César G. Fernández Rojas, profesor jubilado, miembro fundador Comisión Nacional de Ética y Valores.

«Pienso luego existo». René Descartes. «Siento luego existo. Ana Asencio: a menudo, eres más lo que sientes que lo que piensas.
Fundamenté este artículo en el libro Neurofelicidad de la Dra. Ana Asencio, 2025.
El conocimiento del cerebro es una de las fortalezas inexpugnables al desarrollo de la neurociencia. A pesar de los cientos de años en los que los seres humanos han tratado de descifrar los misterios de la mente, el cerebro sigue siendo, en su mayor parte, un gran desconocido.
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La neurociencia es la rama de la medicina que estudia el sistema nervioso y el cerebro desde un punto de vista biológico como químico. Su finalidad es comprender el comportamiento humano y constituye una delas fronteras más fascinantes de la ciencia contemporánea.
La vida es energía¿ Cuál es la relación del cerebro, la ciencia, la psicología y el alma? Según Asencio: La vida es química y física; es decir, la vida es energía. Somos moléculas que se relacionan a través de los intercambios químicos e impulsos eléctricos: somos agua, somos materia. Somos alma y energía. Propone una visión integral y sistémica del ser humano, donde la felicidad no depende solo de pensamientos o estados mentales, sino de la interacción entre la biología, la memoria corporal y los hábitos que cultivamos.
Nuestras emociones y nuestros deseos son pura química. Y nuestros pensamientos nacen de la química y la electricidad. Entonces, ¿Qué soy yo? ¿Quién es ese ser que observa, intuye, que hace preguntas? Es tu conciencia.
El cerebro es el órgano de la mente. Según Asencio, hoy sabemos que el cerebro está compuesto por 86 millones de neuronas que se interconectan de manera sorprendente. El cerebro está dividido en tres grandes bloques: el cerebro primitivo, instintivo, vela por nuestra supervivencia, es reactivo no piensa; este cerebro reptiliano está compuesto por el tronco encefálico y el hipotálamo. El cerebro emocional o límbico procesa las emociones, reacciona a lo que sucede interna y externamente. El cerebro racional, el que piensa, se ubica en la corteza o neocórtex y es la parte más desarrollada.

Tenemos una herencia del racionalismo en querer controlar las emociones, cuando son algo natural y humano: estamos llenos de amor, tenemos mente y emociones. Cuando la razón es llevada al extremo hace que todo se centralice en la mente y el pensamiento, en el lenguaje y el intelecto. Sin embargo, somos mucho más que eso, somos cuerpo, somos órganos con inteligencia intrínseca, somos piel, somos sistema nervioso, somos alma (y agrego el espíritu).
Somos un cuerpo que funciona de manera interconectada y holística, como un sistema integrado, donde cada parte está vinculada con las demás, y donde la salud no depende solo de la ausencia de enfermedad, sino del equilibrio integral entre lo físico, lo mental, lo emocional y lo espiritual.
Todo afecta a todo. Para Ana Asencio, todo afecta a todo: los pensamientos influyen en nuestra piel, los alimentos en nuestros pensamientos, los hábitos en nuestros riñones… la salud, las emociones y la conciencia están muy unidas. El cerebro primitivo, emocional y racional están íntimamente interconectados e influyen uno en otro.
“Los 86 millones de neuronas se comunican entre ellas a través de pequeños impulsos eléctricos que se pueden medir: son las ´ondas cerebrales´. Estas ondas son cambiantes y varían según lo que estamos haciendo y sintiendo: son un reflejo directo del sistema nervioso central. Nuestra actividad cerebral y nuestras vivencias son inseparables. Si estamos relajados, optimistas o emocionados positivamente, tenemos una composición de ondas diferente de cuando estamos ansiosos, deprimidos, irritables, con insomnio, en estado de soledad y abandono. Si el sistema nervioso central tiene un desequilibrio se podrá observar que están ondas están alteradas: ello conlleva malestar, alguna patología que afecta la calidad de vida”. (Cfr. Ana Asencio. Neuro felicidad. Penguin Random House, Grupo Editorial. Rocabolsillo. Barcelona. Mayo 2025, pp. 11-25).

