Andrea Marín Castro y Jennifer Jiménez Córdoba, periodistas UCR.
El programa del Centro Nacional de Ciencia y Tecnología de Alimentos (CITA) fortalece emprendimientos mediante ciencia, innovación y acompañamiento especializado.
Desde una bebida de avena con alto contenido proteico, una mezcla en polvo para preparar helados, hasta una barra elaborada con semilla del árbol de guanacaste, dieciséis nuevos productos alimentarios desarrollados por personas emprendedoras costarricenses dieron un paso decisivo hacia el mercado gracias al acompañamiento del Centro Nacional de Ciencia y Tecnología de Alimentos (CITA) de la Universidad de Costa Rica (UCR).

Los prototipos fueron presentados durante el acto de clausura del programa CITA Colab 2026, en el marco de BioInnova Tech Matchmaking Sector Alimentario, ejecutado para el Instituto Nacional de Aprendizaje (INA) y el Ministerio de Ciencia, Innovación, Tecnología y Telecomunicaciones (Micitt).
Detrás de cada prototipo existe una historia de aprendizaje y transformación

Gloriana Blanco, fundadora de Avena Viva, explicó que inicialmente desconocía muchos de los requisitos técnicos y regulatorios necesarios para convertir una idea en un producto comercial.
«Yo no sabía nada. Aquí aprendí todo: requisitos técnicos, aspectos legales, vida útil del producto y hasta el desarrollo del empaque. Todo esto fue gracias a la Universidad de Costa Rica», comentó.
Su producto es una mezcla en polvo a base de avena con frutos rojos y chía que aporta 20 gramos de proteína por porción, sin azúcares añadidos ni colorantes artificiales. La emprendedora espera iniciar su comercialización en las próximas semanas mediante redes sociales y venta directa.

Otro de los proyectos destacados corresponde a Rodrigo Crovetto, quien desarrolló una barra proteica elaborada con harina de semilla del árbol de guanacaste. El emprendedor ya comercializa otros productos derivados de esta materia prima como mantequilla y harina y encontró en BioInnova Tech la oportunidad para diversificar su oferta.
Aunque llegó con una idea específica, el acompañamiento técnico permitió reformular el concepto inicial hasta alcanzar una propuesta con mayor potencial de mercado. Actualmente, la barra ya cuenta con pedidos y se espera su ingreso a hoteles del país una vez concluido el proceso de empaque.

También figura el caso de Katia Rodríguez Castro, quien desarrolló una mezcla en polvo para preparar helados en casa.
“Lo que queremos es que haya una experiencia familiar en casa, que puedas tener tu mezcla en polvo, para hacerlo en cualquier momento y para cualquier ocasión”, señaló Rodríguez.
Durante ocho meses, el equipo realizó cerca de 25 prototipos hasta alcanzar la textura y consistencia deseadas. Actualmente, el producto se encuentra en proceso de registro sanitario y podría salir al mercado una vez completado ese trámite.

En tanto, Javier Villalobos Granados creó una bebida alcohólica lista para consumo dirigida al público joven. Gracias al programa logró desarrollar la formulación, definir costos y establecer opciones de producción, por lo que se encuentra a un paso de iniciar su distribución comercial.
La actividad reunió a autoridades universitarias, representantes del sector público y personas emprendedoras que culminaron un proceso de ocho meses de formación y desarrollo tecnológico, el cual permitió transformar ideas en productos viables y con potencial comercial.
Durante la ceremonia, el subdirector del CITA, Manuel Montero Barrantes, destacó que la innovación requiere comprender las necesidades de las personas y responder a las exigencias de sostenibilidad y competitividad que demanda la industria alimentaria actual. Asimismo, subrayó que los proyectos presentados son el resultado de un intenso trabajo de investigación, pruebas y colaboración entre academia, instituciones públicas y sector productivo.
Según explicó Marisol Picado Valenzuela, coordinadora de operaciones de CITA Colab, los 16 proyectos exhibidos representan la culminación de un proceso que abarcó desde la identificación del mercado meta y la validación con consumidores hasta las pruebas técnicas en laboratorios y planta piloto.
«Hoy tenemos dieciséis nuevos productos listos para innovar y ofrecer opciones diferentes al mercado», afirmó.
Picado señaló que las personas participantes llegan al programa en distintas etapas: algunas cuentan únicamente con una materia prima que desean aprovechar, mientras que otras ya poseen una idea de negocio más estructurada. En todos los casos, reciben acompañamiento especializado y personalizado por parte de profesionales del CITA.
La metodología combina sesiones virtuales sincrónicas y asincrónicas, capacitaciones y un seguimiento semanal por parte de gestores que orientan a cada emprendimiento hasta alcanzar un prototipo mínimo viable. El proceso incluye además pruebas en laboratorio y validaciones con consumidores.

Aunque los productos presentados ya cuentan con una formulación validada, aún deben superar procesos regulatorios y de escalamiento antes de su comercialización definitiva.
Para Picado, el programa representa una muestra concreta de cómo la Universidad de Costa Rica pone su conocimiento al servicio de la sociedad.
«Hoy estamos viendo cómo el conocimiento técnico de la universidad se traslada a la industria y genera impacto socioeconómico para impulsar al país», indicó.

Por su parte, la vicerrectora de Acción Social, Anette Calvo Shadid, recordó que desde 2019 se han desarrollado ocho ediciones de CITA Colab con el propósito de formar desarrolladores de productos centrados en las necesidades del consumidor. La iniciativa combina metodologías lúdicas con un sólido respaldo científico para fortalecer los emprendimientos y contribuir al desarrollo de la industria alimentaria nacional.
Calvo destacó además que estos programas fortalecen el vínculo entre la universidad y la sociedad, al promover el intercambio de conocimientos con actores del sector productivo y comercial del país.

La viceministra de Ciencia, Tecnología e Innovación, Antonette Williams Barnett, resaltó que las políticas públicas en ciencia e innovación deben estar centradas en las personas y en la generación de soluciones que respondan a las necesidades de la sociedad. Asimismo, reconoció la trayectoria del CITA como una plataforma que ha demostrado, durante años, la capacidad del país para generar productos innovadores y fortalecer la seguridad alimentaria.
El jefe de la Unidad para el Fomento y Desarrollo Empresarial del INA, Fernando Sánchez Matarrita, enfatizó que el miedo que acompaña a quienes emprenden solo puede superarse mediante conocimiento y acompañamiento. Añadió que programas como este permiten convertir ideas en empresas capaces de contribuir al desarrollo del país.
La experiencia demuestra que la articulación entre universidad, instituciones públicas y sector productivo puede convertirse en una poderosa herramienta para impulsar la bioeconomía y generar productos con valor agregado.
Con dieciséis nuevas propuestas listas para continuar su camino hacia el mercado, el CITA reafirma su compromiso de seguir transfiriendo conocimiento y fortaleciendo la innovación alimentaria como un motor para el desarrollo económico y social de Costa Rica.
