- Este 28 de Enero se conmemoran 173 años del nacimiento de José Martí en La Habana, Cuba
Adriana Núñez, periodista
José Julián Martí Pérez nació en La Habana, Cuba, el 28 de enero de 1853, único hijo varón de Leonor Pérez Cabrera y Mariano Martí, ambos españoles. Político, diplomático, poeta, ensayista, periodista y filósofo, fue uno de los más grandes impulsores de la Guerra de Independencia de Cuba contra el dominio español.
Se le reconoce internacionalmente como “Maestro, Héroe Nacional y Apóstol de la Independencia de Cuba y de la democracia de América”. Con tan solo 42 años, falleció en combate en la localidad de Dos Ríos, en mayo de 1895, dejando tras de sí un enorme legado político, filosófico y literario.

Hoy se celebra, en Costa Rica y en otras muchas naciones, el 173 aniversario de su nacimiento, ocasión propicia para destacar algunos aspectos relevantes que lo unen a mi familia cubana y al mundo, a pesar de su breve -pero imperecedero- paso terrenal.
Lazos de sangre
Aunque desde 1849 se había confeccionado desde el exilio en Nueva York, una bandera cubana con la estrella solitaria, creada por el masón Narciso López -que fue adoptada por la Asamblea Constituyente celebrada diez años más tarde- no fue sino hasta 1902, poco tiempo después de la victoria cubana en la guerra contra España, cuando por primera vez el galardón se izó oficialmente en la isla, bajo el azul del cielo y para que ondeara al compás de las palmas de una Cuba libre. El espíritu de los caídos también flotó entre las nubes.
En el grupo de invitados especiales a ese majestuoso acto, estuvo mi bisabuelo paterno, Fernando Pérez, acompañado por sus dos hijas: Noelia y Rosa -la menor- mi inolvidable abuela, en cuyas venas y apellidos, se enlazaban -por Pérez y Fuentes- la sangre de dos patriotas; uno más reconocido que otro, pero ambos guerreros incansables de la independencia.
Ya Martí había partido, pero su memoria siguió viva a lo largo de varias generaciones de cubanos y muy especialmente en el corazón de los descendientes de Rosa, entre los que mi padre, Orlando Núñez Pérez -hondamente permeado por el pensamiento Martiano- representó junto a dos de mis tías, un papel determinante al transmitirnos a hijos, sobrinos y nietos, no sólo las ideas de paz y libertad, bastiones fundamentales de la vida en sociedad, sino también el enorme legado de amor por la Patria cautiva, la sensibilidad ante las necesidades ajenas y las hermosas páginas literarias en las que el Maestro, plasmó su sello inigualable.
Hay sol bueno y mar de espuma/ y arena fina, y Pilar/quiere salir a estrenar/su sombrerito de pluma…

Legado inmortal
Martí, todo sentimiento, supo dirigirse a los niños y niñas, a las jóvenes enamoradas, a los muchachos soñadores; al hijo añorado o al amigo sincero…pero sobre todo, llegó a lo más hondo del alma de un pueblo negro y blanco que luchó sin descanso, machete en mano y a pie, o sobre el lomo de un caballo, para liberar del yugo extranjero, ese suelo que Cristóbal Colón calificó como «la tierra más hermosa que ojos humanos hayan visto».
Ni siquiera la tiranía que enquistó Fidel Castro en Cuba hace más de 65 años, ha logrado tergiversar el sentir de un pueblo que hoy más que nunca -y especialmente en este simbólico aniversario del nacimiento de José Martí- sigue apelando a sus ideales y renovando con enorme fuerza, la esperanza.
«La libertad ha de ser una práctica constante para que no degenere en fórmula banal».
«La libertad política no estará asegurada, mientras no se asegure la libertad espiritual».
«El mismo campo que cría la era, cría las ortigas. Todo poder amplia y prolongadamente ejercido, degenera en casta»
“Un pueblo libre y justo es el único homenaje propio de los que mueren por él”.
(José Martí Pérez, 1853-1895)