“Instruye al niño en el camino que debe andar, y aun cuando sea viejo no se apartará de él”.
(Rey Salomón, 970-931 a. C)
“¡Qué mejor cosa para dos almas humanas que saberse unidas para toda la vida!”
(George Eliot, pseudónimo de la novelista Mary Ann Evans, 1819-1880)
Adriana Núñez, periodista Visión CR
Este es un escrito diferente en el que me he tomado algunas libertades, pues ve la luz en un día especial, razón por la cual. me permito compartir con los amigos lectores algunas emociones, reflexiones y memorias que llenan la jornada. De antemano, por su acompañamiento y cariño, muchas gracias.
De acuerdo con el psicoanalista, tanatólogo y conferencista mexicano Mario Guerra, autor de varios libros, entre los que destaca “Los claroscuros del amor”, a edad temprana, alrededor de los 2 años, comienza a forjarse un significativo ascendente entre padres e hijas, que se consolida alrededor de los 4 años de edad. Este período está considerado fundamental en la formación de niñas -y niños- aunque en realidad la influencia paterna dura toda la vida.
Dichos datos acerca del eco que tiene el padre, se constatan no solo mediante las precisas descripciones que realiza la Enciclopedia sobre el Desarrollo de la Primera Infancia, en la cual se afirma que en las niñas, la paternidad positiva está estrechamente ligada a una “buena autoestima y a un desempeño académico exitoso, manifiesto sobre todo durante la edad adulta temprana” sino que además, se han probado, con estudios puntuales, que indican, entro otros aspectos, que “se reduce la posibilidad de que las féminas presenten durante la juventud, problemas psicológicos”.

Así también lo señalan diferentes estudios citados por Martha Debayle, reconocida presentadora, empresaria, locutora nicaragüense y fundadora del Grupo MMK, el cual -según ella misma lo ha señalado- está “dedicado a ayudar a las personas a convertirse en mejores versiones de sí mismas y a tomar decisiones más acertadas”.
Precisamente entre los hechos que dan a conocer diversas investigaciones citadas por Debayle, se incluyen datos significativos tales como que las hijas que han vivido bajo una relación y guía paterna adecuadas, “presentan menos probabilidades de tener relaciones sexuales a edad temprana o interacciones íntimas casuales con diferentes personas”. Ello se debe a que generalmente, “no usan el sexo como una forma de comprar amor o de llamar la atención”.
Al contrario, -señala Martha Debayle- “sus relaciones de pareja son más satisfactorias, más íntimas emocionalmente y más seguras”.
Aunque los aspectos descritos son fundamentales, a ellos se suman otros no menos vitales que la presencia paterna aporta, entre los cuales se señalan: brinda seguridad emocional y confianza; fomenta el desarrollo de habilidades sociales y cognitivas e incentiva la exploración del mundo exterior.
Una guía para saber escoger
La mayoría de las niñas que han tenido un buen padre, más adelante buscan también un buen compañero para compartir sus vidas. Nadie está exento de tropezar o de equivocarse, pero en general, sabrán elegir -tarde o temprano- a un hombre afectuoso, decente y solidario como pareja.

Porque si ya tuvieron la suerte de contar con buen guía durante su niñez, lógicamente querrán establecer nexos saludables, confiables y duraderos con el hombre que elijan para convivir o casarse.
Posiblemente a muchas personas les sonarán raros estos conceptos, sobre todo en una sociedad donde la corriente más visible, se centra mayoritariamente en minimizar la importancia de la figura masculina en la vida de las féminas y en fomentar un “empoderamiento” femenino exacerbado que las lleva a desconocer el papel irremplazable de los padres, hermanos, novios, maridos, hijos, amigos y otros varones que conforman la mitad de nuestra población y que ineludiblemente se cruzan en sus caminos. Peor aún, en muchos casos, ese distanciamiento de figuras masculinas «saludables» -por decirlo de modo sencillo- no les ayudará a sopesar las cualidades o las deficiencias de otros varones con quienes se involucren.
Todavía durante el siglo pasado – violentamente machista- quizás ese enfoque divisivo era un poco más valedero, pero no lo debería seguir siendo en el siglo actual, donde legalmente se reconocen plenamente los derechos, responsabilidades y necesidades de ambos sexos; menos aún, cuando el acceso a la información se ha masificado y millones de personas tienen a su alcance herramientas de orientación que les permiten aprender, sopesar y decidir qué es lo más conveniente para mantener el sano equilibrio social y familiar.
Cierto es que la sociedad costarricense se ha visto sacudida por numerosos asesinatos de mujeres -sobre todo jóvenes- a manos de sus parejas sentimentales. Pero además de condenar las causas de las conductas machistas, resulta indispensable analizar y prevenir, costumbres y presiones sociales que exponen a las muchachas a entablar relaciones impropias a muy corta edad, o a aventurarse, como objetos de intercambio material, en vínculos con individuos totalmente inadecuados. La desorientación familiar y el abandono de los valores fundamentales son aspectos que generan grandes conflictos en amplios sectores de la población. Mientras América Latina es una de las regiones del mundo con más hogares monoparentales, a lo interno del continente, son varias las naciones del istmo centroamericano las que encabezan las estadísticas.
Por otra parte, es muy cierto que la madre es piedra angular en la existencia de todos nosotros, pero reconocer la presencia esencial del padre y más adelante, de otras figuras masculinas en nuestras vidas, es un ejercicio obligado.
«Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.» Génesis 1:27 (Reina Valera 1960)

Llegado a este punto, debo confesar que -identificada plenamente con la huella invaluable que han dejado en mi- he escrito los párrafos anteriores en honor a mi padre, Orlando Núñez Pérez, fallecido a fines del año pasado, quien hoy 30 de agosto 2025, estaría celebrando el centenario de su nacimiento. Su legado de cultura, educación y respeto por la vida son imperecederos.
Y también lo he hecho para recordar a mi esposo, Mayid Barzuna Ulloa, quien precisamente en esta misma fecha, hace cinco años, partió al atardecer, hacia la Casa del Creador. Fue para mis hijos y para mí, ejemplo de alegría, solidaridad, bondad y profundo amor.
Ambos; el primero, durante mi niñez y adolescencia; y el segundo, en los años de la mediana edad, se constituyeron en piezas claves de mi existencia; contribuyeron para que pudiese alcanzar equilibrio emocional, fortaleza espiritual y una sólida auto confianza. Además, me apoyaron en la consecución de múltiples sueños personales y profesionales. Doy gracias a Dios por sus presencias vitales; en gran parte, gracias a ellos, he sido y sigo sintiéndome, una mujer realmente afortunada.