César Fernández Rojas, profesor jubilado, Asesor Distrital Ética, clubes de Leones Asociación Benemérita de Servicio Social, y miembro fundador Comisión Nacional de Ética y Valores

«La moralidad comienza con la conciencia de la relación». (Carol Gilligan).
La teoría moral, conocida como ética del cuidado implica que existe un significado moral en los elementos fundamentales de las relaciones en la vida humana. Normativamente, la ética del cuidado busca las relaciones contextualizando y promoviendo el bienestar de quienes cuidan y también de quienes reciben cuidados en el ámbito de las relaciones sociales.
Definida con frecuencia como una práctica o virtud más que como una teoría propiamente, a lo que se refiere es a satisfacer necesidades ajenas. Se basa en la motivación de cuidar a hijos y dependientes vulnerables, y se inspira tanto en los recuerdos de las labores desempeñadas, como en las idealizaciones del yo.
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Internet Encyclopedia of Philosophy reseña que la ética del cuidado afirma la importancia de la motivación, la emoción y la importancia del cuidado en la deliberación moral, así como en el ordenamiento de los procesos a partir de los detalles. Una de las obras originales de la ética del cuidado fue el breve libro de Milton Mayer off, » Sobre el cuidado”.
Aunque las primeras corrientes de la ética del cuidado pueden detectarse en los escritos de filósofas feministas como Mary Wollstonecraft, Catherine Harriet Beecher y Charlotte Perkins; sin embargo, fueron Carol Gilligan y Nel Noddings quienes la articularon de forma más explícita a principios de la década de 1980.
Annette Baier, Virginia Held, Eva Feder Kittay, Sara Ruddick y Joan Tronto se encuentran entre los más influyentes entre las muchas contribuciones posteriores a la ética del cuidado. (Cfr.Ética del Cuidado | Enciclopedia de Filosofía en Internet. Internet Encyclopedia of Philosophy. https://iep.utm.edu › care-ethics).
Romina Faerman expone que, a partir de diversos estudios, Carol Gilligan desarrolló la teoría moral denominada ética del cuidado (1985). Esta autora tomó como punto de partida una teoría influyente en materia de pensamiento moral elaborada por Lawrence Kohlberg en los años ochenta. Este autor diseñó un modelo que diferencia seis etapas del desarrollo moral al que le corresponde tres niveles distintos de razonamiento moral. A pesar de que efectúo su análisis únicamente con varones como objeto de estudio, concluye que las mujeres sólo avanzan hasta las etapas intermedias sin poder entonces alcanzar el desarrollo moral completo. (El destacado es propio).
Gilligan cuestiona la teoría de Kohlberg por tomar la acción masculina como norma y considerar que el modo de razonar de las mujeres es inferior y responde a una deficiencia en su desarrollo femenino y, dado que no se incluyeron mujeres en la investigación, ella efectúa un estudio sobre el razonamiento moral de las mujeres junto a los varones.
En este análisis muestra que las voces de las mujeres son diferentes, y desarrolla la ética del cuidado, como una teoría alternativa de la ética de la justicia.(Cfr. Romina Faerman. Ética del cuidado: Una mirada diferente en el debate moral. Revista de la Teoría del Derecho de la Universidad de Palermo. | ISSN 2362-3667 | pp. 123-146.Año II, No 1 | abril de 2015).
Carol Gilligan fue asistente de Lawrence Kohlberg en la investigación sobre el desarrollo moral realizada en Harvard. Durante su formación en esa universidad, Gilligan colaboró estrechamente con Kohlberg, lo que le permitió observar de primera mano las limitaciones de su enfoque, especialmente en relación con las mujeres. Esta experiencia fue clave para el desarrollo de su obra In a Different Voice, donde propone una ética del cuidado como alternativa a la ética de la justicia predominante en el modelo de Kohlberg.
Gilligan “había ayudado al propio Kohlberg en algunas de sus investigaciones”, según se señala en la entrada de Wikipedia en español. También se afirma que fue “colaboradora e incluso asistente de Lawrence Kohlberg” en la Fundación Sonría.
La teoría de la Ética del Cuidado de Carol Gilligan se llama así porque pone en el centro del razonamiento moral la atención, la empatía y la responsabilidad relacional, en contraste con la ética tradicional basada en principios abstractos de justicia, como la que propuso Lawrence Kohlberg.

