No al caos, no al fanatismo islámico, no al comunismo

 No al caos, no al fanatismo islámico, no al comunismo

«La aspiración democrática no es una simple fase reciente de la historia humana. Es la historia humana»

-Franklin D. Roosevelt-

Adriana Núñez, periodista Visión CR

(Foto de portada tomada de Delfino CR)

Antes de desarrollar la ideas que más abajo expongo, quiero dejar dos aspectos claramente establecidos:

  1. Me encuentro en una etapa de la vida, en la cual lo menos que deseo es inmiscuirme en situaciones que me roben la serenidad y la paz.
  2. Aunque repelo -y públicamente he criticado- muchas de las actuaciones de representantes del gobierno anterior y del actual, siempre prevalece en mi ánimo la aceptación indiscutible de que en ambos casos, fueron electos por una mayoría contundente. La voluntad mayoritaria de los costarricenses expresada en las urnas merece enorme respeto, sean cuales sean las razones que la motivaron.

Dicho lo anterior, de inmediato debo agregar, que si surgiera la necesidad evidente de defender a toda costa la constitucionalidad y la estabilidad democrática del país, me verán, cual soldado, portando capa y espada.

Y estoy segura de que muchos otros lo harían. Como bien lo señaló José Martí en una inigualable carta dirigida a Pío Víquez, tengo siempre presente “la bondad con que Costa Rica ha premiado en mí, viajero humilde y silencioso, el amor y vigilancia con que los americanos, unos en el origen, en la esperanza y en el peligro, hemos de mantener a esta América nuestra”…

La vocación democrática de Martí fue, como lo es la de la mayoría de los costarricenses, innegable. Pero por ello, no hay que atender mensajes emitidos por grupos y personajes que ni son ni nunca serán verdaderos demócratas.

Y ahora voy al grano:                   

La democracia moderna reside en un sistema multipartidista donde cohabitan diferentes corrientes ideológicas; gracias a ello,  se cuenta con la posibilidad de que diversos grupos puedan alternarse en el poder político a través del voto.

Aunque algunos “lobos enfundados en piel de oveja” quieran hacernos pensar lo contrario, resulta evidente y ha sido históricamente probado, que el comunismo se inclina por operar bajo un sistema de partido único que excluye cualquier competencia y prohíbe todo amago de oposición.

Mientras la democracia liberal protege el derecho a la propiedad privada y la libre empresa, pilares de la libertad individual y económica, el comunismo busca desde su raíz, la abolición de la propiedad privada de los medios de producción, los cuales pasan directamente a manos del Estado, que además utiliza la represión para anular derechos y libertades individuales en procura del control total sobre la población.

Adicionalmente, es preciso recordar que el comunismo no acepta la religión pues precisamente uno de sus propósitos es impulsar el ateísmo, en detrimento de códigos morales que defienden las relaciones de familia, el valor de la vida, etc. etc.

Caos en Europa ¿a qué o a quienes responde?

En las últimas horas el gobierno de Francia ha tenido que implementar toque de queda debido a la gravedad de los acontecimientos

Lo que vemos en estos días en Europa, no es más que una alianza estratégica de grupos radicales islamo-izquierdistas a nivel mundial, a los cuales no les importan los valores profundos sino la subordinación de las masas a sus propósitos fundamentales de control total.

Pese a apoyarse en bases distintas, tanto los islamistas como los comunistas, comparten características comunes entre las cuales, según lo han reseñado expertos en la materia, destaca el hecho de que ambas corrientes “subordinan al individuo a una causa superior y absoluta: la revolución de clases en el comunismo y la ley divina (sharía) en el islamismo”. Y por ello, en su fuero interno, aunque de la boca para afuera traten de disimularlo, no aceptan la democracia ni la autonomía moral o la pluralidad política individual que ella permite.

En las gravísimas revueltas que están experimentando naciones europeas tales como España, Francia e Italia, ambos movimientos han encontrado puntos de confluencia en su rechazo frontal a la cultura y la influencia política de Occidente. Y por conveniencia, durante sus manifestaciones callejeras, permiten además que delincuentes y violentos fanáticos, arrasen a su paso lo mismo con edificios históricos, símbolos patrios e instituciones de larga data, que con negocios de diversa índole, los cuales saquean indiscriminadamente.

Aúllan los” lobos” ticos

Y mucho ojo, aunque los sucesos estén ocurriendo allá lejos, en el Viejo Continente, envalentonados por los destrozos, quemas de banderas, gritería y agresividad extrema -hechos que incluso alcanzaron en meses pasados a varias ciudades norteamericanas- ya los “comunistas” ticos -están realizando sus llamados presuntamente para que, en suelo patrio, una masa amorfa, letalmente desprovista de valores y marcadamente ajena a las crudas realidades experimentadas en estos días por otras naciones del mundo, “se tire a las calles”. ¿Con qué finalidad? Con la de despedazar y arrasar con todo lo que encuentre a su paso.

No se confunda, ciudadano. Aunque algunas cosas no caminan como usted lo desea, la violencia extremista no le sirve a ninguna sociedad. Ejemplos cercanos lo tenemos en nuestro propio continente: Cuba, Venezuela, Nicaragua…

En Democracia hay instrumentos que se pueden utilizar para que los ajustes e incluso hasta los cambios, se realicen apegados a la ley y el orden, de manera puntual, pero pacífica e inteligente. Ud. desde cada rincón de la geografía patria, puede hacer valer sus ideas ante representantes comunales, provinciales, diputados y otros funcionarios gubernamentales. Defender nuestro sistema democrático implica respetar las leyes, el pensamiento ajeno y procurar que la sociedad se desarrolle en un ambiente de colaboración, justicia, legalidad, libertad  y paz.

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