
Unas 3 millones de personas llegan cada año a Porto, Portugal, en carro, por tren o avión. El tumulto de la llegada durante el fin de año, se convierte en un ejercicio de paciencia entre los transeúntes que caminan por las calles capeando, cuando llueve, las gotas frías de la lluvia.
En esta oportunidad, el clima fue benévolo y solo se ensañó en bajar la temperatura a situaciones soportables en el cuerpo, si se estaba acompañado por una camiseta térmica, un pull over, botas, un chaleco y una sueter para aguantar el frío.
A Porto viene el que tenga donde dormir, o dinero para rentar un cuarto de hotel, y que pueda pagar por una comida, que va desde una bifana hasta un plato a la carta, como las francesinhas o la comilona en un bufete.

En los restaurantes hay sopas y panes y carnes y peces y mariscos y gambas y vinos verdes, blancos y tintos. Un robalo o dorada a la brasa, donde no pueden faltar las papas fritas o hervidas, ensalada verde, y los postres sin azúcar, y sin helado, son platos muy comunes.
En otros comedores venden hamburguesas de carne sin carne, todo con su cuenta de calorías para que nada lo ataque por la panza, y para que no vaya a romperse el idilio consigo mismo: el café , escuchando a un cantante de fado, se convierte en una buena terapia culinaria.
A Porto una gran parte de personas decidió venir a pasear o vivir, y la convirtió en una ciudad deseada por cientos de italianos, españoles, franceses, argentinos, brasileños, sin faltar los japoneses y chinos que vienen de turistas,, tomando fotos con el celular o la tablet de cualquier cosa que los haga garantes que estuvieron en este lugar.

Porto es cielo, río y mar, cavas, restaurantes, estructuras fascinantes no solo en la Ribera histórica en los márgenes del Río Douro, donde Gustave Eiffel, junto a Theophile Seyring, construyeron entre enero de 1876 y noviembre de 1877 el paso elevado María Pia, el primer puente en arco ferroviario que unió las dos riberas de este río.
Al otro lado del río están las cavas que, por la humedad del lugar, guardan uno de los mejores vinos conocidos en sus versiones ruby y Tawny.

Los tawny se envejecen en toneles, mientras que los ruby principalmente en botellas, lo que les confiere aromas muy diferentes, ya que los tawny tienen más aroma de frutos secos y especias, mientras que los ruby conservan los aromas de frutos rojos y negros.
Pero Porto es más que una ciudad de vinos. Esta urbe es una mezcla de estructuras y casas de muchos colores, que la convierte en actual y antigua. Es una de las ciudades más legendarias de Europa. Aquí todo es centro, todo es suburbio, todo es caminar por las empinadas calles. No hay plazas, las vías están abarrotadas, no hay encuentros; hay solo recorridos y desplazarse de un punto a otro punto.

La renta de un apartamento es onerosa y más si se quiere comprar. Por eso muchos de estos condominios los están adquiriendo los extranjeros que tienen dinero.
El proceso es continuo: una edificación es barata, se pone de moda, porque es agradable y lo convierten en un lugar de clase. Ese cambio de clase hace que en el barrio todo aumente: cada vez más personas se mudan porque es más caro, y los arrendatarios ya no pueden pagarlo y buscan otra edificación barata y empiezan a mudarse para seguir con el mismo proceso.
El equilibrio, por supuesto, es inestable; todos hacen como si no fuera a romperse nunca; aunque todos saben que puede derrumbarse cualquier día.
En general en esta época el orden es el frío. Porto es húmedo pero ordenado dentro del caos de los tumultos en las calles. Y su relación con el río Douro la convierte, este fin de año, en una Venecia de la era del turismo.
Dicho de otro modo: es un lugar donde los turistas les es posible conocer lugares diferentes, y comer sin caminar más que unas cuadras.

El turismo es la mejor forma conocida de creer que, por unos días, somos otros: no ser esa persona que trabaja sino un ocioso dueño de su tiempo, que se interesa por artes e historias que nunca le interesan el resto del año, y se convierte, por unos días, en ese haragán que querría ser. El placer es sacarle renta a la inversión, poner a trabajar ese trabajo acumulado que da la posesión cortita.
El placer es saber que por unos días no hay deberes; el placer es sacarse selfis y publicarlas para que todos sepan cuánto se está divirtiendo; el placer es ser turista donde nadie lo conoce y si lo conocen posiblemente le contarán a otros que lo vieron en las redes sociales.
Porto es diferente a muchas ciudades. Para recorrerla se pasan horas y horas caminando o, dicho de otro modo: no se puede ir en carro. No hay lugar dónde parquearse en las calles, por lo que el automóvil no sirve para llegar a los lugares que se desean visitar.
Dicen que primero alguien inventó el Google Map y después, sin saber qué hacer con él, fundó la ciudad de Porto que es bella, brillante, interesante, enigmática y placentera, un lugar que merece visitarse.

** El autor tiene una Maestría en Comunicación. Licenciatura en Periodismo y Educación Física. Además es entrenador de Futbol y Baloncesto.