Gilligan observó que los modelos éticos dominantes, como el de Kohlberg, estaban construidos sobre estudios realizados principalmente con hombres y valoraban el razonamiento moral centrado en derechos, reglas y justicia imparcial. Sin embargo, al estudiar cómo las mujeres piensan sobre dilemas éticos, Gilligan encontró que muchas priorizaban:La preservación de relaciones humanas, la sensibilidad hacia las necesidades del otro, la responsabilidad afectiva y contextual y la búsqueda de soluciones que no dañen a nadie.
Este enfoque no es menos ético, sino diferente: no parte de la universalización de normas, sino de la atención concreta a las personas involucradas. Por eso, Gilligan lo llamó “ética del cuidado”: porque cuidar se convierte en el principio moral fundamental.
Gilligan no refuta la ética de la justicia, sino que la complementa y cuestiona su exclusividad. Ella señala queKohlberg clasificaba el razonamiento moral en etapas, y muchas mujeres quedaban en niveles “inferiores” porque sus respuestas no se alineaban con su modelo.Esto no significaba que las mujeres fueran menos morales, sino que el modelo estaba sesgado hacia una ética masculina.Gilligan propone que existen dos voces morales: la voz de la justicia y la voz del cuidado. Ambas son válidas, pero la segunda había sido históricamente invisibilizada.

¿Cómo se diferencia la ética del cuidado del enfoque de justicia?
Ética de la Justicia (Kohlberg):
- Se basa en principios universales, derechos y deberes.
- Busca decisiones imparciales, aplicables a todos por igual.
- Enfatiza la autonomía del individuo.
- Predomina en modelos éticos masculinos tradicionales.
Ética del Cuidado (Gilligan):
- Se basa en la atención a las personas concretas y sus necesidades.
- Busca decisiones sensibles al contexto y a las relaciones.
- Enfatiza la interdependencia y el vínculo humano.
- Surge de experiencias femeninas, pero es válida para todos.
Un ejemplo sencillo. Un niño comete una falta en una regla de conducta en la escuela.La ética de la justicia diría: “Debe recibir la sanción establecida”.La ética del cuidado preguntaría: “¿Por qué lo hizo? ¿Está pasando por algo difícil? ¿Cómo podemos ayudar sin romper el vínculo frente a la falta cometida?”
La ética del cuidado no es solo ayudar o proteger, sino gestar una forma de pensar y actuar moralmente, la cual se basa en la: Atención a las personas concretas y sus necesidades;responsabilidad afectiva hacia quienes dependen de nosotros o están implicados en nuestras decisiones;sensibilidad llevada al contexto: no se trata de aplicar reglas universales, sino de comprender las circunstancias únicas de cada situación;relación y el vínculo: el cuidado surge en el marco de las relaciones humanas, no en el aislamiento del individuo.
La ética del cuidado de Gilligan y sus colaboradores tiene como objetivo argumentar el derecho de las personas a tener el cuidado de otros y la igualdad de alcanzar el desarrollo moral y ético, por igual, entre hombres y mujeres.
Según Mario Arrimada:“Gilligan quiso investigar acerca de la forma en que las mujeres tomaban decisiones morales ante diferentes dilemas. En su investigación se presentaron situaciones para actuar con moralidad, según el concepto de responsabilidad frente al egoísmo, al ser la responsabilidad entendida como la obligación de cuidar a otras personas y no causar daño.

