
Cada 24 de agosto, se celebra el Día Internacional de los Parque Nacionales. Mucho antes de que las áreas protegidas de nuestro país se constituyeran en lo que, allá por la década de los 70, sería el Servicio de Parques Nacionales (SPN), ya existía un parque en San José, llamado justamente “Parque Nacional”, que se ubica al norte de la Asamblea Legislativa, al sur de la Biblioteca Nacional y al Este del Tribunal Supremo de Elecciones.
Bastante bien arborizado, este Parque Nacional tiene en su centro, un monumento dedicado a la Batalla de Rivas de 1856, que rememora esas luchas que se libraron en esa ciudad nicaragüense,para detener las fuerzas filibusteras del estadounidense William Walker y consolidar de esa manera, la soberanía de Costa Rica.

Podrá ser cuestión de nomenclaturas, pero lo cierto es que, tanto dicho parque urbano, como el concepto en sí de “parque nacional”, han coexistido ya por más de medio siglo.
Cuando se creó el Servicio de Parques Nacionales, bajo el alero del MAG (Ministerio de Agricultura y Ganadería), allá por la década de los 70,también habían nacido otras dos instancias hermanas: el Servicio de Vida Silvestre y la Dirección General Forestal, igualmente bajo la tutela del MAG.

Años más tarde, quizás unos veinte, a alguien se le ocurrió privilegiar el concepto de conservación dinámica o sostenible y fundir las tres entidades en lo que se conoce actualmente como Sistema Nacional de Áreas de Conservacióno SINAC, dando a entender que tanto los parques nacionales como la vida silvestre y las masas forestales se concebían en una esfera biodinámica, que no se debería mantener segregada en sus tres componentes y más bien integrando al ser humano en su desarrollo.
Tal cambio de nomenclatura, lo que hizo fue ralentizar la importancia de las áreas protegidas, desaparecer lo fundamental de la vidasilvestre, y reducir a un nivel muy bajo, el potencial de la actividad forestal costarricense.
Hubo quienes dijeron que no teníamos por qué seguir el mismo modelo de EUA con su Servicio de Parques Nacionales, su Servicio Forestal o el Servicio de Pesca y Vida Silvestre, que persisten como tales en la actualidad en esa nación de América del Norte.

Y hablando de nomenclaturas, como dato interesante, es bueno anotar que por ejemplo en Colombia, las áreas silvestres protegidas se llaman Parques Naturales Nacionales, probablemente para indicar que pueden darse otras categorías de Parques Nacionales, por ejemplo, Arqueológicos, Turísticos o de Pueblos Originarios. En cualquiera de ellos, el interés primario es la preservación o conservación de uno o más componentes del ecosistema.
Los Parque Nacionales juegan un papel fundamental en los países que cuentan con ellos; ya hemos mencionado en otros Biomas las grandes ventajas que se derivan de estos entes naturales, pero es bueno recordar algunas de ellas: protegen la diversidad biológica de su entorno, estabilizan los suelos con su cobertura vegetal, regulan los cambios de temperatura, ayudan en los procesos de investigación científica y preservan la belleza escénica del sitio, entre otros.

No podríamos negar que mucha de la fama que hemos creado en el mundo, como país verde, se deriva de estas áreasy que, por lo tanto, el principal motor de divisas es el turismo y específicamente el ecoturismo, un puesto que le arrebató al “grano de oro”, es decir, al café.
Ante esa irrefutable realidad, ahora es cuando más debemos proteger este patrimonio nacional de los nuevos “filibusteros”que son los desarrollistas inmobiliarios de zonas privilegiadas de residencia y recreación, en las costas paradisíacas de Guanacaste, el Pacífico Central o el mismo Caribe Sur.
No se puede, ni se debe, ceder ante las presiones de las grandes fuerzas económicas internas o de corporaciones internacionales que,con el apoyo de ciertas personas dentro de los estamentos gubernamentales, pretenden convertir algunas zonas en los nuevos Punta Cana, Cozumel o la mismísima Riviera Maya.

Un caso excepcional y de consideración aparte, es eldel Proyecto Geotérmico de Miravalles, que, ubicado dentro del territorio del Parque Nacional Volcán Miravalles, logra inyectarle 27 megavatios de energía al Sistema Eléctrico Nacional.
Esto es lo que contribuye a la generación de energía limpia en un 98% de toda la factura nacional de energía, muy acorde con los postulados de sostenibilidad de esta nación.
En síntesis, la actividad de los Parque Nacionales quizás debería de regresar al antes llamado Servicio de Parque Nacionales, los temas de flora y fauna silvestre colocarlos en una Autoridad de Vida Silvestre, al igual que los asuntos forestales en la Dirección General Forestal, siempre dentro del Ministerio de Ambiente y Energía (MINAE).
Las cosas no funcionan siempre bien dentro de una misma olla; es bueno separar la ensalada de las harinas y las proteínas del postre, por lo menos así lo hacen los chefs, es decir, los gurús de los diferentes temas del saber humano.