Carlos Manuel Echeverría Esquivel, ex viceministro en OFIPLAN.

Actualmente Costa Rica tiene una capacidad de generación instalada de 3600 megawatts de energía sostenible localmente generada, que se traduce en la práctica, en un promedio de unos 3000 megawatts, según se dice en el “ambiente energético”.
Esta suma equivale a un 30%, nadie me ha podido decir con exactitud, de la demanda energética nacional, que termina de satisfacerse con un 70% de hidrocarburos importados en sus diferentes formas, todas contaminantes, incluyendo el gas natural, del que algunos hablan de “bellezas” que no lo son, aunque es un paliativo.
Para darle vuelta a esa ecuación 70-30%, tan nociva e insostenible a largo plazo, Costa Rica necesita generar al menos 7,200 megavatios, en forma sostenible ambientalmente de fuentes renovables internas de aquí al año 2050, que, aunque no parezca, en términos de la vida de una nación, está “a la vuelta de la esquina”. Allí precisamente “está el detalle”, diría don Mario Moreno.
Recientemente participé en un bien conducido evento promovido por la Cámara costarricense-española de comercio, de análisis del proyecto de ley conocido como “armonización del mercado eléctrico”.
Lideró el debate con mucha precisión y excelencia el ingeniero Salvador Sánchez, quien durante años estuvo ligado al ICE, específicamente como director del Centro Nacional de Control de Energía (CENCE), que funciona desde el ICE para todo el sector. Dirige, coordina y opera en tiempo real el Sistema Eléctrico Nacional (SEN).
El verdadero reto no es abastecer la demanda de energía eléctrica, tomando en cuenta su crecimiento natural. En sus análisis de demanda futura, el ICE no parece tomar en cuenta en su plena dimensión, que el reto es el dar vuelta a la matriz 70-30%, anteriormente descrita.

O sea, prepararse para atender una mayor demanda por vehículos eléctricos que tenderán a reemplazar a los convencionales, enfrentar aumento de consumo de energía eléctrica per cápita de una sociedad que progresa, la reconversión energética del régimen definitivo, abastecer al transporte colectivo electrificado y la demanda del rubro industrial al que Costa Rica acertadamente está apostando, de alta tecnología de punta, intensivo en energía eléctrica y generador del empleo que nuestros jóvenes requieren y que los sectores productivos encadenados necesitan.
RECOPE se vanagloria en su publicidad institucional de que abastece ese 70% de energía y a fe que lo hace bien. Pero ese no es el futuro. El futuro está en la sustitución del combustible fósil por energía eléctrica renovable, como ya se comentó.
Y aquí viene el ineludible “baño de realismo” y “ubicatex”. El ICE, la entidad estratégica que tanto nos ha dado y que conviene conservar a pesar de sus recientes “tortas”, como en el sector financiero convino conservar al BNCR, no está en capacidad de darle vuelta a la tortilla por sí solo. Razones como las siguientes son de tomar en cuenta:
- En la práctica, es demasiada carga para una sola entidad, tanto construir, como operar. Si insistimos la vamos a asfixiar y nos va a quedar mal.
- El requerimiento en recursos financieros que no tiene nuestro país en vías de desarrollo, superan las posibilidades legales y de sanidad financiera del ICE y del país, que tiene también otras necesidades que financiar con recursos externos.
- Depender de una sola instancia es cada vez más arriesgado, pues en la práctica, la generación privada facultada legalmente y la que generan las nobles cooperativas son relativamente pequeñas y lo seguirán siendo si no se mejora la legislación, para cumplir con la demanda actual y futura, tomando en cuenta el desafío del 70-30%.
- Sin energía relativamente barata y confiable integralmente, el desarrollo de los sectores mencionados altamente empleadores, no se materializará. Quedaríamos en un serio estado de indefensión y condenados al subdesarrollo, con consecuencias sociales muy duras.
- La imagen de un país que promueve inversión extranjera, pero no en un sector en el que claramente va a fallar al no abastecer los requerimientos, es contradictoria…como para “salir corriendo”.
- A las empresas no les gusta las alianzas estratégicas con entidades públicas locales controlantes, pues las limitan en su operación: se le pegan al proyecto “las pulgas” del socio nacional. Hay esquemas como el BOT (built-operate-tranfer) que pueden ser útiles, si a las empresas inversoras no se les amarra funcionalmente. A los fondos de pensiones y privados nacionales, se les pueden abrir oportunidades impensadas, si se acompañan con los socios externos operadores adecuados.
Consecuentemente, si queremos seguir progresando y evitar chocar con pared respecto a la importación de los hidrocarburos, si no es que antes nos asfixiamos por la contaminación, lo que corresponde es aprobar prontamente legislación de apertura del mercado eléctrico sostenible nacional, para inversión nacional y extranjera, dándole vida por supuesto a un CENCE pero fuera del ICE, ECOSEN, le han llamado.
Llámese como sea, lo importante es entender que no es posible la coexistencia con un actor del peso como el ICE siendo juez y parte, como lo hace hoy en día, en un futuro MEN (Mercado Eléctrico Nacional) abierto.
Inaceptable para los inversionistas. El ICE, como atinadamente se ha planteado, seguirá manejando la red de distribución y parte importante de la generación de energía eléctrica renovable; estaría blindado, lo que conviene a los costarricenses.
Sin duda el ICE tendría su propio CENCE institucional. Si políticamente se complica el CENCE fuera del ICE, busquemos un esquema que lo libere de los designios del ICE, instancia que a veces funciona en un modo defensivo impresionante, lo que no conviene ni se justifica.
Se dice que ya el gobierno de la república tiró la toalla, que no va a insistir más en el proyecto de ley de armonización y que el ICE asumirá un nadadito de perro generando energía solar, lo cual es un paso en la dirección correcta, pero apenas da para llegar a las próximas elecciones sin apagones. Eso preocupa y no debería ser. Sería una actitud irresponsable tomar ese camino. Invito a las partes a negociar y ponerse de acuerdo, aceptando la realidad cruda como es y el que Costa Rica y el empleo, no se pueden apagar.