Heriberto Valverde Castro, periodista.
¿Qué es la oposición? En política, la oposición es el conglomerado de personas, grupos, movimientos, organizaciones, partidos políticos, que no forman parte del gobierno o no son afines a él.
¿Quiénes somos la oposición? Los individuos, mujeres y hombres, que hoy conformamos ese conglomerado. ¿Qué identifica a la oposición? ¿Cuáles son los factores o elementos que unen y cohesionan a esos individuos para conformar esa entidad llamada oposición?

Son muchos y muy variados. Hay factores ideológicos, económicos, educativos, culturales, de tradición, y también los hay emotivos y hasta circunstanciales. En la coyuntura actual, ¿cuál es el factor preponderante, el elemento que cohesiona la oposición?, ¿cuál es la razón por la que mayoritariamente las personas se declaran en contra del gobierno y de quienes lo dirigen?
Yo digo que, en resumen, la decencia, el respeto, la consideración a quienes representan otros proyectos políticos o tienen otras alternativas para resolver los grandes problemas del país, en fin, a las personas que piensan, creen, prefieren distinto, eligen distinto.

Porque en los últimos 53 meses, la relación de los gobernantes con quienes piensan diferente a ellos se ha sustentado en el odio, el maltrato, la chabacanería, la burla, la ironía, el insulto, la descalificación, la confrontación y hasta el matonismo.
Y esa conducta, que no encuentra parangón en nuestra historia política y nos resulta chocante a la gente decente, se ha convertido en la argamasa que ha unido inquietudes, preocupaciones y voluntades, convirtiéndolas en el principal ingrediente de la oposición.
Podríamos hablar de factores ideológicos y decir que la oposición responde a posiciones socialdemócratas o socialcristianas o socialistas o comunistas o liberales; o de nuestra tradición partidista en referencia a liberacionistas y calderonistas.

O podríamos decir que mucha de la oposición se debe a las dudas sobre el financiamiento de los partidos políticos ganadores de las últimas elecciones; o podría pensarse que mucha de la oposición se debe al ataque oficialista a la institucionalidad del país y a los contrapesos propios de la democracia y al temor a una dictadura, o que más bien se debe a preocupaciones económicas por el costo de la vida o a los actos de corrupción en los que se han visto involucradas personalidades ligadas al oficialismo, o por el sostenido irrespeto a la división de poderes, o por los nombramientos que se semejan tanto a las tan criticadas “redes de cuido”, o por la ausencia de un proyecto político que de verdad se centre en las necesidades del país y las atienda, o por la inoperancia, las chambonadas y las “metidas de patas” de autoridades de gobierno, en fin …

Y ciertamente, todo esto suma y está presente en esa entidad llamada oposición.
Pero ninguno de esos factores, y cuidado si ni siquiera todos ellos juntos, tiene el peso específico que han alcanzado la desilusión, la vergüenza y el coraje generados en la ciudadanía por la afrenta infringida al país, a la Patria, con un ejercicio presidencial burdo, grosero, vulgar, descortés e impertinente.
Ese ejercicio presidencial, atentatorio contra la majestad de la primera magistratura de la República, eso es lo que tiene a la gente decente de este país en la primera fila de la oposición.
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