ante la belleza, el dolor o la muerte, es lenguaje, simbolismo, diálogo y comunicación.
Propende al bien común, gusta de la poesía, la música, la literatura, medita sobre la vida, dibuja, esculpe y danza, juega, ríe, disfruta, es deportista, cultiva la tierra, construye refugios, es guía y educador.

Posee iniciativa, es líder, inspira, estudia, aprende, cultiva conocimientos y entendimiento, es proactivo, disciplinado, posee autoestima, es creativo, motiva, tiene percepción, es socioconstructivista de culturas y acontecimientos, espiritual, filósofo.
Es sustancia de naturaleza corpórea, con noción del tiempo, el espacio y la materia, es psicosomático, electromagnético, sociohistórico, autoconstructor en continuo proceso, poseedor de cualidades innatasy adquiridas, director de sus actos y potencias, experiencial, subjetividad irrepetible, irremplazable, productivo, es compromiso y actúa sobre el entorno.
Es quehacer, movilidad, cambio,es sinergia, empoderado, conempatía, asertividad, carisma, holismo, forjador de complejas redes asociativas, con virtudes, valores, hábitos, actitudes, aptitudes, relaciones,servicio y alteridad.
Es compasivo, prudente, generoso, filántropo, solidario, bondadoso, respetuoso, es fe y esperanza, pasado, presente y futuro, no tiene fronteras, es bienestar y descanso, es nacer, crecer, morir y evolucionar para renacer en esencia como un ser de luz con Dios, ocupar un lugar en la Creación y devolver el polvo de estrellas a la madre Tierra que es parte del Universo, entre otros factores.
En la descripción precitada sobre el ser humano como persona, asumí la consideración de caracterizar los atributos humanos esencialmente positivos, sin llegar a un proceso acabado. Utilizo las aclaraciones de santo Tomás de Aquino para referenciar que el hombre y la mujer fueron creados para el bien; sin embargo, dotados de libertad y del libre albedrio están llamados a optar entre dos vías: la del orden –virtud y gracia– o la del desorden –pecado y vicios. La responsabilidad recae en su libre albedrío, capaz de elevarse por la asistencia divina o de hundirse en la inmoralidad.
Aunque Dios mueve la voluntad con su gracia, esto no anula la libertad humana, pues la libertad es causa de su propio acto y, con la asistencia divina, ejerce su autodeterminación sin coacción.

En el ser humano existe la condición buena: virtud y gracia. Para regresar al orden original y superar la inclinación al mal, Santo Tomás distingue:
Virtudes naturales (cardinales): hábitos adquiridos que ordenan el intelecto y la conducta (prudencia, justicia, fortaleza, templanza).
Virtudes teologales: dones infundidos por Dios (fe, esperanza, caridad) que orientan al hombre hacia el fin sobrenatural.
Gracia santificante: participación de la vida divina que perfecciona la naturaleza y fortalece la libertad para obrar el bien supremo.
La posibilidad de pecar surge precisamente porque el hombre posee libre albedrío: El libre albedrío capacita para decidirse hacia el bien verdadero, pero también permite optar por bienes aparentes o contrarios a la recta razón.
El pecado manifiesta un desorden voluntario: la voluntad, al juzgar mal un objeto como bueno, lo elige y actúa en contra de la ley divina-natural.
La gracia no suprime la libertad, sino que la eleva: mueve el apetito interior y asegura que, con ayuda divina, la voluntad pueda escoger el bien supremo sin anular su autonomía. (Cfr. Catholic.net. “Sobre el libre albedrío – Santo Tomás de Aquino”. https://es.catholic.net/op/articulos/14771/cat/519/sobre-el-libre-albedrio.html).
Dijo Aristóteles: que el alma es en cierto modo todas las cosas. Sans Segarra y Cebrián Barrientos mencionan que la conciencia cuántica primaria, la energía primera, el origen de todo está presente en todas las religiones al que llaman, según su idiosincrasia: Dios, Jehova, Alá… y la supraconciencia es el espíritu.

“La vida es un juego que nos pone en una situación tridimensional para que vayamos eliminando impurezas y volvamos nuevamente al espíritu, a la energía primera. En el momento en que comprendamos que nuestra realidad existencial es nuestra Supraconciencia, y no el ego que nos domina, este ya no podrá llevarnos a la injusticia, a las guerras, a la enfermedad y al dolor (…) Las personas que tengan la oportunidad que da el Universo para conectar con esa energía primera, alcanzan una vida placentera de hermandad, armonía, amor –al planeta, a los animales, a la naturaleza, a nuestros semejantes-, paz y salud”.
Para Lorenzo Tébar Belmonte: “La interioridad el resultado de una fecunda labor de amplia formación, reflexión y práctica. Es un microclima fértil construido con voluntad, acumulando vivencias de todo orden: cultural, intelectual, experiencial, religioso. Es un campo labrado en profundidad en el que se cultivan y crecen las virtudes y los valores esenciales de la persona.
La interioridad es el remanso y crisol de sentimientos, rincón secreto donde alma, corazón y espíritu dialogan y compiten. Esos factores son el fondo espiritual de la íntima soledad sonora de cada ser.
En nuestro interior se asimilan las vivencias y se gestan las decisiones y los proyectos. Solo el ser humano dispone de este santuario espiritual para gobernar su vida”. (Cfr. Hermano Lorenzo Tébar Belmonte, Fsc. Los valores que acompañan a la interioridad. Revista de la Universidad De La Salle. Enero 2015. Ciencia Unisalle. https://ciencia.lasalle.edu.co › cgi › viewcontent).
Los humanos somos gregarios y cooperativos por naturaleza, sobre todo con otras personas que poseen fines, principios y objetivos comunes para el desarrollo de su grupo. Trabajan en equipo para lograr grandes metas.
Gran parte de la historia de la civilización humana se ha fundamentado en este modo de vida debido a la cohesión de los grupos humanos. Son organizaciones humanas que poseen aptitudes para el desarrollo de la cultura voluntaria y la conducta altruista, que ha beneficiado las costumbres y la praxis para el desarrollo de la humanidad.

