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Mientras los equipos de rescate continúan buscando supervivientes entre los escombros del doble terremoto que sacudió Venezuela, otra carrera se libra desde el espacio.

Agencias espaciales, empresas tecnológicas y organismos internacionales han activado una red de inteligencia artificial y análisis geoespacial para identificar, en cuestión de horas, las zonas con mayor probabilidad de destrucción y ayudar a dirigir los recursos de emergencia allí donde más se necesitan.

A ese esfuerzo se suma Microsoft, a través de su laboratorio AI for Good. La compañía ha desarrollado modelos de visión artificial capaces de analizar automáticamente miles de imágenes de satélite para clasificar edificios según la probabilidad de que hayan sufrido daños. En lugar de sustituir a los equipos sobre el terreno, estos modelos permiten establecer prioridades y señalar qué barrios conviene inspeccionar primero.

Toda esa información acaba llegando a quienes la necesitan gracias al Centro de Datos Humanitarios de Naciones Unidas (HDX), la plataforma donde Microsoft publica sus mapas de daños para que gobiernos, ONG y equipos de rescate puedan consultarlos casi en tiempo real. De esta forma, distintas organizaciones trabajan sobre una misma base de datos y coordinan mejor la respuesta humanitaria.
Los expertos insisten en que ninguna de estas herramientas reemplaza la inspección sobre el terreno. Los mapas generados por inteligencia artificial ofrecen estimaciones probabilísticas, no un diagnóstico definitivo. Pero cuando miles de edificios pueden haber resultado afectados y cada hora cuenta para localizar sobrevivientes, disponer de una radiografía casi inmediata de la catástrofe puede marcar la diferencia entre llegar a tiempo o demasiado tarde.