Adriana Núñez Artiles, Visión CR
«Hora de la Democracia y la Libertad. Hora de que haya prosperidad. NO al dialogo con dictadores. Si a la LIBERTAD total».
(Carlos Alberto Montaner, periodista, escritor y político cubano,1943-2023)
Hoy se celebra en varias latitudes, el día de los fieles difuntos. Además de evocar el bello rostro de mi esposo y amigas que partieron antes, no puedo menos que recordar a mis ancestros: abuelos, tíos, padres, todos ellos nacidos en Cuba y obligados a salir al exilio por los peligros que -como opositores al régimen comunista de la isla- tuvieron que enfrentar. Murieron sin volver a ver su tierra natal, pero con la añoranza reflejada en sus ojos hasta el último suspiro. Aunque ahora descansan en paz, es mi deber honrar su memoria.
Les debo la vida y las oportunidades que su decisión de alcanzar libertad para sus descendientes en territorio costarricense, me ha brindado. Y por eso, sigo alzando la voz con el propósito de darle visibilidad a la situación de esa tristemente célebre cárcel que algunos llamaron, en otros tiempos, “la Perla de las Antillas”. Donde también quedó mi cordón umbilical.
Un fantasma entre las garras del comunismo
Ni en los foros internacionales ni en las noticias importan ya los sucesos que han ido aniquilando la geografía, los edificios históricos, los innumerables logros económicos, tecnológicos, artísticos, culturales y por supuesto, la salud física, moral y mental del pueblo cubano.

Desde hace 66 años la lucha frontal de la izquierda radical en Cuba, ha estado enfocada en la erradicación del nombre de Dios, en la destrucción de la familia y en sustituir los valores más preciados a través de un adoctrinamiento forzado y la suspensión de las libertades inherentes a cualquier ser humano.
No obstante, a la destrozada isla caribeña le queda un solo -y nefasto-legado que debería servir de ejemplo y captar la atención de las naciones de distintos continentes y sobre todo, la de los países americanos: el de ser muestra fehaciente de la crueldad, soberbia y absolutismo de un régimen oprobioso integrado por una tiranía sanguinaria que todo lo desgarra, hasta el espíritu. Fijémonos en ese espejo…
El recuento de las acciones del comunismo en Cuba, se puede medir no sólo en dolor, pérdidas y lágrimas sino también en números:
Apagones eléctricos que alcanzan hasta 20 horas al día en muchas de sus extenuadas localidades. De ello, incluso la izquierdista cadena CNN ha dado cuenta en varios programas especiales.
Otros reportes señalan la inoperancia de una economía que desciende alrededor de 1.5 por ciento anualmente desde hace más de seis décadas.

A pesar de haber sido uno de los principales exportadores de azúcar, desde hace años la producción viene de picada; para ejemplo un botón: según la agencia noticiosa EFE, la zafra 2024/2025 tuvo el peor resultado en más de un siglo: no llegó a las 150.000 toneladas y fue menos de la mitad del balance previo.
La ya raquítica canasta básica ha sufrido una baja imperdonable y el hambre afecta sobre todo a los niños, asalariados y pensionados que no reciben remesas del exterior para cubrir sus necesidades. Entre otros productos, escasean la carne, el arroz, los frijoles, la leche y el aceite, e inclusive el azúcar…Por supuesto también las medicinas y hasta el agua potable.
El déficit habitacional ronda las 800,000 viviendas y una gran cantidad de las existentes, están en precarias condiciones.
A pesar de que la dictadura y los defensores de la cacareada “revolución cubana” no permiten indagaciones profundas para estimar el número de personas fallecidas al lanzarse en balsas al mar o porque fueron fusilados durante los primeros años del régimen, además de los que han muerto en cárceles o se señalan como “desaparecidos”, dicha cifra asciende según estimados de hace una década, dados a conocer por dirigentes democráticos, a más de 7.000 personas asesinadas por el Estado.
Según lo publicó la BBC en diciembre de 2015, de esos miles de muertos, 3.116 fueron fusilados y otros 1.166 fueron ejecutados extrajudicialmente. Tanto el exilio cubano como el medio de comunicación, reconocieron que lamentablemente es «muy difícil» saber los números exactos. Y en la última década no se han podido -o no se han querido- divulgar datos más recientes y precisos.

A esos recuentos se suman los “balseros cubanos” que han perdido la vida en su afán de llegar a tierras de libertad. Se reconocen que “son decenas de miles” pues desde 1959, huyendo de la tiranía, comenzaron a salir familias enteras. Tan solo entre 2014 y 2024 se indicó que se han registrado al menos 1100 muertes y “desapariciones” de cubanos en la ruta marítima hacia Estados Unidos. Obviamente no todos los cadáveres llegan flotando a la orilla.
Cubanos en estampida
Mejor suerte corrieron quienes formaron parte del éxodo del Mariel en 1980, momento en el que lograron escapar de la isla más de 125.000 personas. La mayoría se quedó viviendo en el estado de Florida, Estados Unidos.
Y más recientemente, tras el recrudecimiento de la hambruna y las precarias condiciones habitacionales y de salud, se suman quienes a pie, remando o como les fuese posible, abandonaron Cuba a partir de 2022. Una cifra que alcanza más de 850.000 cubanos.

La izquierda radical, siempre oportunista, de barba y botas y discurso “solidario de la boca hacia afuera” pero ferozmente impositiva, conculcadora de derechos e infinitamente hipócrita, solo ha traído a Cuba -y a otras naciones en donde asume el poder político- fracaso económico, demolición moral y estrangulamiento social.
Y aunque a estas alturas la desolación en la isla se percibe como si fuese el hedor de un cuerpo humano en estado de putrefacción, al menos queda la esperanza de que aquellos que conozcan la información, la compartan; y que ello sirva de base para tomar mejores decisiones a la hora de elegir a quien o a quienes apoyar, para la delicada conducción del destino de cada pueblo.