Fernando Fernández, Revista Visión CR.

¿Sabía usted, amigo lector, que el primer Mundial de Fútbol de la historia se organizó en menos de un año? ¿Y que la FIFA designó a Uruguay como sede en reconocimiento por los dos títulos olímpicos conquistados, en París (1924) y Ámsterdam (1928)?
¿Y que de las 40 naciones afiliadas al máximo organismo del fútbol mundial sólo llegaron 12 a Montevideo debido a que la economía no ayudaba y la catastrófica caída del mercado de valores de Wall Street de 1929 había golpeado a muchos países?
Estos y otros
De Europa llegaron en barco Bélgica, Yugoslavia, Rumania y Francia; de Norteamérica, Estados Unidos y México; y de Sudamérica, Argentina, Chile, Paraguay y Brasil.
Así que en ese primer mundial fueron finalmente un total 12 participantes más el anfitrión. La final fue rioplatense, “el clásico de barrio más grande de la historia”, según el escritor Juan Sasturain.

Uruguay le ganó 4-2 a Argentina en el estadio Centenario, que había sido construido especialmente para el torneo. Otra curiosidad: el primer tiempo se jugó con una pelota argentina y el segundo con una uruguaya. En esa ocasión no hubo partido por el tercer puesto.
Uruguay y Argentina habían sido los finalistas de los Juegos Olímpicos de 1928, donde los Celestes se quedaron con la medalla dorada. Estos viejos conocidos volvían a cruzarse en una final y ninguno quería dejar pasar ni el más mínimo detalle.
La expectativa por el clásico del fútbol rioplatense donde nuevamente, como en Ámsterdam, estaría en juego el título mundial, desbordó todas las previsiones. Una sola radio en el mundo -el SODRE con el relato de Emilio Elena-, trasmitió el partido para ser captado por los receptores cuya venta aumentó en Montevideo por la publicidad que los vendedores de los mismos realizaron a través de los diarios.

Pablo Dorado a los 12 minutos abrió el tanteador para Uruguay. Carlos Peucelle empató el partido a los 20 y Guillermo Stábile puso en ganancia a los argentinos a los 37.
En la segunda etapa Pedro Cea igualó el partido a los 57 minutos y Santos Iriarte a los 68 con un gran remate desde fuera del área colocó en ganancia a los uruguayos. Cuando el partido moría el Manco Castro con golpe de cabeza selló el 4 a 2 definitivo.
Los uruguayos festejaron saludando la bandera que subió al mástil de la Torre de los Homenajes. La copa del mundo que estaba en poder de la Asociación del 5 de julio, no se entregó en la cancha. En la vuelta olímpica se observa que los jugadores portaron otro trofeo. Las investigaciones realizadas hasta la actualidad no han podido descifrar lo ocurrido.
En la previa del partido, cada selección quería jugar con una pelota hecho en su país y eso fue un problema para el árbitro de la final. “La animosidad entre los dos países, que se reveló desde el momento en que hubo que escoger balón para el encuentro. Cada equipo llevaba un balón de fabricación nacional y pretendía no jugar más que con el suyo. Hubo que elegir tirando a cara o cruz”, contó John Langenus, el referí belga, en su libro ‘Silbando por el mundo’.

El sorteo dictaminó que en el primer tiempo se iba a utilizar la pelota argentina. Con ese balón la Albiceleste se fue al descanso ganando 2 -1. Uruguay había logrado abrir el marcador gracias a Pablo Dorado mientras que Argentina consiguió dar vuelta el resultado con tantos de Carlos Peucelle y Guillermo Stábile.
En la segunda mitad y ya con el balón uruguayo, la Celeste torció la historia a su favor. José Pedro Cea, Victoriano Santos Iriarte y Héctor Castro convirtieron para el local dejando el resultado final de 4-2. La copa Jules Rimet quedó en manos de los dueños de casa y en el segundo tiempo, también de la pelota.
Hoy arrancamos con estadísticas relevantes y curiosidades de los diferente Mundiales de Fútbol a través de la historia.
Empecemos:
El seleccionador Constantin «Costel» Radulescu no fue quien eligió a los integrantes del combinado que representaron a Rumanía, sino el rey del país, Carlos II, que había ascendido al trono solo 35 días antes de la inauguración de la primera Copa Mundial de la FIFA,
El monarca se fijó la prioridad de que la selección nacional participara en Uruguay 1930. Sin embargo, la compañía petrolera inglesa para la que trabajaban casi todos los mejores jugadores del país se negó a concederles los tres meses de permiso remunerado. Carlos II telefoneó al director y le amenazó con que cerraría la empresa si no transigía. Lógicamente, pasó a la amenaza.
Travesía con el trofeo
El SS Conte Verde , un trasatlántico italiano construido en Glasgow, navegó a Uruguay con cuatro selecciones. Partió de Génova con los rumanos a bordo, y reconoció a los jugadores franceses en Villefranche-sur-Mer. En este puerto también abordaron tres árbitros y el entonces presidente de la FIFA, Jules Rimet, quien llevaba en el equipaje el trofeo del Mundial. Los belgas y los brasileños subieron al navío en Barcelona y Río de Janeiro, respectivamente.
La travesía duró 16 días, durante los cuales, los jugadores se ejercitaban en las diez cubiertas del barco para mantenerse en forma. Para entretenerlos, les ofrecieron veladas de espectáculos musicales y humorísticos .
Brasil, Bolivia y Chile son famosas desde hace tiempo por sus camisetas amarillas, verdes y rojas. En Uruguay 1930, las tres vestían de blanco.
Distinguido en diez deportes
Preguinho , el autor del primer gol de Brasil en un Mundial, fue uno de los mejores atletas polivalentes de la historia. Además de en el fútbol, competición en atletismo, baloncesto, salto de trampolín, hockey sobre ruedas, remo, natación, tenis de mesa, voleibol y waterpolo. En 1925, en un solo día, Preguinho conquistó su tercer título de Río de Janeiro en natación, en la modalidad de 600 metros, y tomó un taxi hacia Laranjeiras, donde debutó con el Fluminense y, ya puestos, contribuyó a que el club conquistara el Torneio Inicio .
Juventud jubilosa
El mexicano Manuel Rosas y el rumano Nicolae Kovács, que participaron en Uruguay con 18 años, ocupan el segundo y el quinto puesto en la lista de goleadores más jóvenes de la historia del Mundial. Por otro lado, Yugoslavia tenía el combinado más joven que la competición haya visto jamás, con una media de 21 años y siete días.
Dos de los tres seleccionadores más jóvenes de la historia mundialista, el argentino Juan José Tramutola y Györgi Orth, entrenador de Chile, se enfrentaron en el grupo 1. Tenían solo 27 y 29 años, respectivamente. El uruguayo Alberto Suppici, a sus 31 años, sigue siendo el seleccionador más joven que ha conquistado el trofeo .