Tras analizar los resultados, Gilligan presentó la conclusión de que las mujeres se centran menos en la justicia abstracta y la equidad, y piensan más en las responsabilidades que tienen hacia personas específicas de su entorno.A raíz de sus investigaciones, desarrolló su teoría de desarrollo moral en mujeres, dividida en 3 niveles:
Nivel 1. Orientarse hacia la supervivencia personal (preconvencional).
En este primer nivel las mujeres se centran en sí mismas, en lo que es mejor para ellas y en lo que les sirve como alguna utilidad beneficiosa.
Transición 1. Del egoísmo hacia la responsabilidad.
En esta transición hacia el nivel convencional, comienzan a ser más consideradas en sus relaciones con los demás y ser menos individualistas.
Nivel 2. Bondad como forma de autosacrificio (convencional).
En esta etapa convencional, es cuando de verdad se preocupan por el cuidado de los demás de forma desinteresada.
Transición 2. Se aseguran de sopesar sus decisiones con base en las consecuencias que pudieran tener. Desarrollan su razonamiento moral hasta el punto de tener siempre en cuenta las necesidades de los demás, sin perder nunca de vista las suyas. Empiezan a encontrar el equilibrio entre su autocuidado y el cuidado de sus allegados.
Nivel 3. Moralidad de la no violencia (postconvencional).

Es la etapa más alta que se puede alcanzar a nivel de razonamiento moral: la postconvencional. Al alcanzar este nivel asumen la responsabilidad de sus propias decisiones porque tienen el control de sus vidas. Es el nivel donde se ha consolidado un equilibrio moral entre centrarse en sí misma y en los demás.
En su modelo, Gilligan postula que las preferencias de las mujeres hacia el cuidado de los demás como responsabilidad moral, se fundamenta en el hecho de ser responsables, en mayor medida, del cuidado de los recién nacidos. El resultado de ello es que se puede encontrar en todas las sociedades y culturas unas características en la personalidad femenina que están más arraigadas a la conexión con otras personas, de lo que suelen estar los rasgos de la personalidad masculina.
Las características fundamentales que se extraen de la teoría de la ética del cuidado de Carol Gilligan son: cuidado, responsabilidad, comunidad, atención e interdependencia. La fuerza que las mueve es la cooperación mutua que se lleva a cabo por medio de aptitudes como la empatía y capacidad para sostener relaciones interpersonales. Esto es planteado así a diferencia de la ética de la justicia, cuyos valores van más encaminados hacia la individualidad, independencia, objetividad, libertad, igualdad y justicia, siendo impulsadas por la razón y el cumplimiento de las normas estipuladas.
Conclusiones sobre la teoría de la ética del cuidado de Carol Gilligan. A modo de conclusión, cabe destacar que hay investigaciones realizadas a posteriori que no encontraron grandes diferencias en cuanto al género con respecto al razonamiento moral, respecto a la ética del cuidado.(El destacado es propio).
Se analizaron 113 estudios y concluyeron que las mujeres pensaban más en términos relacionados con el cuidado, en un plano contextual; mientras que los hombres solían hacerlo en términos asociados a la justicia, situados en un plano más formal y abstracto, sentenciando que las diferencias entre ambos sexos eran pequeñas.
Otros estudios realizados con técnicas de radiología con neuroimagen descubrieron que en las mujeres se veía una mayor actividad cerebral en áreas que están asociadas con el razonamiento basado en el cuidado (cíngulo posterior, anterior y la ínsula anterior); mientras que los hombres presentaban una actividad mayor en otras áreas cerebrales que se asocian con el procesamiento relacionado con la justicia (surco temporal superior)”.(Cfr. Mario Arrimada.La Teoría de la Ética del Cuidado de Carol Gilligan.Psicología y Mente.https://psicologiaymente.com › desarrollo › teoria-etica.19 octubre, 2021 – 16:07 — Actualizado 16 diciembre, 2024).