Como fundamento social la dignidad humana es el punto de partida de toda ética que busca el bien común. En su condición moral la ética exige que se respete la dignidad de cada persona en todas las decisiones. Como causas inalienables los derechos humanos se basan en la dignidad y la ética los legitima como deberes morales. En relación con la justicia social la ética promueve sistemas que protejan la dignidad de todas las personas, en especial de los más vulnerables.
La ética es el acto racional que incluye a la totalidad del ser. El concepto de virtud se orienta hacia la perfección de un hábito operativo bueno; porque una buena obra también hace bueno a quien hace el bien, dicen Aristóteles y santo Tomás.
Según José Carlos Bermejo: “Humanizar una realidad significa hacerla digna de la persona humana, es decir, coherente con los valores que percibe como peculiares e inalienables, hacerla coherente con lo que permite dar un significado a la existencia humana, todo lo que le permite ser verdadera persona”.(Cfr.¿QUÉ ES HUMANIZAR? José Carlos Bermejo.josecarlosbermejo.es.https://www.josecarlosbermejo.es › 2018/04 › der).
Vivir la ética es ir más allá de las palabras, más allá de los egos, es reconstruir la realidad. La llevamos en nuestro ADN. En la noción interior de lo que es bueno, correcto y justo. La ética, la moral, los principios, los valores y las virtudes están correlativamente integrados: subyacen en nuestra mente, nuestros pensamientos, nuestras actitudes y comportamientos.
La ética es la disciplina encargada de formar el carácter de las personas, las instituciones y los pueblos, los cuales responden a motivos culturales, y los principios, valores y las virtudes guían las conductas de las personas y sus costumbres de acuerdo con la convivencia moral individual y social.

Uncida a la vivencia del amor, la virtud de la dignidad es la manera de enfrentar la vida por sí mismo, de establecer la relación de intimidad con su propia identidad interna, la cual emana de la libertad moral, como substancia de ser derecho innato de todos. La dignidad humana, es ontológicamente posesión corporal y espiritual del ser humano y ello nos diferencia del resto de la naturaleza.
La idea de dignidad personal nace en el origen del cristianismo. El ser humano al considerarse ´creado a imagen y semejanza de Dios´, es una persona libre y, por lo tanto, responsable de sus actos.
La dignidad de la persona humana. El hombre a imagen de Dios.
Creyentes y no creyentes están generalmente de acuerdo en este punto: todos los bienes de la tierra deben ordenarse en función del hombre, centro y cima de todos ellos.
Pero, ¿qué es el hombre? Muchas son las opiniones que el hombre se ha dado y se da sobre sí mismo. Diversas e incluso contradictorias. Exaltándose a sí mismo como regla absoluta o hundiéndose hasta la desesperación. La duda y la ansiedad se siguen en consecuencia. La Iglesia siente profundamente estas dificultades, y, aleccionada por la Revelación divina, puede darles la respuesta que perfile la verdadera situación del hombre, dé explicación a sus enfermedades y permita conocer simultáneamente y con acierto la dignidad y la vocación propias del hombre.
La Biblia nos enseña que el hombre ha sido creado «a imagen de Dios», con capacidad para conocer y amar a su Creador, y que por Dios ha sido constituido señor de la entera creación visible para gobernarla y usarla glorificando a Dios. ¿Qué es el hombre para que tú te acuerdes de él? ¿O el hijo del hombre para que te cuides de él? Apenas lo has hecho inferior a los ángeles al coronarlo de gloria y esplendor. Tú lo pusiste sobre la obra de tus manos. Todo fue puesto por ti debajo de sus pies (Ps 8, 5-7).
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Pero Dios no creó al hombre en solitario. Desde el principio los hizo hombre y mujer (Gen l,27). Esta sociedad de hombre y mujer es la expresión primera de la comunión de personas humanas. El hombre es, en efecto, por su íntima naturaleza, un ser social, y no puede vivir ni desplegar sus cualidades sin relacionarse con los demás.
[…] Al proclamar el Concilio Vaticano II la altísima vocación del hombre y la divina semilla que en éste se oculta, ofrece al género humano la sincera colaboración de la Iglesia para lograr la fraternidad universal que responda a esa vocación. Sólo desea una cosa: continuar, bajo la guía del Espíritu, la obra misma de Cristo, quien vino al mundo para dar testimonio de la verdad, para salvar y no para juzgar, para servir y no para ser servido. (Cfr. CONSTITUCIÓN PASTORAL. GAUDIUM ET SPES. SOBRE LA IGLESIA EN EL MUNDO ACTUAL).