Más allá de las aulas: El bullying en Costa Rica y sus raíces profundas

Más allá de las aulas: El bullying en Costa Rica y sus raíces profundas

Jimena Loaiza, estudiante de periodismo.

El bullying, esa sombra persistente que oscurece los pasillos de las instituciones educativas, es una realidad lacerante que golpea a incontables estudiantes en Costa Rica. Sus consecuencias, lejos de disiparse al tocar la campana de salida, se anclan en el alma de los jóvenes, moldeando futuros y marcando destinos.

El profesor Hugo Monge, con la sabiduría que otorgan años de observación y dedicación, conversó con nosotros sobre el tema y subrayó un punto ineludible: la cultura escolar no es un mero telón de fondo, sino un actor determinante en esta dramática coreografía del acoso. Para erradicarlo, no basta con parches superficiales; se requiere una transformación cultural profunda y consciente. Pero ¿qué implica realmente desentrañar este complejo fenómeno que nace en la intersección de la cultura escolar, el tejido social y las intrincadas relaciones interpersonales?

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El bulling golpea a bastantes jóvenes en Costa Rica.

La Cultura Escolar: un espejo de la eociedad costarricense

«La convivencia en las escuelas y colegios no siempre es del todo fácil,»reflexionó el profesor Monge. «La cultura escolar, por así decirlo, tiene muchos componentes y aristas que hacen los contextos muy distintos entre sí».

Sin embargo -agregó- a pesar de estas variaciones el bullying emerge como una tendencia recurrente en los grupos de pares, intrínsecamente influenciada por factores que van más allá de las paredes del aula.

La sociedad costarricense, con sus virtudes y sus sombras, se proyecta directamente en las dinámicas escolares. El profesor es contundente: «muchas veces, el origen del joven agresor está más afuera de la institución que dentro. Hay una educación, podría decirse, carente en la sociedad costarricense y esta carencia se manifiesta en la normalización de la agresividad y la violencia en diversos ámbitos, desde los medios de comunicación hasta el entorno familiar, permeando las interacciones estudiantiles.

La exposición constante a la violencia mediática, por ejemplo, puede desensibilizar a los jóvenes, llevándolos a replicar comportamientos agresivos en la escuela, buscando escalar social o simplemente hacerse notar. «Hay chicos que ya son agresivos por naturaleza, otros por su proveniencia y algunos por complejos de inferioridad,» explicó el profesor.

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Los estudiantes buscan autoafirmación a través de la intimidación.

Esta dinámica se agudiza por el déficit de valores fundamentales como la empatía, la tolerancia y el respeto. Cuando los estudiantes no encuentran en su entorno un reflejo de estos principios, pueden sentirse desvalorizados e irrespetados, buscando autoafirmación a través de la intimidación.

Además, la presión grupal, esa potente fuerza que impulsa a los jóvenes a encajar y ser populares, se convierte en un terreno fértil para el bullying. La necesidad de encajar o ser popular puede empujar a los estudiantes a participar en conductas de bullying; la presión de pertenecer a un grupo puede ser tan intensa que los jóvenes estén dispuestos a sacrificar su integridad y valores con tal de ser aceptados.

El Docente: vigilancia, confianza y la batalla fuera de la cancha

La relación entre estudiantes y maestros es, según don Hugo, una línea de defensa crucial en la prevención y el manejo del bullying. «El docente intenta evitar estas situaciones hasta donde sea posible. Alentar a los chicos a no ser ‘bullies’ y a las víctimas a tener la confianza de recurrir a los docentes buscando protección y activar el protocolo. Sin embargo, su capacidad de acción está delimitada por la naturaleza de su trabajo y los recursos disponibles».

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La construcción de confianza mutua es indispensable.

«Uno no puede cuidar una cancha de fútbol un domingo o en redes sociales, donde en muchas veces suceden esos casos de bullying entre estudiantes», señaló el profesor, revelando una de las mayores limitaciones: la vigilancia se extiende más allá de los límites físicos y temporales del centro educativo.

Esta realidad exige una expansión del rol docente, no solo como educadores, sino como primeros respondedores y fuentes de apoyo emocional. La construcción de confianza mutua es indispensable; los alumnos deben sentirse seguros de que sus educadores les brindarán apoyo sin juzgarlos. Esto demanda maestros accesibles, empáticos y dispuestos a escuchar activamente.

Además, la capacitación especializada para los educadores es imperativa. No basta con la buena voluntad. Los docentes necesitan el conocimiento de protocolos de actuación, habilidades para mediar conflictos y estrategias de ayuda a las víctimas. Es un llamado a equipar a quienes están en la primera línea con las herramientas necesarias para enfrentar un problema tan complejo.

