Anecdotario Nacional

Anecdotario Nacional

Por Carlos Fernández Mora, escritor y periodista.

Cuando don Juan María Segreda tuvo en esta capital al servicio del público su lujoso gabinete óptico, muchas personas lo visitaban en busca de salud.

Venían gentes de diferentes lugares de la república, atraídos por la fama del doctor como médico oculista, sin duda uno de los más distinguidos del país.

Cierta vez se acercó a su despacho clínicoun campesino adinerado de la provincia de Heredia, con el propósito de examinarse la vista, pues padecía severamente de un ojo.

El doctor y general Segreda le propuso entonces una operación que el paciente aceptó gustoso, a sabiendas de que era muy delicada y difícil de practicar. La situaciónpresentaba dos salidas: o se salvaba o se perdía para siempre el ojo.

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Transcurridos los días y llegado el momento de quitar las vendas, el paciente, una vez sin el vendaje, todo nervioso y preocupado, le dijo al doctor:

—“¡Doctor … doctor …, doctor, la verdad es que no veo nada con mi ojo!”.

Entonces, el oculista, luego de pensar unos momentos su respuesta, le contestó:

—“Mirá viejo, para lo que hay que ver en Heredia, con un ojo basta .

*Caricatura de Noé Solano.

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