Preparación en caso de desastres

Preparación en caso de desastres

Federico Paredes, analista agroambiental.

Mucho antes de que apareciera en el escenario mundial el fenómeno del cambio climático, los embates de la naturaleza ya se hacían evidentes en muchas partes del mundo.

Incendios forestales naturales, huracanes, terremotos, sunamis, tornados, sequías o inundaciones, son todos fenómenos que son llamados por los abogados: Actos de Dios, como si todos estos desastres fueran generados por un Dios castigador e irresponsable.

Lo que si es cierto es que, gracias a los desequilibrios climáticos, todos los eventos que están relacionados con el clima se han exacerbado, excepto en el caso de la dinámica de las placas tectónicas que provocan terremotos y sismos de gran magnitud en varias partes del globo.

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Costa Rica, como la gran mayoría de los países del Istmo Centroamericano, está en una zona sísmica, por lo cual es necesario hacer un inventario en nuestras casas de las cosas más pesadas, grandes y frágiles, como repisas, armarios, libros voluminosos en el estante superior, lámparas de pie endebles, es decir, tener un listado de todos estos artículos y poder reubicarlos o sujetarlos de la mejor forma.

Ahora, no todas las catástrofes implican huir. Si estamos en presencia de un huracán, debemos estar preparados para pasar tiempo en casa sin electricidad ni agua, e inclusive pensar en que la falta de estos servicios podría extenderse a una semana.

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Los emergenciólogos o expertos en desastres coincidieron en que algunas de las acciones más importantes de la preparación a largo plazo son gratuitas: por ejemplo, conocer a los vecinos, saber quién puede requerir cuidados especiales durante una catástrofe natural y quién tiene equipos para acampar o un generador eléctrico.

Estas actividades pueden implicar que nos unamos en grupos comunitarios locales o ser voluntarios en el comité local de emergencias. Quizás una buena idea sería pensar en organizar una reunión en el vecindario, en la que se preparen algunos bocadillos (tamales, emparedados, tacos o hamburguesas) para organizarse con la ayuda de un charlista invitado, de modo que explique cómo debe ser un plan de emergencias.

Voluntarios de Protección Civil se encargaron de acercar su labor.

Hay otras cosas que se pueden hacer ahora para ayudarnos en esa hora antes de que se produzca el desastre. Independientemente de dónde vivamos, es bueno tener una bolsa de emergencia, que incluya documentos importantes —títulos, certificados de nacimiento, escrituras, testamentos— dentro o cerca de ella. No se deben olvidar los medicamentos, anteojos y otros artículos de primera necesidad.

En estos países centroamericanos, la posibilidad de enfrentarse con una catástrofe natural es mayor en el caso de terremoto, lluvias torrenciales e inundaciones, amenaza de ríos saliendo de su curso normal, vientos huracanados y eventualmente de algún ciclón que se haya generado en la Cuenca del Caribe.

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En cualquier caso, la preparación para enfrentar estos eventos debe ser una norma en nuestro diario vivir. Estar alertas no es un capricho temporal, sino una disciplina que nos permite recibir estas eventualidades naturales con el equipamiento necesario para que “no nos cojan con las manos en alto”.

Acá no tendremos los devastadores incendios forestales de California o los tifones desoladores de Filipinas o Bangladesh, pero no dejamos de ser naciones vulnerables.

En las tierras bajas de la Zona Norte, Zona Sur, Caribe o Guanacaste de Costa Rica, las inundaciones y cabezas de agua en los ríos son muy frecuentes y son cíclicas, cada año tenemos estas emergencias y los gastos se vuelven onerosos para rehabilitarlas.

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Es preciso poder determinar cuáles son los riesgos que tenemos cerca de nuestras viviendas, que podrían ser muchos y variados. Por ejemplo, la cercanía con cuerpos de agua, sean estos ríos, quebradas o el mismo mar, debería de hacernos reaccionar sobre los posibles factores asociados a éstos y poder tomar las precauciones del caso.

Tener árboles frondosos cerca de las viviendasno tiene nada de malo, es más, es muy recomendable, siempre y cuando haya un monitoreo permanente sobre el estado de sus ramas, corteza, signos de enfermedad o posibles desrames por edad.

Igualmente, no tendremos tornados como los hay en cierta época del año en las planicies de los EUA, pero de cuando en cuando asoman vientos huracanados que provocan el destecho de láminas de zinc, aleros y hasta paredes muy débiles o rótulos y postes del tendido eléctrico. Así como se revisan los techos para verificar si hay o no goteras, se deberían de revisar para comprobar que están bien sujetos al resto de las estructura del inmueble.

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Debemos de cuidarnos entre todos, estar alertas, ser proactivos y notificar de manera oportuna a las autoridades competentes, sobre cualquier indicio de una eventual tragedia que podría sobrevenir si no se actúa a tiempo. Llamar al 9-1-1 solamente en caso de verdadera necesidad y tener a mano otros números de teléfono que podrían ser requeridos, según la naturaleza de la emergencia.

La Comisión Nacional de Prevención de Riesgos y Atención de Emergencias (CNE) cuenta con un Plan Nacional de Gestión del Riesgo (2021-2025) alque se puede acceder por medio de su página www.cne.go.cr

Ley 8488 de Emergencias y Prevención de Riesgos en Costa Rica - Studocu

Decía un experto en estas materias, que “Una comunidad que es resiliente en lo cotidianotiene más probabilidades de salir bien parada durante una catástrofe”.

 

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