Federico Paredes, analista agroambiental.

Durante la década de los setenta y ochenta, se popularizó una expresión que denotaba una gran admiración por la tecnología de Japón. “Esos increíbles japoneses” apuntaba a realzar el ingenio y la forma de desarrollar diferentes técnicas automovilísticas, computacionales, aeronáuticas, equipos biomédicos y un largo etcétera, por parte de ingenieros y desarrolladores japoneses.
No cabe duda de que los nipones marcaron una ruta para el desarrollo que se convirtió en una especie de paradigma. Muy de cerca le siguieron los coreanos del Sur y casi inmediatamente los chinos de la República Popular de China (RPC).

Sin embargo, China, mejor conocida como el gigante asiático, ha sobresalido tanto, que hasta ha incursionado en el cosmos con cohetes para explorar por su parte el espacio sideral. Muy atrás ha quedado la China de Mao Tse Dong y su “revolución cultural” que limitó drásticamente a sus millones de habitantes inclusive de observar el alunizaje del hombre en la Luna en 1969.
La RPC ya se coloca como una super potencia, por lo menos en lo económico, por detrás de EEUU, su feroz competidor. Quienes defienden su sistema político se dedican a ensalzar al comunismo como una excelente vía para el desarrollo de los pueblos, haciendo caso omiso de que esta nación asiática aplica el eslogan “Un país, dos sistemas”, con lo que alude al sistema político comunista, pero acompañado del sistema económico capitalista.
Es este capitalismo, el que ha permitido que el crecimiento de la RPC sea tan evidente, al punto de haber sobrepasado a los mismos Estados Unidos en temas como ingeniería vial, o trenes de pasajeros de alta velocidad. Sus ciudades con cientos de rascacielos y modernos centros comerciales, son una carta de presentación de que una economía bien dirigida, puede permitir que una ciudad o un país se desarrolle o haga alarde de su fortaleza económica.

Claro, no podemos ignorar que las directrices del Gobierno central señalan las grandes políticas públicas que se tienen que cumplir, sí o sí. Allá el tema de las expropiaciones no representa ningún problema o la decisión de crear islas artificiales en el Mar de la China Meridional para ampliar sus territorios marinos, no se ve atrasado por discusiones en el Parlamento o Asamblea Popular Nacional, o bien, por masivas protestas en las diferentes provincias.
En este breve análisis sobre lo que es China, tenemos que resaltar la meritoria labor que ha llevado a cabo en la esfera ambiental, con una de las reforestaciones más grandes del planeta, de forma tal que ese impacto positivo se puede constatar desde el espacio: donde antes predominaban paisajes secos y zonas degradadas, hoy aparecen extensas franjas verdes que vuelven a dar vida a suelos erosionados.
Por supuesto que este renacimiento ambiental no se dio de la noche a la mañana. Décadas de campañas de reforestación transformaron colinas, llanuras y zonas áridas, frenando el avance del desierto y ayudando a estabilizar ecosistemas que parecían perdidos.

Este panorama verde tiene beneficios reales. Es fácilmente entendible que restaurar bosques mejora la calidad del aire, protege la biodiversidad y reduce tormentas de polvo que afectaban a millones de personas. También proporciona sombra, humedad y suelo fértil a regiones que dependían de estos elementos para sobrevivir. Muchos agricultores han visto cómo sus tierras, antes estériles, han recuperado la vida gracias a los árboles que ayudan a retener nutrientes, favorecer la vida silvestre y reducir la erosión.
Un estudio reciente muestra que esta transformación es tan profunda que incluso modificó la forma en que el agua se distribuye en el país. A medida que los nuevos bosques han crecido, se incrementó la evapotranspiración, es decir, las plantas tomaron agua del suelo y la devolvieron a la atmósfera. Dicho proceso produjo cambios en algunas regiones que ahora necesitan manejar mejor sus recursos hídricos.

Se podría creer que esto es un gran problema, pero más bien revela la magnitud del éxito ecológico. Lo cierto es que China creó tanto paisaje verde que tuvo efectos medibles a escala nacional, algo que en realidad pocas naciones en el mundo han logrado.
La anteriores una lección clara: la restauración ecológica de un país es posible, y China demostró que la voluntad de reforestar puede transformar incluso los lugares más inhóspitos. En términos de planificación ambiental, el desafío ahora es acompañar esa recuperación con una gestión del agua que permita que esas masas forestales sigan creciendo sin afectar a las comunidades.
Después de todo, un país que logra reverdecer su territorio también puede aprender a manejar y equilibrar mejor cada gota que lo sostiene.
Federico, tu artículo es genial y esperanzador. Ojalá lo difundas, en los centros educativos y no solo los agropecuarioforestales (inventé una palabra a la germánica),
Muchas gracias Carlos Manuel por tus buenos criterios sobre este artículo de China.
Dicen que “querer es poder” y eso justamente es la gran lección que nos deja China con esta experiencia.
Algo parecido está haciendo Arabia Saudí con sus inmensos desiertos, sembrando miles de árboles en esas inhóspitas zonas.
Gran abrazo para vos.