Falsa prensa versus auténtico periodismo: la elección es clara

Falsa prensa versus auténtico periodismo: la elección es clara

  • La prensa calificada, libre e independiente es fundamental para la democracia, funcionando como un contrapoder necesario para la rendición de cuentas y el sano desarrollo de la sociedad
  • «La prensa no solo es el arma más poderosa contra la tiranía y el despotismo, sino el instrumento más eficaz y activo del progreso y de la civilización». (Joseph Pulitzer)

Adriana Núñez, periodista Visión CR

Según lo que nos enseñaron en las aulas universitarias durante décadas y de acuerdo con lo que señala la prestigiosa revista española Cuadernos de Periodistas, editada desde 2004 por la Asociación de la Prensa de Madrid, “los principios éticos del periodismo son normas deontológicas fundamentales que garantizan la integridad de la información y la confianza pública, destacando la búsqueda de la verdad, la precisión, la independencia, la responsabilidad social y el respeto a la dignidad humana. Estos principios incluyen verificar hechos, separar información de opinión, proteger fuentes y rectificar errores.”

Personas sin preparación difunden noticias con contenidos falsos y confunden a la opinión pública. Por ello es importante la participación de periodistas profesionales en la labor informativa.

Si a ello le sumamos el adiestramiento necesario para investigar y actuar a conciencia, aprender a utilizar el método que la ciencia social exige y redactar la información con claridad, empleando correctamente el lenguaje y ordenando adecuadamente los datos más relevantes que el público necesita conocer, idealmente tendremos un escenario informativo conciso, transparente y formativo a la misma vez.

No obstante, la realidad actual es muy distinta a la descrita.  El uso descontrolado de las redes sociales, los ataques furibundos de sectores de poder que han debilitado los derechos de los periodistas profesionales y a las estructuras que los respaldan, sumados a la contratación en medios de comunicación formales e informales, de personas sin preparación académica ni ética, ayunas de vocación -que incluso en algunos casos ni siquiera manejan bien el idioma- más la publicación indiscriminada de noticias manipuladas o falsas a través de internet, han dado al traste con el prestigio y dignidad del periodismo y lo han convertido en un verdadero circo donde los payasos e inescrupulosos y sus mal escritas “payasadas” -en lugar de las informaciones- acaparan las vitrinas.

Muchos de quienes cubren las noticias o aquellos que simplemente las fabrican, se basan en intereses particulares, rumores o en opiniones tomadas en plena calle y a la ligera, frecuentemente emitidas por unas pocas personas elegidas al azar, sin criterios fundamentados.

De la excelencia y transparencia en la información, dependerá el rescate de la credibilidad ciudadana en la prensa

Entretanto, los temas relevantes como la salud, la cultura y la educación, los valores o las certezas informativas sobre acontecimientos de peso, y las fuentes fidedignas, se han ido relegando ante la avalancha de notas de poca monta, falsas, manoseadas o centradas en una agenda totalmente superficial. El fenómeno prácticamente ha anulado la función formativa de la prensa. Y ello se refleja, como también lo hace una endeble educación, en la forma en que se expresan y el escaso discernimiento de una considerable mayoría receptora de mensajes.

Los círculos de poder no tienen interés en que “las masas”, tanto las que comunican como las que reciben los mensajes, aprendan a pensar, disentir o a exigir calidad.

Vivimos en una sociedad bombardeada por las noticias de escasa sustancia que surgen a partir de los dramas personales de  “modelitos” sin disciplina ni educación pero con muchas ambiciones; o de las ocurrencias de improvisados presentadores o auto denominados “influencers”. Nos inundan falsos profetas y otros personajes más propios del bajo mundo que de la esfera de la verdadera comunicación periodística, cuya responsabilidad social está claramente establecida.

En Costa Rica, al menos cuatro universidades de buen nivel, imparten la carrera de Periodismo o Ciencias de la Comunicación, como le llaman ahora. Pero en muchos medios informativos -quizás para pagarles menos salario y manejarlos a su antojo- no contratan personas tituladas, en detrimento de la labor educativa que desarrollan esas y otras instituciones tanto públicas como privadas. Para terminar de echar por tierra sus esfuerzos, el título profesional ha perdido totalmente su validez, agravando aún más el escenario.

Ética e idoneidad profesional han sido degradadas

Según datos surgidos en estudios realizados por la Universidad de Costa Rica, el 72% de los ciudadanos utiliza las redes sociales como fuente primaria de información, aunque las noticias por televisión, siguen manteniendo cierta relevancia. Alrededor de un 53% de la población continúa usando noticieros tradicionales pero en el país persiste “una alta preocupación por la desinformación”.

Más de la mitad de los encuestados perciben censura y más del 70% considera que circula información falsa. Sus intuiciones no están lejos de la realidad.

De conformidad con la 3° Encuesta sobre libertad de expresión y confianza en medios de comunicación de Costa Rica 2025, la percepción de deterioro en la libertad de expresión alcanzó su punto más alto en tres años.

Los medios de comunicación deben darle prioridad a los periodistas debidamente capacitados y respetar sus derechos salariales

Desde 2024, se señaló claramente esta situación, pues Costa Rica experimentó un fuerte retroceso en el índice de libertad de prensa de Reporteros Sin Fronteras, al bajar del puesto 8 en 2022 al puesto 26 en dicho período. Nada peor para un periodista que trabajar bajo amenazas.

A esa circunstancia se une la desconfianza popular en los medios de comunicación en Costa Rica, que alcanza un 67.41% .

El panorama es triste. Y frente a tan deplorable situación, son varias las instituciones que deben levantar la voz y ejecutar acciones concretas con el fin de evitarle a la ciudadanía, mayores daños. Porque finalmente, son los costarricenses quienes reciben el impacto de las noticias falsas, manipuladas, imprecisas, mal redactadas o simplemente vacías y tontas; aspectos que no contribuyen en nada a que jóvenes y adultos puedan formarse mejores criterios y utilizar la información como insumo invaluable en la toma de decisiones, con la finalidad de mejorar sus vidas.

Entre los sectores que deben actuar se encuentran: el Poder Judicial y específicamente la Sala Constitucional, cuyo deber es reconocer la necesidad de restituir -como condición sine qua non- los requisitos académicos y gremiales a quienes ejercen el periodismo; urge revalidar la ley de Creación del Colegio de Periodistas de Costa Rica, organismo en el cual reside la responsabilidad de supervisar el adecuado ejercicio profesional.

El manejo de la información debe estar a cago de periodistas profesionales

Los poderes ejecutivo y legislativo, cuya obligación es velar por la seguridad, deben reaccionar apoyando e implementando medidas tales como solicitar identificaciones emitidas por el respectivo Colegio Profesional o los medios de comunicación formales, con el fin de distinguir a las personas realmente calificadas para manejar la información procedente de sus diversas fuentes.

Y finalmente, los medios de comunicación, están llamados a priorizar la idoneidad profesional y mejorar sus contenidos, pues en nuestros días, muchas publicaciones y espacios, distan mucho de contribuir con el crecimiento cultural, educativo y espiritual de la sociedad costarricense.

Dejemos de atacar las leyes, instancias y mecanismos que garantizan no solo la independencia y la excelencia en el ejercicio del periodismo, sino que además proveen herramientas para supervisarlo y resguardar a la ciudadanía ante malas prácticas profesionales. Solo así mejorarán la precisión y calidad de la información que millones digieren cada día y de rebote, se restaurará la confianza en dichos procesos de comunicación.

 

 

 

 

 

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