Características de las ondas cerebrales. Las ondas delta (1-3 Hz). Son lentas, poseen mayor amplitud. Predominan cuando se duerme y durante el sueño. También se observan durante la meditación. Se relacionan con actividades corporales de las que no somos conscientes: regulación del ritmo cardíaco y la digestión. Un nivel adecuado de estas ondas favorece y cuida el sistema inmunitario y nuestra capacidad para aprender, coincide con la regeneración del sistema nervioso central y el mantenimiento óptimo de nuestras funciones cognitivas.
Las ondas theta (3-8 Hz). Predominan cuando los sentidos procesan información interna y la persona se desconecta del mundo exterior. También se encuentran durante la meditación profunda. Favorecen el aprendizaje y la memoria. Están presentes en la transición de la vigilia al estado del sueño. Hay ondas theta en estados de intuición o al procesar información inconsciente: en traumas, pesadillas y miedos. Personas con problemas de atención las producen en exceso. Sin embargo, en un nivel adecuado favorece la creatividad, la conexión emocional e incluso la intuición.

Las ondas alfa (8-13 Hz). Predominan durante el reposo, relajado pero despierto, atento y tranquilo. Es el estado de calma y serenidad. Aunque el cerebro esté relajado, a la vez está listo para la acción si fuera necesario. Esta frecuencia ayuda a la coordinación mental, la integración cuerpo-mente y la respuesta atenta. También el cerebro la utiliza como gratificación después de un trabajo bien hecho. Se activa como una auto recompensa interna que da placer y relaja al cerebro para prepararlo para la siguiente tarea.
Las ondas beta (12-33 Hz). Predominan durante el estado de vigilia, cuando la atención está dirigida a tareas cognitivas externas: actividades cotidianas que requieren concentración, cuando hay que estar alerta porque necesitamos estar pendientes de múltiples estímulos. La frecuencia es rápida durante la toma de decisiones, cuando el sistema nervioso central requiere concentración en cogniciones altamente complejas, cuando integra nuevas experiencias y aprendizajes, además de capacidad y memoria. Un exceso de ondas beta conduce a estados de excitación y una sobre activación neuronal consume mucha energía que deriva en ansiedad o estrés perjudicial. Un nivel bajo podría conducir a un estado demasiado relajado o incluso depresivo.
Las ondas gamma (25-100 Hz). Son ondas rápidas, relacionadas con diferentes procesos de información simultánea en varias áreas del sistema nervioso central. Aparecen cuando el cerebro está resolviendo un problema en alta resolución o concentrado en una tarea de alto nivel meditativo. También se encuentra en estados de espiritualidad, altruismo o amor universal, en su mayor grado de expresión. Las ondas gamma modulan las percepciones y la consciencia. Los estados de felicidad evidencian picos elevados de esta onda. (Cfr. Ana Asencio. Neuro felicidad. Penguin Random House, Grupo Editorial. Rocabolsillo. Barcelona. Mayo 2025, pp. 25-29).

La epigenética. Para alcanzar los estados tranquilidad, sentirnos mejor y alcanzar la felicidad es conveniente vivir en paz consigo mismo, minimizar el estrés, fortalecer la serenidad y vivir en consonancia con los valores que orientan la convivencia cotidiana.
Asencio nos expresa que fue una revolución cuando quedó demostrado que, cambiando nuestras actitudes y hábitos alimentarios, cuidado físico y cuidar el estado emocional, mental (y agrego espiritual), los efectos se desplegarán por todo nuestro cuerpo: que, cambiando nuestras actitudes, hábitos y entrenamiento, se cambia la composición de nuestro ADN, y que ese salto queda para nuestra descendencia.(Asencio Op. Cit. Pp. 29, 30).
El término “epigenética” fue introducido por el biólogo y embriólogo británico Conrad Hal Waddington en la década de 1940. Waddington lo usó para describir cómo los genes interactúan con su entorno para producir el fenotipo, acuñando la idea de un “paisaje epigenético” que representa las trayectorias de desarrollo celular.