La ética del cuidado se aplica hoy día ampliamente a una serie de cuestiones morales y campos éticos, incluido el cuidado de los animales y el medio ambiente, la bioética y, recientemente, las políticas públicas. Originalmente concebido como más apropiado para las esferas privadas e íntimas de la vida, la ética del cuidado se ha ramificado como una teoría política y un movimiento social destinado a una comprensión más amplia y un apoyo público para las actividades de cuidado en su amplitud y variedad.
Para Internet Encyclopedia of Philosophy:Existe un creciente número de movimientos sociales organizados en torno a las preocupaciones destacadas en la ética del cuidado. En el año 2000, Deborah Stone convocó a un movimiento nacional del cuidado en Estados Unidos para visibilizar la necesidad de programas sociales de cuidado, como la atención médica universal, la educación preescolar, el cuidado de las personas mayores, la mejora de las familias de acogida y salarios adecuados para los cuidadores. En 2006, Hamington y Dorothy Miller recopilan varios ensayos sobre la comprensión teórica y la aplicación de la ética del cuidado a la vida pública, incluyendo temas de bienestar social, igualitario, justicia restaurativa, globalización corporativa y el movimiento de madres del siglo XXI (Hamington y Miller, 2006). Existen diversas organizaciones políticas formales de cuidado, la mayoría en internet, que se centran en temas como la maternidad, la paternidad, la atención médica, el cuidado como profesión, el bienestar infantil, el movimiento feminista, los derechos de gays y lesbianas, la discapacidad y el cuidado de las personas mayores. Estas organizaciones trabajan para difundir información, organizar a los defensores del cuidado en torno a temas sociales clave y agrupadas de votantes. Entre las organizaciones centradas en la maternidad, una de las más destacadas es MomsRising.org, organizada por Joan Blades, una de las fundadoras originales de MoveOn.org, y Kristin Rowe-Finkbeiner. Otros: Movimiento de Madres en Línea, Madres Ought de Igualdad de Derechos, la Asociación Nacional de Centros de Madres y Madres y Más. Judith Stadtman Tucker señala que confía en que los movimientos de cuidado organizados en torno a la maternidad activan transformaciones culturales profundas como la reducción de la semana laboral, la atención médica universal desvinculada del empleo, las políticas de licencia por cuidado. (Tucker, 2001).(Cfr.Ética del Cuidado | Enciclopedia de Filosofía en Internet. Internet Encyclopedia of Philosophy. https://iep.utm.edu › care-ethics).
La ética del cuidado, inicialmente concebida como una sensibilidad moral propia de las esferas privadas e íntimas —como la crianza, la amistad y el acompañamiento cotidiano— ha expandido sus raíces hacia terrenos más amplios y estructurales. Hoy día, esta ética se aplica a una diversidad de cuestiones morales y campos éticos: desde el cuidado de los animales y el medio ambiente, hasta la bioética y, más recientemente, las políticas públicas.

La ética estructural del cuidado. Carol Gilligan, en In a Different Voice (1982), desafió la ética kantiana y utilitarista dominante, proponiendo que las mujeres piensen éticamente desde la relación, la empatía y la responsabilidad mutua. Esta ética del cuidado no es débil ni secundaria: es una forma distinta de razonamiento moral, centrada en el vínculo.
Joan Tronto, posteriormente, amplía esta visión en Moral Boundaries (1993), definiendo el cuidado como una actividad que incluye “todo lo que hacemos para mantener, continuar y reparar nuestro mundo”. Tronto introduce dimensiones como la atención, la responsabilidad, la competencia y la capacidad de respuesta, y propone que el cuidado debe ser una práctica pública, política, no solo privada.
Las teorías morales en derechos básicos de protección y cuidado forman unas conexiones culturales que, cuando se colocan en el primer plano, la ética del cuidado la compasión y la alteridad en el servicio, ayudan a crear comunidades que promueven relaciones de bienestar social integral, en lugar de la búsqueda casi ilimitada del interés propio.
La ética del cuidado se ha ramificado como teoría política y movimiento social, buscando una comprensión más profunda y un respaldo público para las múltiples formas de cuidado que sostienen la vida: visibles e invisibles, individuales y colectivas, cotidianas y sistémicas.
Esta transición hacia lo estructural —de lo íntimo a lo institucional— es clave para que la ética del cuidado se convierte en:
- Teoría política: que exige que el Estado y las instituciones reconozcan, valoren y sostengan las prácticas de cuidado.
- Movimiento social: que visibiliza lo invisible, dignifica lo cotidiano, y exige justicia para quienes cuidan.
- Marco ético plural: que puede aplicarse a la bioética, el medio ambiente, la justicia restaurativa, y las políticas públicas.
- La ética del cuidado se convierte en un campo de responsabilidad compartida.
- El cuidado como política pública reordena la corresponsabilidad parental.
- Es el contrapunto de una ética que instituye el cuidado con ternura y justicia.

