
Una guerra comercial ocurre cuando uno o varios países establecen barreras arancelarias y no arancelarias al comercio con el objetivo de proteger sus industrias nacionales o mejorar su balanza comercial y entonces en respuesta los países afectados responden con medidas similares generando una escalada de tensiones y conflictos comerciales que afectan el libre intercambio de bienes, servicios y capitales.
El caso más típico de los últimos años fue la guerra comercial entre Estados Unidos y China (2018-2020). Efectivamente ya durante su primer mandato el presidente Donald Trump había implementado una serie de aranceles a los productos chinos alegando que se justificaban como represalias a lo que denominó como prácticas desleales tales como el robo de propiedad intelectual, subsidios a industrias y manipulación de divisas. Es decir que sus aranceles a China eran una medida defensiva frente a prácticas desleales del adversario asiático.

China respondió con tarifas equivalentes sobre productos estadounidenses, afectando sectores agrícolas, manufactureros y tecnológicos en ambos países. Y se produjo un debate entre los académicos sobre cual de las dos superpotencias había iniciado la guerra comercial.
Ya durante el segundo mandato de Trump ha sido una constante la amenaza y la aplicación de nuevos y mayores aranceles no solamente a China sino a la mayoría de sus socios comerciales. Recientemente Trump amenazó con aranceles de 130% a los productos chinos. Aunque se espera que durante su actual gira por Asia y su encuentro en Corea con su homólogo Xi Jinping puedan encontrar algún acuerdo de paz en materia comercial.
En la actualidad detrás de las tensiones y guerras comerciales están presentes factores como la lucha por la supremacía tecnológica, geopolítica, estratégica y militar, especialmente factores tales como inteligencia artificial, telecomunicaciones y semiconductores entre los Estados Unidos y China.

Las guerras comerciales pueden tener efectos como aumento de precios y de las tasas de inflación, pues los aranceles encarecen los productos importados afectando sobre todo a los consumidores. En la guerra comercial los grandes perdedores son los consumidores.
Asimismo las guerras comerciales pueden aumentar la incertidumbre que desincentiva la inversión y reduce el crecimiento económico.
Así también ante las guerras comerciales tanto las empresas como los mismos países buscan nuevos mercados y modifican las cadenas de suministro. Así por ejemplo, ante la aplicación de aranceles a productos costarricenses que se exportan a los Estados Unidos una respuesta puede ser la adhesión de Costa Rica a la Alianza del Pacífico y al CPTPP que incluye economías como la de Japón y Australia, entre otras.
Tradicionalmente la Organización Mundial del Comercio (OMC) tiene el papel de mediar en los conflictos y guerras comerciales, sin embargo su papel se ha visto muy disminuido debido a la parálisis del Órgano de Apelación desde 2019 y al hecho de que las potencias y países prefieren buscar vías bilaterales para la solución de sus conflictos en vez de recurrir al organismo multilateral.

Así por ejemplo, países que se han sentido afectados por los aranceles implementados por la administración Trump prefieren negociar amistosa y directamente con las autoridades comerciales y políticas de Washington en vez de recurrir a costosas y lentas vías de litigios en la OMC.
Si los países recurren al proteccionismo y a las guerras comerciales aumentarán los riesgos de un sistema económico y comercial cada vez más fragmentado y dividido en bloques rivales y con mayores tensiones diplomáticas y geopolíticas a mediano y a largo plazo.
Las guerras comerciales pueden desembocar en nuevas guerras políticas y geopolíticas, además de las ya existentes.