Aunque la palabra se consolidó en el siglo XX, sus raíces se remontan a estudios de embriología y biología celular del siglo XIX, que ya exploraban la relación entre herencia y desarrollo. (Párrafos redactados con la ayuda de IA).
Somos sintonía de nosotros mismos y con los demás. Nadie quiere sentirse mal, ¡Cierto!Esto dice Asencio: Apelamos a nuestro corazón para desarrollar emociones evolucionadas: más allá del sentimiento del enamoramiento está el amor, que implica una decisión; más allá del entusiasmo y del optimismo está la felicidad, que también es una decisión; más allá de la tristeza está la compasión.
Háblale al cerebro, funciona por conexiones y estas se producen por la práctica. Hay que hablar con el cerebro para que nos ayude: le tenemos que decir claramente lo que queremos. Lo primero es saber qué nos limita; los segundo, saber qué deseamos, dónde nos gustaría estar, dónde sentimos que somos nosotros mismos, en qué podemos aportar lo mejor de nosotros.
Una vez ahí, el cerebro actúa desde la reflexión, porqué tropezábamos, una y otra vez, con los mismos obstáculos. El cerebro es muy potente, nos va a llevar a donde queramos, pero él no decide por nosotros. El cerebro necesita de tu voluntad y de una actividad metacognitiva para guiar su ejecución. El cerebro es parte primitiva, emocional y racional, parte inconsciente y las múltiples funciones cerebrales. El cerebro necesita saber la ruta que queremos seguir, darle una guía de acción, en presente, en afirmativo y en primera persona. A partir de ahí, hay que verbalizarlo, incluso escribirlo: redactar la menara exacta de transformar nuestros pensamientos y rutas cerebrales. Por ejemplo, me convierto en un gran pianista.

Hay una creencia ancestral grabada en nuestra mente que nos dice que no puedo esta creencia entra en conflicto con tu deseo, porque tú te quieres desarrollar como pianista. Recuerda que el cerebro no olvida, pero si reescribe: genera nuevas rutas, nuevas conexiones, siguiendo pautas simples:
- Sé consciente de lo que quieres.
- Práctica. Empieza a hacerlo.
- Repetición. Sigue intentando, no desistas.
- Hábito. La repetición, con el tiempo, te llevará a crear una costumbre, y habrás conseguido lo que te propusiste alcanzar en tu vida.
Es entrenamiento porque el cerebro no es un músculo, pero funciona como tal, bajo la premisa, que, en la mayoría de los casos, funciona a base de práctica. Al poner el foco de atención en lo que nos interesa, a ello se denomina “sistema de atención reticular ascendente”. El entrenamiento te llevará a tu objetivo. Lo importante es que siempre haya un diálogo interno entre corazón y razón para saber que la ruta que has tomado te hace feliz.
La razón y el corazón. La corteza es la zona más evolucionada del cerebro; es la que tiene “las funciones cognitivas superiores”: piensa, razona, asocia, decide, posee la memoria (hipocampo). Elabora la música. El estímulo ingresa por el oído y va hasta el tronco encefálico, después pasa a la zona del hipocampo-que es la memoria- y a la amígdala –que es la zona emocional-, y allí se mezcla, nos trae recuerdos; de allí a la zona orbitofrontal (en la frente): y ahí es donde pensamos de más y tomamos decisiones.
Sin embargo, hace mucho tiempo nos dimos cuenta de que en nuestro bienestar intervienen muchos órganos. Hoy se habla del corazón y el intestino, pero hay muchos más. Una parte esencial de la comunicación entre la razón y el corazón radica en que el corazón tiene más de 40.000 neuronas. Son células inteligentes que se comunican y transmiten información. El campo electromagnético del corazón, el que mueve toda nuestra energía interna, es 50.000 veces mayor que el del cerebro. Así que hablando claro, ¿quién está realmente al mando? Para analizar una decisión íntima profunda, la razón necesita poner todo tu cuerpo a tu servicio: encontrar dónde está la inteligencia cardíaca para unir razón y corazón. (Cfr. Ana Asencio. Neuro felicidad. Penguin Random House, Grupo Editorial. Rocabolsillo. Barcelona. Mayo 2025, pp. 29-32).