Hermanos y compañeros
Tres grupos de hermanos jugaron en aquella edición: los argentinos Juan y Mario Evaristo; los franceses Jean y Lucien Laurent (autor de este último del primer gol de la Copa Mundial de la FIFA™); y los mexicanos Rafael y Francisco Garza Gutiérrez. Los Evaristo fueron los primeros hermanos que disputaron una final. Posteriormente, los emularon Fritz y Ottmar Walter, de la República Federal de Alemania; Jack y Bobby Charlton, de Inglaterra; René y Willy van de Kerkhof, de Países Bajos; y Bernd y Karlheinz Förster, de la República Federal de Alemania. Otro dato curioso: Álvaro Gestido jugó en los cuatro partidos que disputó Uruguay en 1930. Muchos años después, su hermano Óscar Diego se convirtió en presidente de la nación .
Ralph Tracy se fracturó la pierna en los primeros compases de la semifinal que disputó Estados Unidos, pero se negó a abandonar el terreno de juego. Durante el descanso, su compañero James Gentle, el único estadounidense que hablaba español (esta fue, según se dijo en la época, la razón por la que Robert Millar lo incluyó en la selección), habló con los médicos uruguayos, quienes convencieron a Tracy de que no podía seguir .

Varios de los jugadores argentinos y uruguayos que participaron en semifinales y en la final se habían colgado medallas olímpicas. Gentle los emuló en Los Ángeles 1932, pero no en fútbol, sino en hockey. En dichos Juegos Olímpicos, triunfó otro estadounidense. Cuando se disputó la Copa Mundial de la FIFA 1930, Eddie «El Expreso de Medianoche» Tolan poseía el récord del mundo de los 100 metros de velocidad: 10,4 segundos. La marca personal del delantero uruguayo Pedro Petrone era solo 0,6 segundos inferior .
Las dos semifinales se saldaron por 6-1. En la primera, Argentina se impuso a Estados Unidos y, un día después, Uruguay eliminó a Yugoslavia. Este resultado solo se ha repetido en otras cinco ocasiones en el Mundial. En 1950, Brasil se impuso a España por 6-1; en 1954, la República Federal de Alemania ganó a Austria por 6-1; en 1994, Rusia venció a Camerún por 6-1; En 2018, Inglaterra endosó 6-1 a Panamá; y en 2002, el partido entre Portugal y Suiza también salió por 6-1 .
El divino manco
A Héctor Castro, el autor del gol que sentenció la victoria de Uruguay por 4-2 contra Argentina en la final, lo apodaban ‘El Manco’, porque, cuando tenía tres años, se cercenó el antebrazo derecho con una sierra mecánica .
Antes de la competición, se acordó que Argentina y Uruguay jugarían sus partidos con sus propios balones. Las dos selecciones llegaron a la final y se armó la trifulca. “El enorme odio que se profesaban los dos países se manifestó con toda su fuerza en cuanto llegó la hora de elegir un balón —recordaría el árbitro belga John Langenus—.
Los dos equipos exigieron jugar con el suyo propio ”. Jules Rimet, presidente de la FIFA, tuvo que intervenir y decretó que cada uno jugara una mitad del encuentro con su balón. Argentina, con la pelota que había importado de Escocia, terminó la primera parte por delante en el marcador (2-1). Uruguay, con la que había traído de Inglaterra, anotó tres goles sin réplica en la segunda mitad y se hizo con el trofeo .
Sándwiches de salame
En una época en la que no había nutricionistas ni revisión médica, los jugadores podían comer lo que quisieran. «Stábile nos dijo que nada de sándwiches de salame, pero antes de jugar, yo pedía doble ración», confesó Francisco Varallo.
Guillermo Stábile, con ocho goles en los únicos cuatro partidos que jugó con Argentina en toda su carrera, se convirtió en aquella edición en el máximo goleador del Mundial. Su récord se mantuvo hasta que Ademir de Menezes lo batió 20 años después .