En Costa Rica, los padres tienen el derecho y deber de participar en el cuidado de sus hijos, garantizado por la Ley de Paternidad Responsable y reformas al Código de Trabajo. Las licencias de paternidad y adopción son períodos de reposo pagado para el cuidado del recién nacido. Además, el Código Civil establece la obligación recíproca de alimentos entre padres e hijos, y la jurisprudencia resalta los derechos de ambos padres sobre sus hijos menores, promoviendo la participación del padre en su desarrollo y crianza.
Derechos y Deberes Generales.
Derecho al cuidado y desarrollo:Los menores tienen derecho a crecer al lado de sus padres, ser cuidados por ellos y permanecer en su hogar, de acuerdo con la Ley de Paternidad Responsable.
Igualdad de derechos:Tanto padres como madres tienen los mismos derechos y obligaciones con respecto a sus hijos menores.
Obligación de alimentos:El padre está legalmente obligado a contribuir al sostenimiento de sus hijos, y el no cumplimiento puede llevar a acciones legales y hasta la detención temporal del deudor.
Licencias Parentales.
Licencia de Paternidad:Desde la reforma del Código de Trabajo de 2022, los padres biológicos tienen derecho a una licencia de 8 días por el nacimiento de su hijo.
Licencia de Paternidad para Padres de Crianza:La Ley 10166 de 2022 también otorga a los padres de crianza el derecho a estos beneficios.
Licencia de Paternidad y Licencia de Adopción: En el caso de la adopción, la licencia de 3 meses se puede dividir entre ambos padres.

Asegurar el bienestar del menor: Si el padre es el único responsable de un bebé tras el fallecimiento de la madre, tiene derecho a una licencia de cuido especial, al igual que otras personas que puedan asumir esta responsabilidad. (Redactado con ayuda de la IA).
E lInforme CIJUL sobre autoridad parental, INAMU, determina que:En Costa Rica, la autoridad parental no distingue jerarquías entre madre y padre: ambos comparten derechos y deberes en igualdad, guiados por el interés superior de la persona menor. Esta paridad legal exige una corresponsabilidad ética que trasciende lo biológico y se convierte en fundamento de justicia relacional.
La legislación costarricense —desde el Código de Familia hasta el Código de la Niñez y la Adolescencia— establece que la autoridad parental es un conjunto de derechos y deberes compartidos entre ambos progenitores, incluyendo la guarda, crianza, educación, administración de bienes y representación legal de sus hijos. Esta simetría jurídica no es una concesión, sino una afirmación de que la paternidad y la maternidad son funciones sociales equivalentes en dignidad y responsabilidad.
Desde una perspectiva filosófica, esta igualdad implica que el cuidado no puede ser delegado ni asumido unilateralmente. Como señala el Instituto Nacional de las Mujeres, “la unidad de la familia, el interés de los hijos e hijas, y la igualdad de derechos y responsabilidades de los cónyuges son elementos fundamentales”. En este marco, el cuidado parental se convierte en una práctica ética que exige presencia, escucha y corresponsabilidad, no solo en lo afectivo, sino también en lo institucional.(Cfr.Informe CIJUL sobre autoridad parental. Derechos de las niñas y los niños en la vida familiar – INAMU).
La equidad parental además de ser un principio legal, también es una frecuencia ética que dignifica la infancia y transforma la cultura del cuidado.