El mapa del cerebro. El capítulo 2 del libro presenta una detallada y agradable descripción del cerebro como ordenador central de nuestro cuerpo, donde toda información que tenemos del exterior y el interior de procesa a fuego rápido para tomar decisiones racionales y ejecutarlas. Esa comunicación de produce a través del sistema nervioso mediante un complejo conjunto de neuronas y células encargadas de dirigir, supervisar y controlar todas nuestras funciones y actividades: es un sistema que recorre todo tu cuerpo, creando conexiones desde la punta de los dedos de tus pies y manos hasta la parte más interna de tus órganos, tu cerebro y tu corazón.
La primera división general es estructural y se fija en las partes que podríamos tocar si lo tuviéramos en nuestras manos y en las que podríamos ver al microscopio. ¿qué es estructural: las neuronas, los lóbulos, los hemisferios, el cerebelo, el cuerpo calloso, el tronco encefálico, el hipocampo, la ínsula, la amígdala, la glándula pituitaria, el tálamo y el hipotálamo.
La segunda división general del cerebro tiene en cuenta que las áreas y estructuras cerebrales trabajan con cierta especialización. El cerebro funciona sobre todo mediante conexiones entre sus partes, y esto le dota de mucha plasticidad funcional. La teoría vigente defiende que la estructura del cerebro es plástica, es decir, moldeable y muy adaptativa, sobre todo mientras está en desarrollo.

Para Asencio el cerebro funciona por especialización de áreas, mediante la conexión entre ellas. Esta dimensión maravillosa nos permite favorecer esas conexiones, ¡y es mucho!
Posee dos hemisferios –izquierdo y derecho- unidos por un puente: el cuerpo calloso, que facilita la circulación de la información de un lado a otro. El hemisferio derecho tiene el control de la parte izquierda de nuestro cuerpo; el izquierdo, controla la zona derecha.
El hemisferio derecho es una estructura viso espacial, no verbal, analiza los elementos visuales y espaciales. Es protagonista en el desarrollo de la música y su aprendizaje. No presenta un funcionamiento analítico, es para actividades sintéticas; formula hipótesis, ideas, extractos y resúmenes. Analiza por medio por medios deductivos, integrados y globales. Es holístico, su visión es amplia y generalizada. Es geométrico-espacial por sus habilidades espaciales y geométricas. Produce imágenes mentales y construcciones formales. Permite la percepción del mundo en términos de color, forma y ubicación; nos permite situarnos, orientarnos, identificar lugares, objetos y rostros. Concibe las situaciones y las estrategias del pensamiento de una manera integrada. La información captada por el ojo izquierdo es procesada en el hemisferio derecho. Tiene un papel relevante en la creación de sentimientos, prosodia y habilidades visuales y sonoras.