Las Habilidades Socioemocionales: un pilar ignorado en la formación

El bullying, en su esencia, «refleja muchas cosas de la sociedad que habitamos y formamos,» manifestó el profesor. Y es que, según su criterio, la falta de tacto o habilidades sociales tiene múltiples detonantes, desde la inocencia de la niñez que se pierde abruptamente, hasta la forma en que los jóvenes buscan notoriedad social. «La manera de hacerse notar socialmente por sus pares conllevan al bullying a ser una práctica habitual. A esto se suma la vulnerabilidad de estudiantes con discapacidades cognitivas o adecuaciones educativas, quienes a menudo son blancos de aquellos que se aprovechan de su situación», subrayó.

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La inteligencia emocional, paradójicamente, es una dimensión crucial que «no tiende a ser atendida entre la educación,» lamentó el profesor Monge. Contrario a otras inteligencias más reconocidas, esta esfera vital se subestima. Sin embargo, su desarrollo es fundamental para prevenir el bullying.

Los estudiantes deben aprender a gestionar sus emociones, a reconocer y expresar sus sentimientos de forma saludable, y a desarrollar habilidades sociales para interactuar eficazmente.

La empatía, esa capacidad de ponerse en el lugar del otro, de comprender sus sentimientos y necesidades, es la piedra angular para desmantelar la dinámica del acoso. Esto no solo se aprende en el aula, sino que «se tiene que integrar desde los hogares y otras instituciones del Estado, como el PANI o el Ministerio de Trabajo,» argumentó el profesor Monge, así como ser una prioridad en las agendas de los gobiernos y ministerios de educación.

Sanar el Sistema: un futuro de resiliencia y conciencia colectiva

El impacto del bullying en la autoestima y confianza de los estudiantes es, según el profesor, «fuerte.» Se manifiesta en el desinterés por asistir a clases, en la aparición cada vez más común de ansiedad, depresión y baja autoestima en la adolescencia, factores que pueden llevar a consecuencias devastadoras, incluso al suicidio.

Mitigar este impacto es un desafío inmenso, que exige dotar a los jóvenes de herramientas psicológicas para desarrollar resiliencia. Al mismo tiempo, quienes propician estas situaciones deben ser conscientes del daño que causan y aprender a respetar a sus pares, comprendiendo la responsabilidad y las consecuencias de sus actos.

La creación de un entorno escolar seguro y acogedor es fundamental. «El entorno escolar necesita más personal capacitado para controlar la situación,» destacó Monge, admitiendo que «entre profesores y orientadores no dan abasto a tantas y diversas situaciones». A su juoicio, a pesar de los esfuerzos por mejorar el clima institucional, la inversión en educación y la adecuación de la infraestructura física son vitales para lograr un ambiente donde la inclusión, el respeto y la empatía sean la norma.

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La comunidad juega un papel «sumamente importante» en esta ecuación. «La educación empieza en casa y nos ayuda a prevenir,»  dijo, al explicar que la colaboración en la vigilancia, el cuidado y la protección de niños y jóvenes es esencial, así como la contribución a la construcción de una sociedad más justa y equitativa.

En cuanto al papel de la tecnología, el profesor sugiere su uso para capacitaciones y educación mejor elaborada, además del «control de situaciones y el monitoreo de espacios o personas que tienden a ser acosadores.» La tecnología puede ser una herramienta para proteger a las víctimas y facilitar la búsqueda de ayuda rápida, aunque es consciente de los riesgos que conlleva, como la desensibilización por las pantallas y la falsa idea de jerarquía social.

La visión para el futuro, aunque desafiante, es clara: para Monge, hay un largo camino por lograr, muchas tareas y metas por alcanzar. La desensibilización de la juventud a través de pantallas e internet, combinada con una «falsa idea de jerarquía social,» crea el caldo de cultivo ideal para los acosadores. La solución es compleja, pues la narrativa mediática a menudo glorifica a los agresores. Sin embargo, el profesor insiste: «La educación, el control y cuidado de la niñez y equipar más a la población con inteligencia emocional son claves». Los padres, como pilares fundamentales, deben «hacer bien el trabajo en casa».

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Los docentes deben enseñar sobre valores y propagar la paz y el amor.

Y los docentes, capacitados y conocedores del marco legal, deben «enseñar sobre valores y propagar una cultura de paz y amor» con el apoyo de orientadores y administrativos.

Evaluar la efectividad de las políticas anti-bullying es crucial, aunque el persistente problema demuestra que el bullying sigue sucediendo todos los días.

Los indicadores deben ir más allá de la mera implementación, centrándose en la sensibilidad social e individual, el control y las consecuencias, y el respeto propio y hacia los demás. Se trata de fomentar que el estudiante sea protagonista del proceso educativo y la formación de una persona educada.

«Hay que continuar esforzándonos para mejorar la sociedad y hacer de nuestro hogar un lindo lugar,» concluyó el profesor, con una mezcla de realismo y esperanza.

La lucha contra el bullying en Costa Rica no es solo una tarea educativa, sino un imperativo social que requiere la sanación de estructuras, la priorización de valores y una conciencia colectiva para las futuras generaciones.

 

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