Carlos Manuel Echeverría Esquivel, Exviceministro de OFIPLAN.

Terminó la campaña electoral en buena lid.
Algo positivo fue que como ciudadanos nos ahorramos lo que implica en cuanto a costos tangibles e intangibles, dos meses más de campaña. Algunos sienten que ganaron; otros que perdieron y otros, los que por alguna razón legítima o no, no pudieron votar, quedaron “viendo pal ciprés”. No cumplieron con su deber ciudadano.
Ahora lo que toca es recomponernos, reducir los niveles de tensión entre adversarios políticos -que no deberían ser enemigos- y encontrar formas de fortalecernos como república, partiendo de la base que quienes perdieron electoralmente no pueden convertirse en enemigos del gobierno.
Y que éste tampoco puede actuar como si recibiera un cheque en blanco, invisibilizando a quienes no apoyaron la candidatura oficial. Es más, una gran mayoría de los que votaron por la papeleta, tienen, al igual que todos, derecho a que el Estado les ayude a mejorar sus condiciones de vida.
Apuntando a ello, veo proyectos tan importantes pendientes como los siguientes, una lista no exhaustiva por supuesto:
- Cambios constitucionales. Deben darse. Los tiempos nos lo exigen. Ya planteaba al saprissista Roberto Artavia Loría, razones del porqué la fecha del primer fin de semana de febrero es malo electoramente y por qué mucho del abstencionismo es estructural. Plantee los míos en un artículo publicado en La Nación (https://www.nacion.com/opinion/foros/carta-al-nino-constituyente/RJFQTM6JW5BSTMQGAFTS6OGFY4/story/). Constituyente o reformas parciales, todo tiene su riesgo y todo tiene su pro y contra. Tenemos que modernizarnos y prepararnos para el mundo que ya está aquí y viene. El gobierno debe ser un catalizador de cambios, promoviendo políticas de estado estratégicas, que requieren amplio compromiso social.
- Consolidar Ley General de Empleo Público. La LGEP era necesaria; era mucho el desmadre y salía caro… Un estado moderno de un país OCDE no puede tener un desorden salarial en su sector público. Como lo perfecto es enemigo de lo bueno, se aprobó lo que se pudo. Han pasado 5 años. Merece ser revisada para pulirla, no debilitarla. Deben corregirse prácticas remunerativas inadecuadas, como las de los alcaldes y vice alcaldes.
- Reforma del Estado. Es clave…reducir y/o redimensionar adaptando la institucionalidad del estado a los nuevos requerimientos sociales. Poner a funcionar a full las leyes 6227, General de la Administración Pública y 5525, de planificación nacional y política económica, que la señora presidente electa tan bien conoce, para organizar el aparato estatal y gestionar política y gerencialmente con mayor facilidad y acierto. Odiosas prácticas como las de monopolios paraestatales que abusan de la ciudadanía deben terminar.

- Mantener la estabilidad económica, pero con mayor respuesta a la deuda social y competitividad. No recomiendo hacer loco con el tipo de cambio, pero si conviene ser más flexible, como lo permiten las metas inflacionarias del BCCR. Que el tipo de cambio no se convierta en fin en sí mismo. Es imprescindible no manosear la regla fiscal, en un país como Costa Rica, donde somos como alcohólicos respecto al gasto fiscal.
- Grandes proyectos. El transporte colectivo electrificado o hidrogenado ferroviario, tanto de vecindad como el metropolitano, debe iniciarse, por etapas para ir poco a poco, pero con paso firme, como lo hicieron Panamá y la República Dominicana. La marina en Limón, el tema de la extracción minera, Ciudad Gobierno, el aeropuertointernacional en el sur, obras viales extra metropolitanas pendientes, todo requiere avance y culminación; en el caso de la educación, alcanzar hitos. La renovación educativa es clave. Sin ella nos hundimos. La reforma al Poder Judicial es un imperativo de todos. La justicia no es ni pronta ni cumplida; la situación nos está despedazando socialmente.

- Flexibilidad laboral. Da pena ver a dirigentes oponiéndose a la propuesta 4-3, como si fuera una ley de aplicación general. Conozco gente joven que estaría feliz de trabajar en ese régimen. Que se tomen previsiones, pero que no se filibusteré la propuesta sin pensar en su impacto. Claro, donde realmente se afecten conquistas laborales legítimas y que no atenten contra el trabajo en si, se deben establecer líneas rojas. El gobierno las tendrá todas consigo para aprobar legislación 4-3, pero debe ser cuidadoso, para ser efectivo.
- Mercado accionario y venta del BCR. Incentivar el mercado accionario para particulares y fondos de pensiones, sería un paso importante para el desarrollo del capitalismo. Se puede lograr colectivamente con otros países de la Región Centroamericana y América Latina. El BCR es un banco comercial que ha demostrado falencias y que no le hace falta al estado, más que para cumplir con obligaciones parafiscales, que las puede seguir cumpliendo como banco privado. Con un BN orientado hacia la banca de desarrollo y un BPDC destetado, tenemos. El BCR no es un banco fácil de vender.
- Integración regional. Inteligente. La posible. La que permita aprovechar economías de escala. Costa Rica tiene con qué liderar y hacerse un favor a sí misma.

- Apertura del mercado eléctrico. Nos conviene tener un ICE fuerte, pero en otro esquema que nos garantice la energía eléctrica requerida por el crecimiento natural, para la reconversión energética y otros negocios electrointensivos que ya se vislumbran. El ICE ya no puede ser el suplidor dominante per se, no le da su capacidad. ¿Por qué si abrimos la banca, las telecomunicaciones, los seguros y la educación superior, no podemos hacerlo con la electricidad? Es perentorio flexibilizar plenamente el mercado eléctrico.
- Seguridad, narco actividad y Poder Judicial…justicia pronta y cumplida. El gobierno actual planteó darle a la mariguana un tratamiento acorde con la lógica desde una perspectiva realista. Hay que recuperar esa propuesta.“Darle la cara al pacho”, diría Cotico, QDDG.. El enfrentamiento con la inseguridad ha de ser ofreciendo soluciones integrales.
- Reconstrucción partidaria y regreso al bipartidismo ideologizado. Ya si no entienden es que son “dundos”: no paga el lanzarse a la presidencia desde un partido taxi y con muy poco conocimiento para desempeñarse un cargo presidencial o ejercer una diputación, sin un partido fuerte detrás. Por más que hoy se da como un hecho que lo que importa es quien se lance a la presidencia y no el partido. Hasta cierto punto sí. Sin embargo, 20 candidaturas es mucho y varias muy débiles en su plataforma. Difícil pero no imposible volver a las casillas. La democracia funcionaría mejor con dos partidos fuertes, que se alternen en el poder, con ideología cada uno y que sea a su interior, a manera de convención, donde se peleen las candidaturas. Y un tercer partido, de izquierda, que jale el aire, pero sin pretensiones de ser gobierno. Estoy convencido de que la izquierda no sabe cómo manejar una economía moderna. Es erróneo pensar que ya no hay ideologías. Todo el que puede pensar en abstracto, tiene ideología, aunque no esté consciente. La constitución política establece el papel de los partidos políticos, como aglutinadores ideológicos, no como taxis electorales. No creo eso haya sido una moda o dejado de ser importante.