Federico Paredes, analista agroambiental.

La contaminación por microplásticos se ha convertido en una de las mayores amenazas para los ecosistemas marinos y terrestres del Planeta.
Estos diminutos fragmentos de polietileno, invisibles a simple vista, se encuentran en todas partes, desde los océanos más profundos hasta la cadena alimentaria humana.
Ante esta crisis ambiental, la comunidad internacional ha intensificado sus esfuerzos para encontrar soluciones y tratar de reducir la presencia de microplásticos en nuestro entorno.
Dichas iniciativas se han implementado a través de políticas públicas, acuerdos internacionales, programas de investigación y acciones comunales.

Varios países han adoptado políticas y regulaciones estrictas para controlar el uso y la eliminación de plásticos. Entre ellos, Costa Rica que ha regulado el uso de plásticos de un solo uso y ha prohibido la importación, la comercialización y el uso de la espuma de poliestireno, mejor conocida como “estereofon”.
Dado lo relevante de este tema, es necesario retomarlo para seguir haciendo conciencia sobre la urgente necesidad de controlarlo y deseablemente, llegar a eliminarlo.

En este proceso los especialistas han recomendado una serie de medidas, dentro de las cuales se encuentran las siguientes:
- Muchas naciones ya han prohibido el uso de plásticos de un solo uso, como bolsas y pajillas y han regresado al uso de materiales como papel y cartón.
- Algunos gobiernos han establecido límites legales sobre la cantidad de microplásticos que las industrias pueden liberar al medio ambiente.
- Otros países han implementado sistemas avanzados de reciclaje para minimizar los desechos plásticos.

Los acuerdos internacionales desempeñan un papel crucial en la lucha contra la contaminación por microplásticos; este el caso del Convenio de Basilea, el cual regula el movimiento de desechos peligrosos entre países y su disposición final.
El Acuerdo de París (12 diciembre 2015), aunque centrado en la mitigación del cambio climático, es un instrumento internacional que también aborda la contaminación de los plásticos como una parte fundamental de la salud ambiental.
La polémica Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, versa sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS); particularmente el ODS 14, se centra en conservar, proteger y utilizar sosteniblemente los océanos, los mares y los recursos marinos.

Por otra parte, la comunidad científica y las organizaciones no gubernamentales (ONG) han lanzado diversas iniciativas para estudiar y combatir los microplásticos. Es de esta manera como instituciones de todo el mundo están trabajando para comprender mejor los impactos de estas partículas en la salud humana y el medio ambiente.
Otro gran impulso es el desarrollo de nuevas tecnologías para la detección temprana y eliminación de microplásticos, como la filtración avanzada e impulsar la existencia de todos aquellos materiales biodegradables.

Como este es un esfuerzo universal, universidades, centros de investigación y ONG están colaborando a nivel internacional para compartir conocimiento y desarrollar estrategias efectivas.
El papel de la educación y la sensibilización es de alta importancia para abordar la problemática de los microplásticos. Por ejemplo, varias organizaciones han lanzado campañas para educar al público sobre los efectos nocivos de los microplásticos.

En el tanto que en escuelas y universidades se está incorporando este tema en sus currícula para formar a futuras generaciones sobre lo imperativo que es reducir la contaminación plástica.
Las colaboraciones internacionales y las estrategias multifacéticas son cruciales para abordar la creciente preocupación de la contaminación por microplásticos. La firme participación y la implementación efectiva continúan siendo desafíos fundamentales.
Para enfrentar la creciente amenaza de estos materiales en nuestros océanos y en los suelos, es fundamental implementar soluciones y alternativas sostenibles. Es posible desarrollar diversas estrategias que se pueden adoptar a nivel individual, comunitario, industrial y gubernamental con la idea de minimizar el impacto ambiental y promover prácticas más ecológicas.

En esta dinámica, se describen algunas de estas estrategias:
Por ejemplo, a nivel individual hay que incentivar la práctica de la reutilización de productos de larga perentoriedad, tales como botellas de vidrio y bolsas de tela.
La gente debe de informarse sobre los efectos de los microplásticos y compartir con otros la información que emane de los Ministerios de Ambiente, Salud y Educación.
Cada vez más se hace necesario impulsar en los consumidores, la escogencia de productos de higiene personal y de limpieza para el hogar, que sean biodegradables y por ello, no generen microplásticos. Ya hay empresas que tienen productos amigables.
En escala comunitaria es sumamente importante crear y desarrollar programas de limpieza y reciclaje, así como campañas de limpieza de playas. En este sentido, el Programa Bandera Azul Ecológica ha sido un muy buen referente de lo que se debe y se puede hacer para obtener este galardón en el país.
Con el concurso de la empresa privada se deben apoyar y fomentar iniciativas locales que propendan a reducir el uso de los plásticos en sus diferentes formas.

Las Asociaciones de Desarrollo Integral, con el apoyo del MINAE, el MINSA, el MEP, las Cámaras de la Industria y otras ONG especializadas en estos temas, deben de organizar talleres, seminarios y conferencias sobre la contaminación por microplásticos y sus implicaciones en la salud humana y el medio ambiente.
En el ámbito industrial, las Cámaras del ramo deben de fomentar la investigación en materiales alternativos que sean biodegradables o compostables.
De igual manera se deben mejorar las tecnologías de manejo y procesamiento de desechos plásticos para reducir la liberación de microplásticos.

Las empresas deben adoptar, dentro de las prácticas de responsabilidad social y ambiental, la reducción de sus desechos plásticos.
A nivel de Gobierno hay tres acciones que son fundamentales. Una de ellas es la de establecer regulaciones más estrictas sobre el uso de plásticos y promover políticas que incentiven alternativas sostenibles.
La otra es proveer incentivos económicos para aquellas empresas que desarrollen y utilicen materiales ecológicos.
Y una tercera es cooperar con otros países que estén matriculados con las iniciativas globales enfiladas a abordar la contaminación por microplásticos. En el contexto de América Central, la Comisión Centroamericana de Ambiente y Desarrollo (CCAD), debería de jugar un papel más preponderante.
La implementación de estas acciones requiere de un gran esfuerzo colectivo. Por ello, la colaboración entre individuos, comunidades, industrias y Gobierno es esencial para lograr una reducción significativa de los microplásticos en nuestro entorno. Cada acción cuenta, y cada paso hacia la sostenibilidad es un paso hacia la protección del Planeta.