“El conocimiento gobernará para siempre la ignorancia, y un pueblo que pretenda ser su propio gobernador, debe armarse con el poder que otorga el conocimiento. Un gobierno popular sin información popular ni medios para adquirirla, no es más que el prólogo de una farsa o una tragedia, o quizás ambas”
James Madison (1751-1836) cuarto presidente de los Estados Unidos
«La libertad es un sentimiento; es el gozo del corazón cuando rigen en la vida los dictados preclaros de la mente; cual la salud, no se aprecia hasta que se ha perdido; cual la belleza, se aprecia más cuanto mejor se la conoce»
José Figueres Ferrer, (1906-1990) tres veces presidente de Costa Rica
Adriana Núñez, periodista Visión CR
Algunos medios de comunicación de Costa Rica y gran cantidad de “opinadores” en redes sociales, están más interesados en ensañarse y mostrar parcialmente lo que sucede en Estados Unidos, que en ahondar en el desastre en el que está sumido nuestro país por los tentáculos del narcotráfico y la corrupción que han penetrado no solo la sociedad civil, sino también los más altos estamentos del poder político costarricense.

Lastimosamente, muchos de quienes comentan sobre el actual gobierno norteamericano, entran en el mismo juego de boconadas y manipulación que tiene al Partido Demócrata, totalmente desprestigiado por la pérdida total de rumbo y la carencia absoluta de liderazgo que muestra. Por eso perdieron las elecciones, no sin antes ocasionarle a su país, un tremendo caos. Con un expresidente Biden totalmente “ausente” sus subalternos y allegados hicieron óleo con los dineros públicos -por la malversación de fondos- destinados para ayuda exterior, programas universitarios o fortalecimiento de herramientas de seguridad y controles migratorios, entre otros.
Cualquier análisis realista y equilibrado, debe comenzar por reconocer que la democracia -aquí, en Estados Unidos y en otras muchas naciones que tienen el privilegio de experimentarla- descansa en la voluntad de la mayoría electoral en cada nación, que escoge en las urnas a sus gobernantes, no tanto por sus características, como por las propuestas y programas destinados a sacar adelante a los países.
Si bien es cierto, la libertad de expresión permite criticar y llamar a cuentas a quienes no cumplen con lo ofrecido o traicionan los intereses mayoritarios para asegurarse los propios -como ha sucedido en nuestra nación- ello no implica, bajo ninguna circunstancia, tener licencia para disfrazar la realidad, instigar a la violencia o violar la normativa vigente. El sistema democrático provee instrumentos constitucionales y políticos legales, con la finalidad de promover una oposición responsable y procurar corregir el rumbo para bien general.
Pero en Estados Unidos, los demócratas, lamentablemente llevan tiempo ejerciendo un doble discurso -tal y como sucede con muchos legisladores y jerarcas en nuestro país- al hablar de derechos -sin responsabilidades- y al obstaculizar por la fuerza, tanto en las calles como a lo interno de las instituciones federales, el cumplimiento de las leyes que les rigen.

Me provocó risa el extenso discurso de Hakeem Jeffries, líder de la minoría demócrata ante la cámara baja del Congreso estadounidense, quien al mejor estilo de los extintos dictadores latinoamericanos, se tomó más de 8 horas para hablar hasta de temas personales, con el objeto de retrasar la votación final sobre el “Big Beautiful Bill” de Donald J. Trump -es decir, la piedra angular del proyecto de gobierno- aprobado por el Senado y por la misma “Cámara de Representantes”, con miras a organizar, entre otros aspectos importantes, las finanzas, los servicios y los impuestos, de manera tal que se favorezca a la maltratada clase media de esa nación, y a quienes siendo ciudadanos, se encuentran en precaria situación frente a las prerrogativas de la inmigración ilegal que “en avalancha” permitió entrar la administración Biden.
El denominado “sueño americano” sigue existiendo para quienes recorren el camino legal hasta conseguir su residencia o naturalización. De ello pueden dar fe millones de personas extranjeras que han logrado la meta de afincarse en su suelo, de sacar adelante a sus familias, acceder a colegios y universidades y contar con la asistencia social/médica en Estados Unidos. La mayoría de quienes recurren a la vía legal, también son personas decentes y esforzadas, sin expedientes ocultos, que se acoplan a la cultura en la cual quieren desarrollar proyectos de vida y criar a sus hijos.
Tristemente, no ha sucedido así -especialmente en las últimas décadas- con muchos que sin respeto por los Estados Unidos -o por otros países en los que recalan- invaden el territorio ilegalmente, con fines meramente lucrativos y a costa de lo que sea. Ayer y hoy, son los mismos que queman la bandera del país donde están viviendo y apoyan ideologías y prácticas sociales totalmente ajenas a las de la cultura nacional, mientras los contribuyentes financian su estadía, atención sanitaria, alimentación, estudio y gastos personales. Lo vivimos también en Costa Rica cada vez que la CCSS o el IMAS, priorizan la atención y ayuda de indocumentados sobre las necesidades de familias de ticos cotizantes que se ven obligados a esperar la asistencia que, en ocasiones, no llega a tiempo o del todo no aparece.

En EUA, los demócratas se han convertido en “protectores a ultranza” incluso de ilegales con historial de criminalidad, esgrimiendo el viejo y gastado discurso de la izquierda extrema que apela a la falsa “solidaridad”. Esa que cuando llega al poder, olvida el término, se divide los beneficios entre pocos y convierte a los pueblos en masas amorfas sin derecho a réplica.
Es la misma izquierda recalcitrante cuya manera de ver el mundo no dista mucho de la de quienes conforman las cúpulas sanguinarias del poder en Cuba, Nicaragua o Venezuela, donde solo “comen pollo” los de la administración central o el ejército. Gente sin credo, cruel, que pone a vigilar y a pelear a los vecinos y adereza sus constantes agresiones con drogas, pócimas, vudú y sangre, mientras fingen una empatía oportunista hacia los débiles e ignorantes.
Para su desgracia, el Partido Demócrata ha caído en un hondo pozo del cual no lo sacarán ni las “nuevas estrellitas” gritonas y vulgares en las que ha depositado sus esperanzas. Tendrán que, a partir de ahora, con la votación final que favoreció el famoso “Big Beautiful Bill de Trump” (Gran y Hermoso Proyecto de Ley), tomarse algún remedio para el hígado, mientras esa nación vuelve a “empoderarse” -para repetir el término que usan hasta el hastío los activistas- en las doradas cumbres culturales, morales y materiales que les han permitido alcanzar mucho más allá de la Luna.

Sí, los Estados Unidos tiene su particular modo de regirse y de actuar. Pero si a alguien no le gusta ni lo respeta, simplemente no vaya. Haga sus compritas en otras latitudes; y si su negocio es la exportación, busque a dónde enviar sus productos o a sus hijos de vacaciones. Pero sobre todo, no les pida plata para comprar el cuchillo que luego les clavará por la espalda, porque ya los “gringos” se espabilaron. ¡Ojalá los ticos, hagamos lo mismo!
A pesar de que la oferta política local está llena de improvisaciones, la oportunidad la tendremos en febrero de 2026, cuando podamos de forma legítima, escoger la propuesta y a la gente más coherente, transparente, pacifista, preparada y en especial, cumplidora. A ver si con la ayuda de Dios, enmendamos la grave herida -sobre todo moral- que se le ha infligido a nuestra sociedad.