“Los gatos tienen una absoluta honestidad emocional; los seres humanos, por una razón u otra, pueden ocultar sus sentimientos, pero el gato no”
(Ernest Hemingway)
“El más pequeño felino es una obra maestra”
(Leonardo da Vinci)
(Foto de portada: Cuadro de Louis Wain titulado “Después de la cena, el orador” (1899) propiedad del Museo de la Mente de Bethlem, Londres)
Adriana Núñez, periodista Visión CR
A pesar de que con el paso del tiempo y los avances experimentados por la Humanidad tanto respecto a los tratamientos médicos para quienes padecen alguna enfermedad mental como en materia de derechos de los animales -por citar dos temas medulares en la cinta que hoy comentaremos- aún hoy encontramos gente que rechaza a las personas que se alejan de sus conceptos de “normalidad”, a la vez que persisten en algunas culturas, mitos y prácticas que asocian ciertos animales con fuerzas ocultas y negatividad. Tal es el caso de los gatos: lo mismo amados que rechazados por muchos, definitivamente son seres especiales que han inspirado a escritores y artistas plásticos.

Aunque no soy fanática de la televisión por cable, hace unas pocas tardes, en medio de un aguacero que me impedía salir, decidí buscar algún documental o película para entretener la mente. Me cuesta encontrar temas de provecho e interés pues el menú de cableras y canales de “streaming”, está llenó de baratijas y basurillas.
Pero para fortuna, en uno de ellos, recién comenzaba un largometraje y la presencia del actor británico Benedict Cumberbatch, me obligó a ponerle atención. Cumberbatch -uno de mis favoritos- generalmente participa en producciones de gran nivel y se da el lujo de interpretar personajes únicos. Una vez más, no me falló.
Se trató de la cinta de 2021, La vida electrizante de Louis Waine, una “comedia dramática biográfica” dirigida por Will Sharpe y fundamentada en una historia escrita por Simon Stephenson, sobre el artista británico, reconocido internacionalmente por sus inigualables dibujos de gatos y gatitos antropomorfizados.
La película, protagonizada por Cumberbatch como el excéntrico artista, suma además las impactantes actuaciones de Claire Foy, Andrea Riseborough y Toby Jones.

No omito decirles que -si no la han visto- seguramente podrán buscarla en Internet y por supuesto, que la recomiendo con todo el corazón pues contiene valiosas escenas sobre la importancia de no juzgar al prójimo, de agudizar los sentidos para lograr una percepción más clara sobre las luchas internas que todos y cada uno de nosotros libramos y sobre todo, sobre la fuerza arrolladora del amor, ingrediente esencial para disipar el miedo y la soledad.
Una vida de película
Como mencioné, la cinta toca pasajes de la vida del ilustrador e inventor Louis Waine, quien nació el 5 de agosto de 1860 en Londres. Fue el primogénito, único varón y tuvo cinco hermanas menores. Había llegado al mundo con labio leporino y durante la niñez su salud era frágil, razón por la cual no asistió a la escuela hasta que cumplió los 10 años de edad.

Aún muy joven y tras cursar estudios en la Escuela de Arte de Londres, le nombraron subdirector del centro educativo. Tenía 21 años cuando su primer dibujo titulado “El desayuno del petirrojo” apareció en una revista llamada “Noticias Deportivas y Dramáticas Ilustradas”. Pocos meses después esa publicación lo contrató oficialmente.
En 1884, ya a cargo de su madre y hermanas -pues el progenitor había fallecido- Wain contrajo matrimonio con Emily Marie Richardson, institutriz de las muchachas, quienes no vieron con buenos ojos el enlace. Y por ello, la pareja se mudó a la localidad de Hampstead. Fue allí donde encontraron a Peter, un gatito blanco y negro que adoptaron como mascota.
No obstante, al poco tiempo de casados, Emily desarrolló cáncer de mama. Y en esa difícil circunstancia -que finalmente cobraría la vida de la joven en 1887- Peter se convirtió en un enorme consuelo tanto para ella como para el atribulado Louis, quien muchos años más tarde declaró que el animalito, fue quien le ayudó a asentar su carrera como “artista de gatos”.

Pese a que sus primeros trabajos aparecieron principalmente en publicaciones periódicas, ya para1890 se dedicó a ilustrar libros infantiles, muchos de los cuales él mismo escribió. Además, contribuyó con la sección sobre gatos domésticos, incluida en la reconocida obra “Los animales vivos del mundo” escrita en 1901 por el profesor y especialista en biomecánica, John Hutchinson, quien estudió como éstos se mueven y evolucionan.
Wain había sido siempre una persona muy particular. Con una imaginación exacerbada, sufría pesadillas desde niño, situación que le provocaba gran estrés. Y para combatirlo, realizaba innumerables actividades físicas; aunque ingenuo y a veces retraído, era también muy humanitario y responsable. Y mantenía un vivo interés por la “energía en movimiento”.
La muerte de la esposa lo devastó, pues ella era “su alma gemela” y no sólo le amaba y comprendía profundamente, sino que le aportaba equilibrio y seguridad.
Deterioro e internamiento
Para 1924, ya el artista llevaba una vida desorganizada. Aunque había alcanzado fama y reconocimiento, sus cuadros se entregaban a los editores a muy bajos precios y con derechos de autor. Fue entonces cuando sus hermanas lo certificaron como “demente” y lo ingresaron en una sala para pobres del Hospital Mental Springfield, al sur de Londres. Pese a ello, desde allí siguió produciendo obras de arte y proveyendo a sus hermanas de cuadros extraordinarios, que ellas vendían para subsistir.
Estando internado, el librero Dan Rider, quien era parte de un comité de visitas de asilo, se encontró a Wain en el hospital. El personal del nosocomio decía que el paciente “estaba loco” pero que era tranquilo y amable. Otros especulaban acerca de si sufría de esquizofrenia. Ver las condiciones en que estaba, hizo que Rider gestionara una campaña para recaudar fondos y se realizara una exposición de la obra de Wain.

Por ese motivo, en 1925, durante una transmisión radial para apoyar la campaña, el escritor HG Wells señaló: “Wain ha hecho suyo al gato. Inventó un estilo felino, una sociedad felina, todo un mundo felino. Los gatos ingleses que no se parecen ni viven como los gatos Louis Wain se avergüenzan de sí mismos”.
Gracias a esos esfuerzos, se recaudaron más de 2300 libras esterlinas, aunque solo una cuarta parte del dinero llegó a manos de Louis y de sus hermanas, quienes también se habían convertido en beneficiarias del fondo. Aún así, pudieron trasladarlo al Hospital Bethlem, un entorno más propicio y cómodo.
Motivado por la precaria situación que había sufrido el famoso ilustrador y para aliviarle la carga, el primer ministro inglés Ramsay MacDonald, constituyó otro fondo para las hermanas de Wain y dispuso pensiones de la lista civil para ellas «en reconocimiento a los servicios de su hermano al arte popular».
En la ocasión, MacDonald señaló: “Louis Wain estuvo presente en todas nuestras paredes hace unos 15 o 20 años. Probablemente ningún artista ha deleitado tanto a los jóvenes como él”
Más de una década más tarde, tras pasar los últimos quince años de su vida en hospitales psiquiátricos, el 4 de julio de 1939, Louis Waine falleció tras sufrir un derrame cerebral. Sus restos reposan el cementerio católico de Santa María, en Kensal Green, Reino Unido.