El hemisferio izquierdo es verbal: utiliza palabras, describe y define aspectos interiores y externos. Es protagonista en el desempeño de actividades relacionadas con el lenguaje y la memoria verbal. Aparte del lenguaje, emplea símbolos para la representación de los objetos externos. Asocia símbolos y sus significados. Es analítico: procesa los elementos paso a paso, es inductivo y permite el pensamiento crítico y descriptivo de las personas. Es objetivo, detallista, permite realizar observaciones específicas y desarrolla el pensamiento concreto. Es abstracto: toma un pequeño fragmento de la realidad y lo emplea para representar el todo. Va de lo concreto a lo general. Es temporal: sigue el paso del tiempo. Ordena hechos en secuencias temporales y situacionales. Analiza empezando por el principio y adopta un funcionamiento organizado y secuencial. Esencialmente, brinda un pensamiento racional. Permite las conclusiones basadas en la razón y los datos examinados. Es digital: utiliza los números. Tiene un papel activo en la actividad de contar. Es lógico: sus conclusiones siempre se basan en la lógica, en un orden justificado. Es lineal: siempre piensa en términos de ideas encadenadas; un pensamiento sigue a otro, es convergente. Sus funciones están basadas en el habla, la escritura, la lógica y la matemática. Conforma la región motriz que reconoce grupos de letras que forman palabras y palabras que forman frases. También se le llama hemisferio verbal. Desarrolla las facultades para transformar la información en un conjunto de palabras, gestos y pensamientos. Es el centro de la facultad de la expresión: comprende las ideas y los conceptos, los almacena en un lenguaje no verbal y, posteriormente, traduce esos elementos en lenguaje o idioma determinado. Posee el control motor del aparato fonoarticulador, se especializa en el lenguaje articulado, el manejo de información lógica, el pensamiento proporcional, el procesamiento de información en serie y manejo de la matemática. Tiene un papel principal en la memoria verbal, asuntos gramaticales del lenguaje, organización de la sintaxis, discriminación fonética, atención focalizada, planificación, toma de decisiones, control del tiempo, memoria del largo plazo. Las pruebas de rendimiento intelectual evalúan principalmente este hemisferio; por tal razón un CI es la valoración de la inteligencia raciona, dejando de lado la emocional y la espiritual.
A pesar de las funciones particulares de ambos hemisferios, éstos pueden participar de forma conjunta en la realización de todas las actividades cerebrales.

Los lóbulos del cerebro son regiones de la corteza cerebral, cada una con funciones específicas que permiten coordinar pensamiento, percepción y acción:
- Frontal: exclusivo del ser humano por la capacidad visualizar el futuro de la vida, imaginar proyectando, retener los pensamientos, controla el razonamiento, la planificación, el lenguaje, el movimiento voluntario, adaptarnos al cambio y regular las emociones.
- Parietal: procesa la información sensorial (tacto, temperatura, dolor) y la orientación espacial. Asocia todas las partes del cuerpo y sus zonas, donde se percibe el tacto.
- Temporal: interviene en la memoria, el reconocimiento de sonidos y el procesamiento del lenguaje.
- Occipital: se encarga de la integración visual.
- Ínsula (a veces considerada un quinto lóbulo): relaciona las emociones, la percepción interna del cuerpo y las funciones sociales.
En conjunto, su finalidad es coordinar percepción, pensamiento, memoria, emoción y acción, haciendo posible la experiencia consciente y la interacción con el entorno.
El capítulo 2 contiene mayor información: el hipocampo: botón de los recuerdos, realiza neurogénesis, en la que nacen nuevas neuronas a lo largo de la vida. Está muy relacionado con la memoria y la producción de estados emocionales. Tiene un papel importante en la consolidación de los aprendizajes. De seguido diserta acerca de la frontera entre el consciente y el no consciente; describe la corteza cingulada anterior, la corteza cingulada medial, el giro cingulado posterior y la corteza retrosplenial. Desarrolla la zona de la Ínsula como el próximo lóbulo cerebral; la función ligada al sistema límbico: percepción del gusto y el olfato; el control visceral y la percepción somática; la función vestibular; la integración de información emocional y perceptiva; la implicación en adicciones: deseos y craving (intenso deseo de consuma); así como la empatía y el reconocimiento emocional.
Describe las regiones que completan el mapa cerebral: el tálamo, el hipotálamo, la glándula pineal o epífisis, la hipófisis y la neurona: la reina de la casa. Plantearé en la segunda parte de este artículo el tema de las neuronas y un resumen del capítulo 3: Más allá del cerebro.(Cfr. Ana Asencio. Neuro felicidad. Penguin Random House, Grupo Editorial. Rocabolsillo. Barcelona. Mayo 2025, pp. 32-68).