El Bien

El Bien

Carlos Francisco Echeverría, escritor.

Este fin de semana ocurrieron dos hechos históricos en Costa Rica. Dos puntos de inflexión en el devenir republicano.

Uno de ellos es, por supuesto, la instauración de una mayoría parlamentaria en manos de un grupo novato, sin ideario ni perfil ideológico conocidos, más allá de la lealtad a un caudillo visceral, voluble y errático. Ese es uno.

El otro es sin duda el retiro de la visa de ingreso a Estados Unidos a los miembros de la Junta Directiva de La Nación. El hecho en sí podría parecer insignificante, salvo para los directamente afectados, algunos de los cuales tienen vínculos empresariales o familiares en ese país.

Lista completa: magistrados, exdiputados y empresarios de Costa Rica a  quienes Estados Unidos retiró la visa | La Nación

Pero el acto revela cosas más profundas. Por supuesto que se dio como reflejo de un conflicto interno. El gobierno de Estados Unidos no habría adoptado esa extraña decisión sin que haya de por medio una gestión del de Costa Rica. El retiro de esas visas ha mostrado ser, simplemente, una forma de castigo del gobierno tico a sus adversarios. Lo asombroso (o tal vez no tanto) es que lo pueda administrar con tal facilidad.

Uno se pregunta a cambio de qué una llamada desde Costa Rica basta para que la potencia mundial adopte una medida tan estrafalaria. ¿De nuestro voto en organismos internacionales? ¿De recibir a grupos de deportados? Nada de eso parece probable. Posiblemente son cosas que Estados Unidos obtendría sin dar nada a cambio. Tal vez lo que hay en el fondo no es una transacción, sino una sintonía. Ambas naciones están gobernadas en este momento por espíritus (llamémosles así) similares.

La Defensoría de Costa Rica señala “fallas” en atención a deportados por  EE.UU.; el Gobierno niega malos tratos | CNN

La razón y la justicia están en retroceso en muchas partes del mundo, y el vacío lo han ocupado las más oscuras pasiones humanas: el racismo, la codicia, la arrogancia, la misoginia, el odio puro y simple.

Esos son los tiempos que nos toca vivir. Hemos llegado aquí por la dinámica natural del capitalismo, que propicia la concentración de poder, pero también por nuestra propia ceguera, nuestra insensibilidad y falta de solidaridad con nuestros semejantes, y por nuestra incapacidad de organizarnos para crear un mundo mejor.

Admitámoslo. Ahora toca aguantar, revisarse y resistir en la medida de lo posible. No hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista. Entretanto, tenemos la obligación de imaginar un futuro distinto y mejor, y de luchar colectivamente para lograrlo.

Un dilema político entre dos economistas

En la familia, en el barrio, en la empresa, dondequiera que se pueda hacer brillar la razón, la justicia, la solidaridad. Con calma, sin violencia, pero con determinación y constancia. Si en las alturas se mueven fuerzas malignas, construyamos el bien desde abajo. No tenemos alternativa.

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